UN SÁBADO MÁS, TRAS MEDIO SIGLO DE OTRA PELEA QUE PARALIZÓ LA ARGENTINA.

        La última gran época del box en Argentina. Es algo difícil entender hoy la repercusión popular y masiva que una gran pelea en el Luna Park de Buenos Aires se convirtiera a fines de los años 60 y principio de los 70 en un acontecimiento nacional. Púgiles como Nicolino Locche, Ringo Bonavena, como antes El Mono Gatica y Pascualito Pérez y hace medio siglo Carlos Monzón, probablemente el mejor boxeador que tuvo Argentina -campeón mundial con catorce defensas del título- detenían el ritmo del país, que quedaba paralizado sobre la escena del ring.
Una verdadera fiesta para los sábados. 17 mil espectadores llenaron el Luna y millones por primera vez, por orden del dictador general Agustín Lanusse (el último de los tres de la “Revolución Argentina”), pudieron ver el encuentro en blanco y negro, así era la televisión de la época, por Canal 7, la emisora del Estado. Monzón demolió de a poco a Griffith, gran boxeador, con sus golpes largos y seguros, lineales, directos, persistentes, contundentes. Monzón, un peleador frío y planificador, casi geométrico y previsible en su estilo “cuadrado”, simple y complejo a la vez, difícil de enfrentar por la artillería directa frontal, calculada, constante que disparaba sin parar sobre el adversario. Una “bestia” para algunos, un “animal” calculador que hacía notar que no quería boxear sino destruir al adversario. 

Monzón-Griffith: a 50 años de una pelea que detuvo a la Argentina

Fue el primer combate por un título mundial que se transmitió en vivo. El santafecino ganó por nocaut técnico en el 14º round

Por Daniel Guiñazú
https://www.pagina12.com.ar/370624-monzon-griffith-a-50-anos-de-una-pelea-que-detuvo-a-la-argen

                                                                                                            

                 Carlos Monzón y Emile Griffith protagonizaron hace exactamente 50 años en el Luna Park, la pelea más importante que haya tenido lugar en la Argentina. Nunca antes y nunca después, pasó por nuestro país un boxeador de la jerarquía de Griffith, ex campeón mundial de los welters y de los medianos. Fue el primer gran combate del santafesino en condición de campeón del mundo y la segunda defensa del título que el 7 de noviembre de 1970 le había ganado a Nino Benvenuti en Roma por nocaut en el 12º round y que había retenido derrotando al mismo Benvenuti por abandono en el 3º asalto, el 3 de abril de 1971 en Montecarlo. En medio de un estadio repleto y enfervorizado, Monzón ganó por nocaut técnico en el 14º y penúltimo round y tuvo su primera cita importante con la historia. Esa que aún hoy sigue señalándolo como el más grande boxeador argentino de todos los tiempos.

               Fue un acontecimiento muy grande. Tan grande que Juan Carlos Lectoure, el matchmaker del Luna Park, debió dejar de lado su tradicional negativa a la televisación en directo de las peleas que se hacían en Corrientes y Bouchard y aceptar el pedido/orden que el presidente de la Nación, el general Alejandro Agustín Lanusse, le bajó desde la Casa Rosada para que todo el país pudiera ver la pelea en vivo a través de Canal 7. De hecho, fue el primer combate por un título mundial que se transmitió en vivo. Lectoure siempre creyó (y falleció pensando así) que la televisión era un enemigo suyo. Y que su mayor negocio era colgar en las boleterías el cartel de “no hay más localidades”. Tan equivocado no estaba: hace 50 años, con una noche de Luna lleno, Tito pagaba las bolsas de los boxeadores, los gastos de apertura del estadio y encima, se quedaba con una buena ganancia. Si la gente se quedaba en su casa viendo la pelea por televisión, había menos para repartir.

Revista El Gráfico

                    Y aquella vez hubo mucho más para distribuir. Amparada por el prestigio de Griffith, la televisión de los Estados Unidos compró los derechos para la transmisión en vivo. Pero puso una condición: la pelea por el título debía comenzar antes de las 17.30 horas de Nueva York. Por esa razón, el campeón y su desafiante subieron al ring a las 18.20 de aquel sábado de hace medio siglo, un horario totalmente desusado para el boxeo. El estadio se abrió a las 14 en punto y desde las primeras horas de ese sábado, mucha gente, con y sin su entrada, daba vueltas por la zona. Los boletos se habían agotado en la semana y se percibía en al aire, la vibración de un hecho histórico que sólo dos protagonizarían y del que serían testigos 17 mil personas en las tribunas y millones detrás de los televisores.

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 -“Con eso lo voy a hacer mierda al tano (Benvenutti).

    -“¿Con qué?

     -“Con mi estilo. El es técnico pero no tiene piña de nocao. Yo, sí. Por eso es negocio tirar siempre, aunque él también tire. Cada zurda en punta que le meta, cuando avance o retroceda, la va a sentir hasta en el alma. Y cuando esté flojo de piernas, le voy a arrancar la cabeza.
      -“¿Le tenés bronca?

