BACH, Alessandra Ferri , Sting (2006)

 

 

 

 

Foto por Amílcar Moretti. Bailarina de ballet no identificada. Imagen registrada en algún momento entre finales de la década del 70 y principios o mediados de la del 80. La Plata. Argtentina. registro en película Kodak Tri-X forzada en el revelado tradicionao. Luego digitalizada.

Foto por Amílcar Moretti. Bailarina de ballet no identificada. Imagen registrada en algún momento entre finales de la década del 70 y principios o mediados de la del 80. La Plata. Argtentina. registro en película Kodak Tri-X forzada en el revelado tradicionao. Luego digitalizada.

 

 

 

 

 

 

 

Escribe
AMILCAR MORETTI

Martes 23 de abril 2013
La Plata. Argentina

 

 

 

                          Amilcar. Blog. P2270209Aunque más de un millón y medio de cibernavegantes han visto y escuchado este video clip producido en el 2006, habemos algunos que recién lo descubrimos y otros muchos que habrán de conocerlo ahora y, seguro, en el futuro. Alessandra Ferri (Milán, 1963), bailarina conocida en Argentina por sus presentaciones y sus parejas en los escenarios locales (y mundiales), en especial Julio Bocca, por muchos años, y también Maximiliano Guerra. 

                           La “cuestión” de “Dance Short”, el título de este clip de 6 minutos, es “multidisciplinaria”, integra de algún modo esa amalgama que se intenta con las diversas artes y también, ¿por qué no?, con el espectáculo. En este caso, en lo masivo, el cantante Sting, compositor y aquí ejecutante de guitarra. La base, por supuesto, la música: Bach. Juan Sebastián Bach y su Preludio de cello suite Nro. 1 en G mayor. El  componente infaltable es la imagen, la filmación del italiano Fabrizio Ferri, esposo de la bailarina, de igual apellido originario, también reconocido fotógrafo.

   

                          El relato que une a las representaciones visibles, Sting y Ferri; la audible, Bach y ruidos de fábrica, y la imagen de Fabrizio Ferri, tiene dos parte centrales: la primera hasta los 2,30 y desde la allí al final, que incluye danza y música. Une todo la visualidad, los ruidos y la música. Se trata de una puesta en escena peculiar que incluye la gran sala vacía, abandonada, de una antigua fábrica o estación ferroviaria (no he podido confirmarlo). En todo caso, una catedral fabril de la revolución industrial en su faceta metalúrgica -antes de lo digital y robótico- que ha dejado de cumplir su propósito original. Es muy común que en Europa esos viejos edificios sean destinados a  conservación, al menos hasta hace unos años, antes del conservadurismo neoliberal -del cual Argentina intenta desprenderse con singular éxito- que ha llegado a vender viejas iglesias para erigir inmuebles como estacionamientos, shoppings o edificaciones al uso.

               En la fábrica con amplios ventanales catedralicios, tras los títulos del video corren en paralelo las puestas en escenas visual y sonora. Hasta los dos minutos y medio, como dije, los sonidos son acerados, chirriantes, como de pesada metalurgia o movimiento ferroviario. El gran salón está desierto y solo lo cubre una capa de humedad que, en muchos tramos, forma charcos. En la grandiosidad de esa edificio, la lluvia caída y los charcos es que Alessandra Ferri interpreta los 3 minutos y medio del Preludio de Bach, según la coreografía de Heinz Spoerli.

             

             Pero antes de la música y danza el video muestra con planos detalle la preparación física de ambos artistas, Ferry y Sting. El precalentamiento: se sabe que el cantante de Gran Bretaña es un practicante riguroso de yoga, lo que aquí puede apreciarse. La ejercitación de elongación de Ferri es la presumible en una bailarina de ballet, aunque en tiempo conciso que bien da cuenta, por supuesto, de la esforzada, dolorosa y a la vez disfrutable disciplina ascética y casi estoica tanto de ella. En ambos, una forma de prepararse en óptimo para poder gozar del arte, lo que es propio solo de destacados creadores. Digo: una forma del tiempo y concentración para el goce.

  

            Fabrizio Ferri usa en esta primera parte planos detalles, acercamientos de cámara con un variado aunque no frenético montaje: las concentradas elongaciones de Sting y los ejercicios de ella, uno y después el otra/a, en sucesión, en montaje paralelo. Todo con el fondo vacío y mojado del gran espacio, al fondo los ventanales que irradian luz. Y los ruidos ya mencionados de tipo metálico y mecánico. El mundo industrial, el afuera, los inhóspito que aquí va suavizándose en esas imágenes que preparan para lo estético, para Bach.

            Sting toma asiento con el torso descubierto sobre lo que parece ser una escultura y obra creativa de este siglo. O no. Tal vez, una pieza metálica que, en paralelo y como atributo eterno, absorbe lo estético. Suele suceder con frecuencia desde hace décadas, desde que los objetos  comunes y los diseños sin fines artísticos se han convertido, muchísimos con plena justificación, en obras expresivas o de valor estético. Sting sentado con su pantalón claro de yoga, casi rapado, bello en su apostura empuña su guitarra y comienza la ejecución del Preludio de cello Suite Nro. 1 in G Mayor. Dejan escucharse los ruidos o sonidos metálicos.

             Alessandra  Ferri no ocupa ni recorre la amplía planicie cubierta sino que se mueve en una calculada zona que se aleja no mucho más que diez metros de dónde  permanece Sting. Lo hace casi siempre la derecha, en largo, en extensión, a la derecha del espectador y frente a Sting. Va y vuelve, rodea a Sting y dar giros sobre sí misma y traza ondas y volutas a los costados de la línea recta imaginaria que lo une al músico, ambos conectados a su vez por Bach, el escenario de la fábrica húmeda y gris o negro y blanco,   en un dibujo trazado por el coreógrafo Spoerli  dentro del cual, seguro, ha dado libertad a su bailarina. Un director perfecto hace eso: traza una idea y un recorrido que hay que cumplir solo o en conjunto dentro del cual cada uno y cada sector tiene amplia libertad mientras se conserve la armonía o equilibrio imaginado por la dirección. La eterna lucha entre el libre albedrío y el destino, la libertad y la necesidad. En el equilibrio está lo más creativo, lo sublime del humano en comunidad, al menos mientras vivamos en comunidades humanas.

                        Fabrizio Ferri junto a la música de Bach y Sting y los movimiento de Alessandra cambia ahora a planos generales que permiten abarcar todo el espacio de la fábrica, también hacia el fondo, algo desenfocado para dar relevancia a los protagonistas. Sigue de una lado al otro a la bailarina, con lentos movimientos de cámara que no entorpecen ni tensionan con la música o la danza, sino que la acompañan y a la vez la conforman, la crean. Una puesta visual sencilla pero efectiva. Lo mismo que el escenario real: no es original producir acontecimientos artísticos en un gran edificio industrial o religioso abandonado, pero lo que interesa es siempre en qué medida y cómo se utilizan para dar y reforzar un sentido, o acompañarlo.  

 

Foto por Amílcar Moretti, en algún momento entre finales de la década del 70 y principios de la del 80 del siglo pasado. La Plata. Argentina. Imagen registrada con película Kodak Tri-X

Foto por Amílcar Moretti, en algún momento entre finales de la década del 70 y principios de la del 80 del siglo pasado. La Plata. Argentina. Imagen registrada con película Kodak Tri-X

            

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