desolaciones privadas y sublevaciones de una desnuda cámara. Fotos por AMÍLCAR MORETTI

 

 

 

 

 

Amílcar Moretti. Edición del 14 de marzo 2013. Argentina.

Amílcar Moretti. Edición del 14 de marzo 2013. Argentina.

 

 

 

 

ESCRIBE SOBRE LA CÁMARA Y LA GENTE, ALGUNA GENTE, EN LAS SESIONES FOTOGRÁFICAS DE DESNUDEZ FEMENINA CON MIRADA DE AUTOR Y EXPRESIÓN, REPITO, ESCRIBE AMILCAR MORETTI

 

Jueves 14 de marzo, 2013. Madrugada.

 

 

 

                He aprendido que la cámara fotográfica, en ocasiones (más de las que uno advierte) registra por propia voluntad y decisión. Fotografía sola. Capta lo que uno no ve o no sabe. Dice Jorge Nassio, el prestigioso psicoanalista argentino en París, que un buen analista (analizador) debe estar siempre preparado para ver lo que no sabe ni está acostumbrado a ver, porque esa es la forma de ver, descubrir, advertir cosas y situaciones nuevas. La cámara de fotos -al menos, mí cámara- hace eso. Muchas veces fotografía lo que yo no sé que fotografía. Muchas otras veces sí sé. Le hago fotografiar asuntos y actitudes que ella no sabe ni ve de antes. Otras, le sugiero que fotografíe eso que veo (o imagino), y no lo hace. No pocas veces, coincidimos y lo que yo deseo y aquello hacia lo cual la oriento es tomado por ella con absoluta -y creativa- obediencia (aquí se da también en ocasiones el gusto de “desobedecerme” al tiempo que cumple lo que le indico. Aunque ella no sabe que, en las mejores y felices oportunidades, mejora lo que yo pensaba y lo hace de otro modo que igualmente me conforma, o que me satisface más). Y hay veces en que, como dije, “fotografía sola”.

 

 

 

 

               Este último es bastante el caso de las imágenes de Melissa, tomadas tiempo atrás, a fines del 2011. Sus ojos de perdidez en el tiempo y en el espacio los advertí en la sesión desde el principio. Los dejé hacer: los ojos marcan su estado. Su cuerpo desnudo y esos ojos de perdidez, como yo la llamo, pienso que hacen buena combinación. Sucede que yo no busco la, por decirlo de manera católica, “lujuria”. No me interesa eso en la fotografía, en mí fotografía. Admiró a los que hacen fotografía de lujuria y le dan un toque altamente dramático y expresivo. A mí me interesa  que el cuerpo desnudo de la mujer exprese otro algo en la fotografía. Que esté movilizado por el drama: cuando digo esto muchos fotógrafos de años, veteranos, no me entienden. Yo busco el drama de la imagen, no de la situación. No hace falta ver a alguien llorando o gritando desesperación. Está bien, pero yo no busco eso. Lo que yo busco es que el cuerpo desnudo de la mujer joven muestre una conflictividad inadvertida para otros pero percibida por mí. Tensión, conflictividad. Un ve una mujer joven desnuda y la cree relajada: no suele ser así. Tienen tensiones, entramados musculares, nudos dolorosos, conflictividad fibrosa, fibromialgias, para decirlo en horrendos términos médicos.

 

 

 

      Y esa mirada perdida de Melissa, perdida en sus recuerdos, en su memoria, en su cabeza que no puede parar porque no quiere abordar que sabe que tiene que abordar, esa mirada, esos ojos chocan y funcionan bien con su cuerpito de chica grande y chica piba.  Que no sabe -o no sabía- si ir para aquí o ir para allá. Los moretones en sus piernas, también. Bajita, menuda, con vocecita de nena, Melissa en esa época creía, de algún modo, estar más allá. O controlar la situación. En buena medida las mujeres desnudas y atractivas lo hacen. Manejan situaciones con el poder sus vaginas o lo que se ve de ellas, sus labios bulbares. Sus exterioridades genitales. Es lo que tienen y es como compiten, rivalizan y se empoderan en el vínculo con el otro sexo, o entre ellas. Allí va otra tensión que da el núcleo duro del poder mujeril: la gruta.

 

 

 

 Cada vez más tengo la inquietante sospecha que mucha de la gente con la que he trabajado -modelos a veces hermosas, apenas bellas, rozantes de lo bello- nunca entendieron un carajo de lo que he querido y quiero hacer. Gente que alardeó de inteligente, libre, liberada, abierta. Gente que actuó esas cualidades y que, en poco tiempo, en los mejores casos, se mostró temerosa, cagona, cambiante, voluble, manejadora y manejable por el siempre desagradable -para mí- lugar común. Gente que me engañó con facilidad. Gente con la que me engañé con demasiada facilidad. Esa gente la hizo fácil: me tomaron por un tipo fácil. Alguna lo dijo a su manera: “¡No sabés lo difícil que me resulta entenderte!” Pero no, en el fondo, le (les) era fácil. Fácil pero complejo, y a veces se han enredado en su propia situación que no advirtieron, que no manejaron, que las sobrepasó aunque la monitoreaban ellas. Ellas, la gente, digo. 

 

 

 

Amilcar Moretti. Ed. jueves 14 de marzo 2013, madrugada. Argentina.

Amilcar Moretti. Ed. jueves 14 de marzo 2013, madrugada. Argentina.

 

 

 

 

Amilcar Moretti. Ed. 14 marzo 2013. Argentina.

Amilcar Moretti. Ed. 14 marzo 2013. Argentina.

 

 

 

Modelo: MELISSA. Las imágenes fueron tomadas con película color de 400 ISO-ASA, luego escaneada y digitalizada.

 

 

 

SMILE, de Charles Chaplin

 

Alan Pascua Trío

 

 

3 comentarios to “desolaciones privadas y sublevaciones de una desnuda cámara. Fotos por AMÍLCAR MORETTI”

  1. Congratulaciones por recibir textos de Brasil.

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  2. Habemus papam, é argentino! Adoro as suas fotos e as músicas, essa Smile está maravilhosa. Obrigado!

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