       -“No. pero arriba del ring seguro que lo voy a querer matar. Si no, ¿cómo le saco el título y salgo de la miseria?” (…)

(Pág. 127, ANDRES BUFALI. “CON SORIANO POR LA RUTA DE CHANDLER  y otras crónicas de los 70”. Capítulo XV. Seix Barral, Los Tres Mundos. Crónicas.Buenos Aires. Febrero del 2004.
(Añadido por el autor de esta página web)

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                   Era otro boxeo y las bolsas que ambos cobraron (Monzón se llevó 120 mil dólares y Griffith, 25 mil) hoy las perciben boxeadores de segundo orden, sin la trayectoria de ambos. Monzón no era lo que terminó siendo después, no tenía el magnetismo de Nicolino Locche, ni el carisma de Ringo Bonavena y todavía se lo miraba con recelo. Como si tuviera exámenes por rendir. Griffith, en cambio, era respetado y hasta temido. A su 33 años, ya había sido campeón mundial de los welters y de los medianos y aunque empezaba a recorrer el tramo descendente de su carrera, estaba en condiciones de frenar el ascenso de Monzón.

(Imagen tomada de Clarín)

                 Cuando Griffith trepó al ring del Luna con un elegante pantalón de terciopelo azul y una eminencia, Gil Clancy, en el rincón, una silbatina le perforó los oídos desde los cuatro costados. Cuando subió Monzón, con pantalón celeste y Amílcar Brusa por detrás, la ovación resultó ensordecedora. Quien esto escribe, de pie junto con su padrino en la tribuna popular que daba a la avenida Corrientes, sentía que a los 13 años tocaba la historia con la punta de sus dedos adolescentes. El corazón le galopaba en el pecho, y los ojos y los oídos no le alcanzaban para ver todo lo que había que ver y escuchar todo lo que tenía que escuchar.

                         Monzón hizo su pelea, la que le convenía a él y no, la que, a los gritos, le reclamaba la multitud. Le cedió la iniciativa a Griffith y lo trabajó de contragolpe, imponiendo su mayor alcance con la izquierda seca y recta en punta y la derecha martillando detrás. Fue un trámite cerrado y frío, sin grandes estallidos emocionales en el que Monzón fiel a su estilo, sin espectacularidad pero con terminante eficacia, fue demoliendo round a round a Griffith hasta que en el 14º (en aquel entonces las peleas por títulos mundiales iban a 15) y después de sacudirle el mentón con una derecha terrible, acorraló al estadounidense en un rincón y le tiró toda su artillería. Griffith se agachó y estuvo 30 segundos recibiendo golpes sin lanzar ni uno solo. Fue la señal que necesitaba el árbitro mexicano Ramón Berúmen para detener las acciones y decretar la victoria de Monzón por nocaut técnico. Monzón le había ganado a un grande a lo grande. Sin dejar dudas. El campeón empezaba a ser mirado como tal.


La multitud salió del estadio y se abalanzó sobre los canillitas que voceaban la séptima edición que los vespertinos de entonces, La Razón y Crónica, sacaron con las primeras fotos y comentarios del histórico combate, el más grande que se haya realizado alguna vez en la Argentina. Aquella tarde de sábado de hace 50 años fue el principio de muchas cosas buenas y malas que vinieron luego y que llevaron a Monzón a conocer la gloria y el drama por la misma vía. Pero esa es otra historia. Y el final ya todos lo conocen.

(Imagen de Clarín)

 

Autor: Amilcar Moretti

AMILCAR MORETTI: Escritor, periodista y fotógrafo Sitio web central: ERÓTICA DE LA CULTURA www.moretticulturaeros.com.ar Desde el 2010. Buenos Aires. Mi mail: amilcarmoretti@hotmail.com Escritor de periodismo y fotógrafo de desnudo femenino en situación cotidiana.Crítico de cultura, cine, arte y sociología de lo cotidiano durante cuatro décadas en el diario EL DIA (www.eldia.com) de la Argentina. Creador en el 2010, autor y titular del sitio ERÓTICA DE LA CULTURA magazine de cultura, erótica y política. Blog complementario: htpps://amilcarmoretti.wordpress.com AMILCAR MORETTI Writer, journalist and photographer Central website: EROTICA OF CULTURE www.moretticulturaeros.com.ar Since 2010. Buenos Aires. Mail: amilcarmoretti@hotmail.com Journalism writer. Female nude photographer in an everyday situation. Critic of culture, cinema, art and sociology of the everyday for four decades in the newspaper EL DIA (www.eldia.com) of Argentina. Creator in 2010, author and owner of the site ERÓTICA DE LA CULTURA magazine of culture, erotic and politics. Complementary blog: htpps://amilcarmoretti.wordpress.com

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