LA MUJER QUE DESAPARECE Y APARECE: “los amigos del barrio pueden desaparecer…”

 

 

“Los amigos del barrio pueden desaparecer,

los cantores de radio pueden desaparecer,

los que están en los diarios pueden desaparecer,

la persona que amas puede desaparecer.

Los que están en el aire pueden desaparecer en el aire,

los que están en la calle pueden desaparecer, en la calle,

los amigos del barrio pueden desaparecer,

pero los dinosaurios van a desaparecer.”

(Charly García)

 

 

 

Escribe
AMÍLCAR MORETTI

Madrugada sábado 15 diciembre 2012.
Argentina

                   Una muchacha de Corrientes, muy bonita, abogada, clase media, desaparece. Los medios anuncian que desaparece. Que desapareció. Los medios, digo.  Lo hacen con notoriedad. Después, la chica aparece. La gente, el público, se atemoriza. Ese fin está logrado. Se intensifica el miedo. No sé qué sucedió con la bella abogada de Corrientes. Sí sé que no creí que hubiera desaparecido. Leí así la noticia. No parecía caso de desaparición. Ni siquiera era foto de desaparecida. No desapareció, en verdad. Es el tipo de gente que no desaparece tan fácil en Argentina, hoy. Hoy no, en otras épocas, sí. Era ese el tipo de personas que desaparecía: individuos de clase media y universitaria. A todos los desaparecidos los violaron. A las chicas lindas las violaban más. Pero la desaparición hoy es “discriminatoria”. Todos podemos desaparecer, pero hay algunos que pueden desaparecer más que otros. 

                  A ver: cierto es que todos podemos desaparecer. O a todos nos pueden hacer desaparecer. Hay experiencia y oficio en Argentina. Una especialidad de las dictaduras militares y post. La finalidad era y es el miedo. El control por el miedo. Pero ésta, la de la muchacha linda abogada de clase media, era una desaparición que, se podía leer también, iba a aparecer. Repito: todos podemos desaparecer. Más aún si se duda que cierta gente no desaparece. Más aún si se duda de la versión de los medios. A ése que duda y lo dice se convierte en más desaparecible  que otros. Y estos tipos, cuando desaparecen (remember López), cuando desaparecen la víctima no aparece más, nunca más. 

            Una satisfacción grande que la chica abogada y linda haya aparecido. No está para nada claro que haya desaparecido en los términos en que se entiende desaparición en Argentina. No lo estará nunca, apuesto. Pronto se olvidará su caso. Pero es bueno que haya aparecido. ¡O que no hubiera desaparecido? Puede desaparecer Marita Verón, pueden desaparecer cientos y miles de chicas en Argentina. De hecho es así. Desaparecen y aparecen violadas y asesinadas o se pierden en las redes de la trata sexual de personas, que no es cuestión de un gordo o una gorda muy malos de barrio. No es cuestión de un mafioso civil. No. Es otra la cuestión, es otra la inversión. El “negocio funciona porque es inversión y da mucho dinero. Dinero sucio que se lava. Por eso hay una cultura de no querer pagar impuestos, por eso también. Por eso, también, nadie quiere que le supervisen cómo ha acumulado los dólares. No digo trata, pero algo allí falla en el que se siente ofendido en su “libertad” porque no tiene “la libertad” de no decir cómo hizo tantos dólares con esos ingresos declarados.

                       Feliz que la muchacha haya aparecido. Ojalá siempre sea así, con los varones desaparecidos también. Lo que me preocupa, en verdad, lo que me inquietaba en este caso, desde el principio, es que muchos lo creyeran. No lo vieran, no lo leyeran como lo que parece que es, como lo que parece que fue. Y sobre todo me preocupan los activistas de izquierda, o de derechos humanos, o feministas, o progresistas. ¡Ojo, mucho ojo con estos rápidos convencimientos! Cierto es que lo mejor es desconfiar y hacer publica, rápido, la noticia. Pero, ¡ojo!, no indiferencia o impasibilidad. Ojo, buen ojo para leer. No hace falta salir como ganso a denunciar y gritar por lo que no existe o no sucedió, o no está claro. Sí, urgente, ver, averiguar, investigar, denunciar, reunirse, hablar, comentar. Estar muy atento. Pero estar atento a una cosa y  a otra. Estar atento a las desapariciones y las desapariciones que no parecen tales. Que se nota a la legua que no son tales, desde el principio. Habrá que sí estar más atento aún cuando -si es que sucede- los que parezcan que no desaparecieron, desaparezcan de verdad.

 

                         ¡Y no hay que ser más ganso aún, que se puede ser muy pero muy ganso! No vaya a ser que un día, mañana, por ejemplo, desaparezca alguien lindo, bonito, paquete y no nos demos cuenta, no nos hagan dar cuenta. ¿Se entiende? ¿Se entiende? ¿Se comprende? La conspiración, especialidad de organismos de inteligencia, está siempre. Es un clásico de esos organismos en todo el mundo.  Hay que aprender a diferenciar. A veces es tan sutil que no se puede discernir, momentos en que es mejor prevenir que lamentar, sí, claro. Pero ojo. No hay que ser ganso. Y ojo también que los gansos y los que se quejan (de los) o alertan a los gansos también pueden desaparecer. Todos pueden desaparecer, pero, en general, hay solo algunos que desaparecen. Las excepciones son otro asunto. ¡Ojo!

 

 

 

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