Si es pornográfico que el hombre aparezca con vello en el pubis, entonces debe ser maricón que se lo afeite.

 

 

 

 

Vogue Hombres Edición Internacional, último número

Vogue Hombres Edición Internacional, último número

 

 

 

                     La tapa de la última edición de Vogue Hombres París Internacional trae la imagen de un modelo con el torso semidesnudo y el pantalón con la bragueta a medio cerrar que deja ver el principio de un pubis piloso. Longíneo y musculoso, el muchacho luce cabello largo y liso al viento, en onda descontracturada, y un traje gris con el saco puesto sobre el torso desnudo. Un hombro menos cubierto que el otro, en detalle femenino, y el cuello del saco levantado, como se usa hoy. Un cuerpo musculado pero sin sobredimensiones químicas. Los abdominales lucen como tabla de lavar, al decir popular, sin cirugías y el rostro de líneas suaves (por la juventud) pero rectas. Presenta una barba semicrecida con bigotes traslúcidos, al modo actual, como para aparentar la serenidad y el ocio de un tipo que vive relajado. Es decir, si tiene ese traje en tapa de Vogue y vive relajado es (suposición) que tiene dinero.

                     Amilcar Moretti. autorretrato. Blog. P2250134Las manos en los bolsillos del pantalón habilitan una visión descrita en su cálculo del pantalón abierto por delante, y ahí es cuando dejar ver la parte superior del pubis piloso. Esta es una época en que se estila que los varones se depilen, sobre todo el pecho, junto a mucho aparato de gimnasio. Esa depilación no es nueva: se sabe que a mitad del siglo pasado, William Holden fue afeitado por orden de la Columbia para la célebre escena de “Picnic”, cuando la gran Rosalind Russell le rasga la camisa al actor celosa por su sensual baile con la rubia Kim Novak. El filme, considerado aún una de las mejores historias del cine romántico, se basa en un clásico del teatro norteamericano escrito por el siempre muy discreto William Inge y la versión cinematográfica de 1952 fue dirigida por el impecable Joshua Logan, irreprochable desde lo profesional, lo artístico y lo moral-intelectual.

                  Claro, tal vez torso no sea igual a pubis en materia de afeitado.  Hoy  buena parte de las mujeres en Argentina prefieren el depilado total heredado del puritanismo y la cultura de consumo desodorizada de los Estados Unidos. Todo lo que sea vello o pelo, en particular en axilas o pubis remite a Naturaleza, salvaje, barbarie, ausencia de cultura. Pero resulta justamente que es al revés. Lo natural es el vello, masculino o femenino. El depilado es una “norma” cultural, bien puritana por cierto porque tiende a disimilar o atenuar lo que de salvaje o “animal” tiene el cuerpo humano, la biología, la sexualidad. Desde esa concepción, la genitalidad es sinónimo de animalidad no culturalizada; la depilación y la desodorización (no la higiene, el lavado, que son otro asunto), en paradoja, llevan hoy a un aumento de la erotización. No sé si de la natural y necesaria genitalidad sexual pero sí de una erotización muchas veces estéril, histérica, frustrante, que no promueve prioritariamente el sexo como recreación y placer buscado, consciente y planificado sino la especulación, manipulación y mercantilización del cuerpo, en especial el femenino. 

                 Lo cierto es que Vogue París -se sabe, la burguesía siempre ha sido revolucionaria, nunca ha trepidado en cambiar para seguir igual como tampoco en masacrar para conservar lo que tiene (capital acumulado)- deja entrar algo de “naturaleza” en la artificiosidad de la alta moda. La burguesía es una clase progresista, dada a las transformaciones para sobrevivir. Al menos lo fue en su etapa de florecimiento productivo. La financiarización de la burguesía en las últimas décadas (la globalización del neoconservadurismo, o más claro, la bicicleta financiera del recientemente muerto Martínez de Hoz) no es burguesía productiva sino producción de plata, de dinero, no de productos.

           Es esa financiarización estéril e improductiva del capital internacional, anónimo, sin dueños precisos e identificables, la que de cualquier modo quiere hacer desaparecer cualquier prueba de fraude, cualquier rasto y olor, olor a sudor, el olor a trabajo: así como disimula que no se producen mercancías-objetos para consumir sino se produce nada más que plata para la “bicicleta” (plata que da más plata, mientras la mayoría muere de hambre o está desempleada), también tiende a desodorizar el cuerpo, a afeitarlo, a transparentarlo, a mostrarlo depilado y perfumado, a sobreexhibir y en paradoja a desaparecer al cuerpo biológico.

               Así, las mujeres se convierten en ángeles del cielo. Los ánegeles no tienen pelos, salvo rubios. Las mujeres se hacen niñas, que no tienen vello pubiano. Las mujeres aparecen como vírgenes, aunque no lo sean. El fetiche: la virginidad de la púber pero fingida, ficticia, ausente, simulada, aparente, sugerida. Los hombres piden eso por incestuosidad trasvasada, metaforizada y legitimada por la mujer mayor de edad pero sin pelo (si es que no hay delito con menores de edad). 

