ESTADOS UNIDOS: llamativo caso de Revolución Autodestructiva. Otra vez, alguien armado atenta contra vecinos y desconocidos y produce al menos 24 asesinados, entre ellos, 18 niños

 

 

 

 

 

Policías de EE.UU. evacúa chicos de escuela  por la matanza de ayer en Connecticut. 12 diciembre 2012. EFE.

Policías de EE.UU. evacúa chicos de escuela por la matanza de ayer en Connecticut. 12 diciembre 2012. EFE.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escribe

AMÍLCAR MORETTI

Sábado 15 diciembre 2012.

Argentina.

 

 

  

                 Amilcar Moretti. (BLOG) oct. 2012 PA010073 Estados Unidos vive lo que, como práctica de violencia, es una revolución para la autodestrucción. A esta altura puede argumentarse así. Es ya un hábito cultural que alguien armado como para hacer la guerra ingrese en un sitio público y descargue su munición contra los presentes, a quienes no conoce. Ayer viernes se produjo un hecho más de una larga historia: una persona, quizás dos, entró en una escuela y tras disparar sistemática y continuadamente contra todos y cualquiera, asesinó al menos a 27 personas, entre ellas 18 niños de una edad de 5 a 10 años.

 

 

 

  

          No es un episodio de naturaleza reciente. Es un caso más en una extensa evolución acumulativa de sucesos similares. Ya en los años 50 y 60 del siglo pasado era habitual este tipo de exterminio en masa. A fines de la década del 60, cuando en lo personal puse mi atención sobre estos brotes de locura colectiva (lo colectivo convierte a la locura en un estilo de vida, en una psicótica “normalidad”), ya eran comunes. Escribí en una oportunidad una nota en la prensa escrita que fue tapa de revista dominical y recibí entonces severas recriminaciones, como si se tratase de algo aislado que yo había convertido -de modo malintencionado- en vigencia generalizada. Eran tiempos de Guerra Fría y lo mío  se tomó como una crítica inoportuna frente al socialismo autoritario que abarcaba a dos terceras partes de la población mundial. Cuando Truman Capote publicó “A sangre fría”, hacía años que estos sucesos de individuos -siempre pertrechados con armas en sus casas (un “derecho” y costumbre muy arraigados en Estados Unidos)- “acostumbraban” a empuñar su fusil y pistolas y se lanzaban al asesinato de vecinos y desconocidos.

 

 

 

 

                  Hoy, sin comunismo, con dominio absoluto mundial del capitalismo (en etapa financiera), sin peligros que lo cuestionen o intenten sustituirlo desde afuera por otro sistema económico, los asesinatos colectivos indiferenciados  contra el grupo social han crecido en número, lugares, oportunidades y extensión trágica, o bien -en paralelo- la información es más abierta y difundida. A esta altura, lo de Estados Unidos puede acercarse a un estado de implosión violenta. La Rusia comunista reventó por implosión pacífica, sin violencia: se movieron y erosionaron sus cimientos, durante décadas, y un buen día todo se vino abajo con la asistencia y estímulo del capitalismo norteamericano.

 

 

 

 

               Lo de Estados Unidos es diferente a la ex URSS: es una revolución violenta de autodestrucción. No parece que vaya a acabar con el sistema, no ya económico, sino el sistema cultural. Pero es una acción revolucionaria psicótica que se apaga en sí misma en cada caso pero se viraliza de modo endémico. Lo paradójico es que gran parte de la población está de acuerdo con el “sistema”, lo apoya y así suele declararlo de modo patriótico. Pero en el trasfondo del apoyo y las palabras hay un malestar indefinido, que no puede expresarse en palabras. Y entonces, estalla. Explota en actos individuales de violencia que se hace masiva porque apunta al grupo fuera del individuo.

 

 

 

 

                   Extraña revolución de autoaniquilamiento. Hay civilizacionee enteras que han desaparecido en la historia de la humanidad, a veces sin que se sepa bien aún cómo y en qué momento preciso. En este aspecto no sería un acontecimiento inédito si sucede en Estados Unidos. No me animo a decir que sea su caso. Pero sí que hay en marcha un proceso de autodemolición espontáneo y, es probable, estimulado de algún modo directo o indirecto. Las consecuencias serán, en principio y a mediano plazo, más violencia, más violencia virulenta e indiscriminada.

 

 

   

               Hay quienes dicen -no sin observaciones verosímiles- que circulan drogas nuevas de diseño, que han sido distribuidas en el mercado, y cuya finalidad es el control de la población. Estos actos de violencia sin explicación para la lógica y concepto de salud mental tradicionales (o convencionales) serían apenas una de sus consecuencias. Puede ser. Hechos similares  experimentaron de modo oficial (y clandestino) en Estados Unidos en años anteriores (como inyectar sífilis a “voluntarios” menesterosos de hospitales psiquiátricos y en población afroamericana para ver cuál es la evolución de la enfermedad, y eso no sólo dentro de Estados Unidos). Abunda la información oficial o no desmentida al respecto.

