YPF: publicitario sobre cuando la carga del 7mo. de Caballería no vino a matar aborígenes sino a salvar nuestro petróleo, el que está debajo de nuestra tierra

 

 

 

 

 

 

 

 

Escribe
AMÍLCARMORETTI

Martes 6 de noviembre 2012.
Argentina. La Plata.

 

 

          YPF, que ha regresado a readueñarnos -aún no del todo- de nuestro propio petróleo, el que está bajo nuestra tierra, ha lanzado una campaña de información y conciencia con un muy buen publicitario: “YPF. Nuestra energía. Ingeniero”. He visto a la ligera algunos títulos críticos sobre el clip. No los he leído. Quizás lo haga, no sé. Hay días que no tengo resto para tolerar la mala leche, la intención aviesa, taimada, ladina. Y arriba, pagada: en general, turrada paga, de las peores en materia de tunantes de la prensa. Supongo, también, que habrá críticas de las honestas, esas que tienen sentido de la decencia. Una cosa es ganarse el puchero con el trabajo para un medio de prensa y otra es mentir para subir jerarquías y recibir plata extra.

                El publicitario, de 1,37 de duración, tiene dos partes. Una recuerda  el “pasado”, cuando YPF fue regalada y saqueada, desmantelada y abondonadas las zonas sin explorar o aquellas más dificultosas e inciertas en riqueza (aunque sirvieran para integrar la nación: vincular poblaciones,  estimular los desarrollos regionales e intercambiar culturas). La segunda parte es la de la llegada de la caballería, del 7mo. de Caballarería, que “a la carga” de soldados a caballo y la bandera flameante salvaban en el último momento  a los asediados, según los viejos westerns. Y la comparación no es desacertada: algo de esa épica inspira el “final feliz” del corto. Los que lo hicieron, los que  guionaron y el que dirigió, sabe, sabe en principio de cine y de cómo contar la épica, algo que no abunda en Argentina, tan desacostumbrados estamos a reconocer y relatar épicas.

             El protagonista es un “romántico”, un “buen tipo”. Uno de esos del que dicen “Está loco”. Es “El Ingeniero”, un tipo quizás alrededor de los 50, más o menos,  que aún continúa en la suya, junto a su hijo adolescente, que lo mira entre perplejo y admirado por la obstinación de ese solitario humilde que no abandona la pasión -solitaria, durante muchos años, desde la privatización del cavallo-menemismo- de querer una petrolera nacional, como lo fue siempre, petrolera argentina de los argentinos todos. Y el tipo, todos los días, sale de su casa humilde en un pueblito ventoso y polvoriento (los pueblitos de los westerns, a la espera del Salvador: “Shane, el desconocido”, obra maestra absoluta). En la más dura intemperie, con nieve o un sol abrasador, en el medio de la Patagonia insiste una y otra vez, con casi nada, sólo, en hacer explotar y perforar para explorar cuánto petróleo nuestro, argentino, nacional y popular, hay allí. Y él sabe que allí hay petróleo, y del bueno. Por eso sigue. Y no decae. Lo único que tiene es a su hijito y su Confianza en que tiene que sacar para nosotros ese petróleo nuestro.

             El Ingeniero no es un “tycoon”, uno de esos antiguos aventureros norteamericanos del esfuerzo individual y la implacabilidad que amasa su fortuna desde la nada y sin confiar en nada ni nadie. El Ingeniero es un argentino común, casi seguro un antiguo ingeniero de la casi siempre estatal YPF, que quedó desocupado y aún 20 años después quiere no sólo recomponer lo que es de todos sino hacer lo que los privados -tras cometer el saqueo y de abandonar la expoliación al no quedar nada para exacción-, no hicieron nunca ni pensaban hacer. Desde mucho antes se sabía que los privados no explorarían nuevos pozos, porque es lo más costoso y largo del proceso, además de incierto en sus resultados: si se encuentra petróleo hay que determinar de qué calidad es, cuál es el costo de extraerlo y qué riqueza o volumen de extracción guarda. Cuando una gran empresa usa capital de riesgo -pocas veces- es porque se trata de una cuestión estratégica de supervivencia, porque recibe subsidios del estado o bien porque puede compensar pérdidas con otras actividades ya aseguradas en fabulosas ganancias. Que esta tarea la lleve a cabo un hombre en solitario, con la compañía de su hijo pequeño, ante la mirada solo simpática de los pobladores del lugar, habla en cambio de un Héroe.

