Evo Morales en Austria: ¿pueden ahora viajar al extranjero los presidentes de Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil y Uruguay?

 

Escribe

AMÍLCAR MORETTI

Madrugada, miércoles 17 julio, 2013.
Argentina

 

 

 

                  Amilcar Moretti. junio 2013. Blog B y N P6020101cSe ha formulado de hecho el reconocimiento -autorizado por Estados Unidos-  de que cualquier presidente de varias de las naciones de América Latina puede ser demorado, cercado, detenido si se plantea no ya la acusación por sospecha de una presunta comisión de delito o riesgo, sino la sola y mínima conjetura para decidir que dicho mandatario o país supone algún tipo de riesgo para intereses de la primera potencia mundial o de cualquier otra nación. Dicho de otra forma, desde la demora en Austria del presidente Evo Morales de Bolivia, al menos por ahora también los mandatarios de Argentina, Venezuela, Ecuador y Uruguay no habrán de viajar del todo tranquilos fuera de los límites de sus respectivos territorios nacionales y regionales.

               

                 No otra puede ser la lectura del exhibido atropello cometido contra Morales, cuyo avión presidencial fue demorado al no recibir autorización para sobrevolar o abastecerse en naciones poderosas como Francia e Italia, más España y Portugal, estas últimas las más atrasadas de Europa del oeste. El mensaje fue -es- claro, pese a algún tardío pedido de disculpas. Por eso la presidenta Cristina Fernández de Kirchner confesó que al enterarse de la “demora” de su par de Bolivia le “corrió frío por la espalda”. Creo que algo similar comentó la mandataria cuando se admitió de modo público que los servicios de Inteligencia de los Estados Unidos hacen espionaje en nuestros países, y en todo el mundo.

                   Esto último no es que pudiese ignorarlo un mandatario informado: si la CIA y toda la familia de la Agencia Nacional de Seguridad no hace espionaje y operaciones en Argentina, resulta entonces que nuestro país sería la inexplicable excepción del planeta. Y esto desde hace décadas puede colegirse y hasta aseverarse con bastante certeza mediante el simple análisis de indicios públicos. Que las operaciones más resonantes (como el asesinato en atentado de un ex jefe del ejército chileno) y otros varios acontecimientos de mayor o menor gravedad, pudieran haberlas ejecutado desconocidos de organismos de inteligencia “subsidiarios” o locales, es otro asunto.

                Un mínimo de imaginación discreta autoriza a negar que algunos de esos organismos funcione con total autonomía y reserva, cuando sus integrantes son entrenados por el mismo sistema global con centro de Estados Unidos y las ambigüedades o el “doble empleo” son casi regulares en los servicios más poderosos, como los de Estados Unidos, Israel, Gran Bretaña o Rusia. Además siempre se informó de modo público de operaciones de espionaje, intervenciones terroristas y asesinatos de la CIA o similares en Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Brasil o Venezuela, lo que más de una vez hizo pensar que el silencio sobre injerencias del mismo tipo en Argentina resultó siempre más que revelador. Salvo textos de Rogelio García Lupo y de algunos pocos más, no es una de las menores negaciones y elusiones que los historiadores e investigadores de la historia argentina evitaran referencias siquiera laterales sobre dicha intervención en hechos centrales de nuestro acontecer como república independiente, como derrocamientos de presidentes, grandes atentados terroristas y entrenamiento de personal específico.

                En suma, en lo que a América latina concierne la advertencia y amenaza están formuladas: ningún presidente podrá ya viajar con total tranquilidad a partir de ahora. Puede haber alguna disposición de organismo judicial de cualquier país -y ¿por qué no?, aún de cortes internacionales- que ponga en discusión la inmunidad de figuras presidenciales o dude de la seguridad y protección debida de la nave aérea, para lanzar una acusación u ordenar una acción de “demora” en algún lejano lugar. Supongamos, por caso, algo semejante a lo ocurrido con el barco insignia argentino.  No importará, al menos por horas o días, la ilegalidad, improcedencia, excepcionalidad de la medida que ya ha pasado a ser otra forma de intervención y hostigamiento “legal” contra cualquier país débil del mundo.

