EL ABISMO DE LO QUE FALTA EN ESTE ÁLBUM DE FIGURITAS: LA VIDA

             

             “La vida tiene la lógica implacable del álbum de figuritas que tuvimos en la infancia y que había que llenar a toda costa. El fantasma de lo incompleto me acecha siempre como una amenaza. Aunque me tranquiliza poseer las obras completas de Freud y el juego completo de cubiertos de Plata Lappas, no me ilusiono. Me basta dar con un botón solitario para asomarme al abismo insondable de lo que falta.”  

 

 

 

La columna torcida

 

02.12.2012

http://tiempo.infonews.com/2012/12/02/editorial-91983-incompleto.php

Incompleto

 

Por
Mónica López Ocón

 

 

                          “Las únicas cosas completas de mi vida están o bien en la biblioteca o bien en el armario: las obras completas de Freud, las de Borges, las de Arlt, el juego de cubiertos de Plata Lappas que me regalaron cuando me casé, el juego de té que heredé de mi abuela y el juego de platos que fue de mi madre.

     

             

                “Fuera de esos dos espacios se extiende el dilatado territorio de lo incompleto: botones caídos de un vestido que ya no existe, la cuerda de una caja de música perdida, restos de un juguete, aros que han extraviado a su compañero, medias solitarias, un mazo incompleto de cartas de Tarot, tapas a las que les falta el frasco, frascos a los que les falta la tapa, copas sueltas de un juego extinguido, juguetes rotos de la infancia de mi hija, collares sin cierre, piedras de anillos desaparecidos, una vieja enciclopedia escolar a la que le falta un tomo, cajas llenas de restos de objetos indiscernibles, tazas sin manija, agujas de tejer viudas, zapatos impares…

 

 

                    “Con cierta frecuencia suelo revisar la biblioteca y abrir el armario para comprobar que lo completo sigue completo. Me calma ver que cada cubierto del juego ocupa su lugar y que ningún hueco inoportuno despierta en mí la angustia de lo que se pierde para siempre. Cuento obsesivamente las cucharitas de café y las de postre, luego de que alguna reunión familiar o de amigos me obliga a diseminarlas por la mesa. Jamás presto un tomo de una obra completa.

 

                 “Mientras tanto, no pierdo las esperanzas de que las medias solitarias que están en el fondo del cajón encuentren a su compañera perdida en un lavado, de que las agujas de tejer dejen de ser viudas y de que las tuercas se reúnan con el tornillo que les estaba destinado.

 

 

               “La vida tiene la lógica implacable del álbum de figuritas que tuvimos en la infancia y que había que llenar a toda costa. El fantasma de lo incompleto me acecha siempre como una amenaza. Aunque me tranquiliza poseer las obras completas de Freud y el juego completo de cubiertos de Plata Lappas, no me ilusiono. Me basta dar con un botón solitario para asomarme al abismo insondable de lo que falta.”  

 

 

 

Scrat, la ardilla de la serie "La era del deshielo", un personaje que vive corriéndose de la gran grieta que lo persigue, y aún así lo intenta siempre de nuevo.

Scrat, la ardilla de la serie “La era del deshielo”, un personaje que vive corriéndose de la gran grieta que lo persigue, y aún así lo intenta siempre de nuevo.

 

 

 

 

Escribe
AMÍLCAR MORETTI

 

 

          Quienes por décadas escribimos días tras día porque nos gusta y para ganarnos la vida sabemos muy bien de qué se trata. En paradoja, acaso no podamos ponerle las palabras justas pero sentimos el concepto, si es que esto es posible, o mejor, sentimos el sentido. Las patronales suelen aprovecharse, en ocasiones, de que los reconocibles periodistas de la profesión de escribir concebimos la escritura como lo que es: una manera de intentar dar sentido a lo que está dentro y lo que está afuera. Ahí, en azarosos momentos, es cuando los escritores que escribimos periodismo hacemos literatura de la buena. Los (habemos) hay, y muchos. Un caso que descubrí es el de la compañera del suplemento dominical de cultura que ayer domingo escribió en el diario “Tiempo Argentino” de Buenos Aires esos encantadores y profundos 1.800 caracteres (yo digo 50 “líneas”, todavía, como en la era pre-Word de Windows) que consigno más arriba.

 

 

 

            Uno sabe que cuando le encargan que escriba un “suelto” (un comentario –casi una observación- para un espacio reducido, lateral en la nota central o bien referido a algún detalle destacado de la jornada) puede salir cualquier cosa. Por lo general está el apremio del tiempo, es asunto de minutos, media hora o algo más. Puede surgir un apunte ingenioso o una acotación inquietante que abre preguntas serias que no obliga a responderlas, o bien una pavada que nadie nunca recordará, menos aún uno.

 

 

 

          Parecido ocurre si se está a cargo de una columna breve, de reducido texto, que el lector encara casi al pasar. Muchas veces hay compañeros a los que le surgen joyitas de la literatura periodística de ficción, de observación o de ensayo. Es el caso del texto que repito aquí: es una reflexión madura –y por tanto incierta y a la vez segura- de un ser humano, una mujer que ha comprendido que todo puede ser o suceder y que al final o en torno a uno hay un vacío o ausencia irredentas e inevitables. Cabe a uno darles un Sentido, una estructuración que responda a una lógica, quizás personal y privada, que nos impulse a renovar la práctica de continuar y cambiar lo que sea posible. Porque, para eso estamos, ¿no? 

 

 

Lunes 3 de diciembre 2012. Argentina.

 

 

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