Santa Claus, ese Secreto: te hago un regalo, lo mejor que tengo (“No puedo darte más que amor, nena”)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escribe
AMÍLCAR MORETTI

Lunes 17 de diciembre 2012

 

 

 

    “Secret Santa”, otro video de la colección clásica de Agente Provocador -la firma europea Agent Provocateur, lo más refinado y caro en lencería y ornamentación para el erotismo privado y femenino (¿qué otra cosa que “femenino?)- retoma con inteligencia lo mejor de la comedia hollywoodense de los años 40 y 50 y sobre 60 del siglo pasado. Recuerda las películas de Blake Edwards: tiene esa fina sensualidad, aquí más explícita. Para Agent Provocateur lo central trata de vender, de vender y comprar: Navidad es una de las mejores oportunidades comerciales. Y además, como toda fiesta tiene su vinculación y cuna en la sexualidad. Por más que hizo el cristianismo no ha desaparecido este formato original pagano y festivamente pecaminoso. Cualquier cristiano ilustrado sabe que en la Edad Media las misas, sobre todo las aldeanas, eran un ritual de procacidad, dado que no había otra forma de atraer a la comunidad incrédula y rústica hasta los templos.

 

 

         

               Se trata, en  suma de un Papá Noel como celebración adulta, dionisíaca, sin nada de obsceno pero sí de lascivo. La fiesta pagana, individual y privada, como corresponde a tiempos “burgueses” (las comillas van a cuenta de que ya no estoy seguro que este sea un período de burguesía, pese al dominio del capital, pero una peculiar forma de capital y acumulación). Pagano o no, el tema de “Secret Santa” encuentra su trama y suspenso en un strip tease que se supone secreto y privado, mientras es en realidad el ritual (semipúblico) del voyeur.

 

 

             Además, del humor y la ironía en este video filmado por Nick Jones, el realizador de televisión británico, la composición integral de comedia se da a través del malentendido, la confusión y el equívoco. Las cosas que suceden no siempre son las que esperamos, las que deseamos no siempre ocurren, lo que aguardamos a veces lo perdemos en la inquietud de la espera, y la espera a veces no hace más que oscurecer el encuentro con lo que deseamos. Nadie se entiende, nadie nos comprende. No nos podemos comunicar con nadie. El otro no entiende, nosotros no escuchamos. La comunicación es imposible. Este sí es un concepto burgués en período de deterioro civilizatorio.

 

 

 

 

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