                Si se encomendó a Francia y Gran Bretaña la invasión y destrucción de la nación proveedora principal de petróleo del primer país, y es una certeza casi absoluta que el linchamiento de su líder, Kadaffi, fue un horrendo homicidio perpetrado con la protección o indiferencia de comandos franceses y británicos, no es de ningún modo descabellado suponer el “secuestro legal” de mandatarios o altos funcionarios. Para deponer razones, aún absurdas y nunca atinentes, y para disculparse después, siempre habrá ocasión. Entre tanto, una nación soberana o un grupo de naciones pueden quedar descabezadas hasta que todo se aclare, o el “peligro”, cualquiera fuese (por ejemplo la sospecha de un supuesto “atentado” a la nave presidencial), se disipe. Los poderes que imponen de facto sus normas han utilizado ahora una vieja táctica asimilada -como otras tantas- del progresismo o la izquierda liberal: repiten de modo distorsionado y perverso el recurso legal que significó la detención de Pinochet en Gran Bretaña, o la orden internacional que primero impidió la salida del país del torturador capitán Astiz.

                Que casi ningún medio importante mencione este aspecto -central, principal, crucial- de la novedad planteada, que los mismos presidentes hagan referencias indirectas a lo que la situación significa de aquí en más, revela que todos han comprendido el mensaje, todos los que importan y pesan de algún modo. Me animo a decir que las ciudadanías mismas lo han advertido de algún modo. A pocos se les puede escapar el significativo “detalle”. Ahora bien, ¿hay alguna forma de impedir que Estados Unidos acometa o encomiende “demoras”, “suspensiones”, inmovilizaciones similares? No, no la hay, al menos para países débiles como los nuestros. Difícil de pensar -aunque no imposible si hay apoyo interno, en ciertas circunstancias- que algo similar pueda ocurrirle a Putin, por ejemplo. A propósito, al ser detenido en Austria Evo Morales venía de negociar con Rusia el tema de la energía, justo en un momento clave en que Estados Unidos, la OTAN y similares han hecho movimientos para cercar a Rusia. En una suposición más optimista, podría conjeturarse que la advertencia está dirigida a no hacer acercamientos a potencias que Estados Unidos considera adversarias en su geoestrategia mundial.

                 Estas demoras u otras acciones del mismo curso que afecten de modo directo a Argentina, Venezuela, Ecuador y Uruguay han pasado a formar parte de la política actual. Habrá que hacer aún más sutil la forma de confrontar en política internacional para garantizar seguridades que debieran ser puras normalidades basadas en leyes internacionales. La política es confrontación e intercambio. Es conflicto y acuerdos. Pero también suele ser traición. La política es inteligencia de poder y poder inteligente. Cristina Fernández de Kirchner tiene bastante de esas cualidades, tanto que después de Perón es el mandatario(a) más provisto de las mismas. La incertidumbre, en todo caso, podría ser Obama: no creo que siempre maneje todas las decisiones. Puedo creer sí que ciertas situaciones se produzcan para implicarlo.  Entonces ¿con quién se negocia, con quién se hace política?  

3 comentarios to “Evo Morales en Austria: ¿pueden ahora viajar al extranjero los presidentes de Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil y Uruguay?”

  1. Excelente nota y comentario, cuyo contenido comparto plenamente. Lo mismo con lo apuntado por Carlos Díaz; es llamativo y criticable el silencio de la mayorìa de polìticos de distintas vertientes.

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  2. Carlos Diaz Says:

    Aunque ante la gravedad del cuadro, como bien lo describe el comentario del blog, mi acotación puede resultar o parecer secundaria, me llamó la atención la escasa “indignación” y consecuente mutismo de las fuerzas políticas opositoras locales, incluyendo a las de izquierda, que pregonan su antimperialismo por bobadas mucho menores, para joder nomás. O están de acuerdo con lo ocurrido o, por lo menos, no les molesta demasiado. Un político decente debería haberse unido al Gobierno en el apoyo a Evo Morales. Luego, si podemos volver a la normalidad, podrían continuar con su oposición.

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