          Un Héroe épico. Por caso, en Estados Unidos, Clint Eastwood, en su dimensión simbólica, por su Magnum 44 pero por sobre todo por un código ético inalterable: no tortura, no mata por la espalda, no recibe coimas, no tiene gatillo fácil, no actúa en patota y cuando mata -lo que hace con frecuencia- no solo se trata delincuentes avezados y peligrosos, bien armados, sino que lo hace en duelo, cara a cara. Ese es el Clint Eastwood, mitológico, de leyenda, que la cultura norteamericana blanca tiene en su imaginario para justificar su irrefrenable pasión por las armas, la locura por las armas y la imposición de la Biblia mediante el Winchester. En “Los imperdonables”, el asesino cruel al que obligan a rebrotar las injusticias del orden de  los ciudadanos, destroza de un doble escopetazo la cara del policía (el comisario, sheriff) porque es un torturador y porque protege a violadores y ejecutores de crueles maltratos a mujeres.

          El Ingeniero, nuestro Ingeniero patagónico, no necesita armas de fuego. No es esa, no lo fue al menos hasta los años 90, la cultura promedio del argentino, aún después de los 30 mil desaparecidos, que podrían haber inspirado venganzas individuales por parte de los familiares de los humillados. No, el Ingeniero es un tipo que se autoimpuso la Pasión Argentina originaria y genuina, la de rescatar lo nuestro, lo regalado y dilapidado. Ni siquiera pedir rendición de cuentas -en un medio que no le cree- sino un pacífico y creativo, voluntarioso y generoso: “Bueno, está visto que Uds. (los privados) no sirven ni quieren. Ya ganaron bastante plata con nuestra propiedad. Ahora voy -vamos- a probar de nuevo nosotros solos. Podemos, siempre pudimos. No se pudo cuando no se quiso, o cuando el enemigo externo fue demasiado fuerte y en el interno dividía lo que debía estar unido. ¿A qué parte del pueblo de esta tierra se le puede ocurrir regalar el bien más preciado hoy en la tierra y pagar la nafta no al precio argentino sino al que la empresa privada puede ganar afuera?”

                Hasta allí el publicitario tiene música de película infantil, saltarina, acorde con un protagonista al que nadie, en lo cotidiano, considera en serio. Es un soñador, un “romántico”, un loquito inofensivo, un “buen tipo” pero algo desubicado. Un tipo que se quedó en los años 70, en el 45, se lo puso haber definido en los noventa de cavallo-menem. En esos años, lo recuerdo bien, los conceptos de “pueblo”, “compañero”, “nacional y popular”, “nación” se convirtieron en anacrónicos, inombrables, ininteligibles y vergonzantes. Y ahí justo, cuando la rutina empecinada parece reservar otro día igual, cambia la “música”, que es la de la serenidad, la épica de los violines, de las cuerdas, como cuando Shane al final se aleja hacia el firmamento, tras restablecer la justicia. Aquí hay alumbramiento no alejamiento: Es cuando la épica del Quijote Ingeniero despierta un buen día con la salvación del 7mo, de Caballería, en plena carga y clarín al aire: los primeros camiones y obreros, técnicos e ingenieros de la YPF renacionalizada y de manejo estatal. Es la avanzada de la recuperación, no de la restauración (esa Contrarreforma que se alienta desde lo más reaccionario del país, como otra vuelta atrás, esta vez al 1.900 o 1880). Es la recuperación del pueblo y la nación organizados que vienen a buscar lo suyo. Y allí El Ingeniero, el iluso, el idealista, recibe el saludo de los nuevos profesionales, que reconocen la valía del veterano luchador empecinado. Obvio que los que arriba saben de sus legendaria hazaña:  ¿Si no por qué habrían de darle el galardón más alto? El casco blanco de YPF del Estado Argentino, de Mosconi, Yrigoyen y Perón.

 

Martes 6 de noviembre 2012. Argentina.

 

 

Camiones de YPF: la salvación de último momento por el 7mo. de Caballería. Aunque ahora la carga de la caballería no es para ir contra la nación y matar aborígenes sino para recuperar nuestro petróleo.

 

3 comentarios to “YPF: publicitario sobre cuando la carga del 7mo. de Caballería no vino a matar aborígenes sino a salvar nuestro petróleo, el que está debajo de nuestra tierra”

  1. Carlos Diaz Says:

    Los que por odio al gobierno defienden a Repsol, a las AFJP, a los fondos buitre…

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  2. Carlos Diaz Says:

    Gran comentario. Yo me emociono ccada vez que veo el aviso del loco romántico y nostálgico.
    Pensar que todavía hay argentinos que por odio al Gobierno defienden a Repsol. Vos te imaginás si gobernara San Martín, o Belgrano o Moreno: ¿Cuanto durarían esos tipos?

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