 

 

   

                    Conjeturo, empero, que no sea esa la razón esencial de lo que acontece ahora cada vez más seguido. Puede sí ser una de las causales. Otra razón, de orden cultural, es el gran desencanto por la  demolición casi completa del “sueño americano”, que primero se confundió con el consumo (no pensaban en eso los Padres de Patria) y hace poco se desvaneció en la fabulosa estafa de una burbuja financiera. Algo similar a lo que sucedió -y se ocultó- con los  más antiguos comunistas de la ex URSS: de pronto el universo mental y material, real y subjetivo de toda su vida y de sus antepasados, se desvaneció. Es como si a cualquiera se le desvaneciera el planeta y el hogar propio quedase flotando en un vacío de cielo silencioso. En esas circunstancias de abandono, desamparo, paranoia y miedo una forma de corroborar que el Otro existe es asesinarlo. Tan antiguo como el ser humano. Más difícil es comprobar que existe el Otro mediante el amor. El amor exige un esfuerzo de construcción; la muerte, no. Caín y Abel, para decirlo en términos bíblicos cercanos.

 

 

   

                ¿Que las revoluciones solo se hacen para el Progreso? Es este un concepto anticuado, sobre todo inválido. Ya se han ocupado mucho de ello numerosos científicos marxistas. Hobsbawm, años antes de morirse, argumentó con considerable certeza que la era de la revoluciones ya concluyó en la historia del capitalismo.  Numerosos pensadores marxistas de nuevo cuño piensan lo mismo. Habrá, quizás, otro tipo de cambios radicales en vista a valores como igualdad en vista al futuro, pero no serán revoluciones, no podrán llamarse “revoluciones”. Serán otra cosa, para lo cual habrá que buscar un nuevo concepto, una nueva palabra.

 

 

 

 

                Además, la palabra misma “progreso” está cuestionada por la misma izquierda y el marxismo. Hoy es casi un concepto de derecha. “Progreso” es un concepto creado por la burguesía para tratar de definir el cambio profundo de la revolución industrial y su correspondiente democracia. En el presente ni siquiera es seguro que vayan a mejorar las condiciones sociales, económicas y políticas de la humanidad en cualquier lugar. Además, hoy, cuando se habla de “progreso” todos piensan en una novedad tecnológica, en una nueva tecnología y no en igualdad social. Así lo definen los medios de comunicación. Solo grupos de activistas lo conciben de otra forma. El gobierno argentino de Cristina Kirchner y de América latina en los casos de Bolivia, Venezuela y Ecuador, un poco menos Brasil, son una excepción positiva a este desaliento y desencanto desintegrativo mundial.

 

 

 

 

             Lo de Estados Unidos puede asociarse -en el afán de definir- a una especie de proliferación de anarquismo violento y psicótico, individualizado en trámite de endemia, para pulverizar cualquier intento interno de protesta organizada colectiva contra el sistema. Todos contra todos y una mayoría contra los “extranjeros negros, mestizos, musulmanes” es una fórmula efectiva para para disolver cualquier conato de organizar resistencia a las corporaciones financieras generadoras de la gran tragedia mundial. Ya se hizo con el movimiento de organización social afronorteamericana y de derechos humanos de los años 60, con la diseminación de las drogas prohibidas dentro del mercado de Estados Unidos, aún con “justificación” de izquierda y progresista a la que era difícil  rechazar dada la ceguera obtusa de la derecha bruta.

 

 

 

  

               Aumentarán y continuarán los casos de asesinatos a mansalva en Estados Unidos. Se harán más seguidos y más catastróficos. Al que no lo crea así es posible que lo asesinen para demostrar que es y será así. Y entre tanto aumentarán y continuarán sistemáticamente las guerras e invasiones externas. Es el sistema el que funciona de este modo. Es el sistema de acumulación de dinero el que funciona de esta manera. No tiene otro modo. Los locos serán habituales. Sufrirá aquel al que le toque la tragedia. Obama como respuesta a la tragedia de la mañana de ayer viernes solo atinó a volver a abrazar a sus hijas y esposa. Está claro lo que dijo: “¡Ojo, esto es lo único que se puede hacer! ¡Ni se les ocurra otra cosa! Es la Naturaleza”.  Lo peor es que tal vez hasta tenga razón: otros por encima de él piensan que estos asesinatos colectivos, estimulados, son el mejor pretexto para instaurar una dura dictadura de orden a través de la violencia fusiladora y torturadora, esto es, asesina. Las condiciones están.

 

 

"Asesinos por naturaleza", de Oliver Stone.

“Asesinos por naturaleza”, de Oliver Stone.

 

 

2 comentarios to “ESTADOS UNIDOS: llamativo caso de Revolución Autodestructiva. Otra vez, alguien armado atenta contra vecinos y desconocidos y produce al menos 24 asesinados, entre ellos, 18 niños”

  1. Carlos Diaz Says:

    En otras entregas de este blog y por otros motivos parecidos dejé mi opinión, que no varía: creo que USA es el país más peligroso del mundo (y el que, llegado el caso, puede hacerlo volar). Según el atinado análisis de esta entrada, habría que aclarar que también lo es para sí mismo.

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  2. y nosotros?? cada vez más yankees!!!

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