          La otra cuestión es si el vello en los pubis y próximo a los genitales y nalgas es pornográfico. ¿Es pornográfico el pelo en el desnudo? Para alguna gente pareciera que sí. Como si la moral (virginal o “corrompida” por el “pecado” del sexo) dependiera de la pilosidad y la desodorización. Hay algo pervertido en esta “pureza” artificiosa y artificial. Se puede discutir la estética, se puede aceptar lo que excita o no en cada época, pero lo que no se puede debatir es la trivialidad de que la pureza o la pornografía dependen de la cantidad de pelos del cuerpo humano. Muchas mujeres, muchas hermosas modelos en las sesiones de fotografía de desnudo que llevo a cabo desde hace tres años para Erótica de la Cultura Blog se “horrorizan” cuando les cuento de jóvenes de marcación asiática y árabe, o simplemente de “hábitos” hippies naturalistas no se afeitan las axilas, y que ello produce un singular efecto estimulante. Lo mismo con las muchachas francesas, no norteameamericanizadas.

                 Vello no es sinónimo de ausencia de higiene o presencia de olores fuertes.  Nada de eso. El pelo, el vello, es natural; no es cultural y por tanto no es moral ni inmoral. Lo cultural es afeitarlo, o no, por haber sido asociado por el consumo y mercado de ventas norteamericanizado con la suciedad física y moral, con el olor que no sea fragancia, con las carencias de las clases sociales bajas que no podrían afeitarse (algo bastante improbable hoy, donde en asentamientos de emergencia hay un televisor en cada precaria unidad habitacional).

              En fin, la tapa de Vogue París Hombre-Internacional introduce un permiso. Mostrar vello público también es chic. No sé si es un cambio, pero sí habilita una visa para incursionar en algo tan natural (pero censurado) como el vello bien macho. O el vello a secas.

 

 

William Holden en "Picnic", después de que le rompieron la única camisa que tenía (y de manga corta).

William Holden en “Picnic”, después de que le rompieron la única camisa que tenía.

 

 

 

 

William Holden, antes de que le rasguen la camisa,  en seducción de Kim Novak, que a esa altura ya estaba muerta por él, aunque no tenía un peso.

William Holden, antes de que le rasguen la camisa, en seducción de Kim Novak, que a esa altura ya estaba muerta por él, aunque no tenía un peso.

 

 

 

Texto y compaginación por AMÍLCAR MORETTI. Martes 19 de marzo 2013. Ciudad Choronga. Argentina.

 

HAZLO DE NUEVO (HACÉME(LO) DE NUEVO)

(Por favor, solo hazlo otra vez, y otra vez, y otra vez…)

 

 

 

 

 

La excepcional Shirley Horn le pide (a él) que por favor lo haga de nuevo, solo le pide que lo haga una y otra vez, pero ¿qué? ¿Afeitarse  el pubis? (y otra pregunta: ¿escucharon una voz más moderna y expresiva que la de Shirley Horn?)

 

 

3 comentarios to “Si es pornográfico que el hombre aparezca con vello en el pubis, entonces debe ser maricón que se lo afeite.”

  1. Saffron Pure Discount Says:

    Good news…

    It’s not as bad as we thought…

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  2. Carlos Diaz Says:

    Excelente comentario que toca (si se permite) algunos puntos sensibles y a menudo dañinos de la -todavía- cultura predominante. Lo que en la página se señala del vello, podríamos extenderlo, me parece, al pene. Se exhibe, en ilustraciones, cine, TV y otros medios, el cuerpo femenino de frente, con o sin vello púbico, pero muy pocas veces el masculino y ni hablar si el pene está erecto. En esta absurda concepción cultural/moral, parece que la vagina no es pornográfica, pero el pene si.
    Otro punto a considerar es el del lenguaje o, quizá mejor, de las calificaciones. Se considera que la mujer que tiene relaciones sexuales -pagadas o no- con varios hombres es puta. Pero si un hombre tiene relaciones sexuales con muchas mujeres no es considerado de igual modo, es decir, puto. El puto es otra cosa. Me parece que estas deformaciones son producto del componente machista de la cultura, que todavía muchas mujeres aceptan y defienden y que califica al “mujeriego” como un varón muy elogiable, un modelo a imitar o, por lo menos, a admirar, tanto por sus congéneres como por muchas mujeres, mientras que hay una descalificación y hasta desprecio por la mujer que tiene actividad sexual con más de un hombre.
    Lindo tema para analizar y discutir. Lo intenté varias veces y me encontré con lo siguiente: la mayoría de los varones no lo entiende y la mayoría de las mujeres lo esquiva.

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