Las blanduras de Aida Jiménez en Barbados, donde fue soñada, como siempre cuando pasa el tiempo. (con 5 fotos por Amílcar Moretti, tomadas antes de la búsqueda)

 

 

 

 

 

 

 

Escrito por
AMÍLCAR MORETTI

Argentina, a 60 kms. de Bs. Aires
Viernes 26 de octubre del 2012.

 

 

 

                 Cuando bajé en el Grantley Adams lo primero que hice fue preguntar por Aida Jiménez. Birkin, que estaba con un amigo, me dijo que no era tan fácil de ubicar a una persona. La inmigración es muy difícil desde Dominicana, gente muy pobre y muy vigilada. El cerco francés lo hizo siempre imposible. No era lo que me había dicho Danila, a quien nunca le había creído demasiado pero que se ofreció a hacer de traductora tanto de francés como inglés. También me convenció que en el hotel La Romareda de Zaragoza, Birkin le contó con orgullo que su padre había sido un héroe de la Resistencia. Eso, en el 2009. Tiempo después me enteré que la información había sido proporcionada a gente de “Borradores”, según cuenta Antón Castro en su estupendo blog. Pero, yo ya estaba allí y, por lo demás, aún con culpa, me interesaba Barbados. No iba a descuidar la búsqueda de Aida Jiménez, perdida, quizás en el sur, engañada con la eterna historia de un buen trabajo que le permitiría tener bien a sus dos hijitas.

 

 

Foto por Amílcar Moretti. Argentina, La Plata, 2012.

 

 

 

 

Por Amílcar Moretti

 

 

 

 

                     Aida había creído todo lo que le contaron. Aquí, en Buenos Aires, cayó como tantas otras, que también se vieron en nuestra ciudad. Creo que hasta la embajada de la isla estaba implicada en el tráfico. Terminaron por despedir a la diplomática, una embajadora de muy bajo nivel intelectual que a la corrupción que siempre acompaña al dinero fácil y rápido unía un nivel cultural de una rusticidad atemorizante. No recibieron las denuncias sobre Aida, no había listas. Inmigración creo que a través de departamentos policiales pudo con cierta aproximación determinar, en algún momento, el número de dominicanas engañadas ingresadas al país de modo legal para luego ser esclavizadas tras el retiro de su pasaporte y documentos. 

 

           Birkin no había prestado atención a lo que, me comentó Danila, le había informado. O no lo recordaba. Quiero pensar que no recordaba bien o no había comprendido del todo la gravedad de la situación. No es difícil ponerse en esa situación cuando los personajes son desconocidos;
al fin y al cabo, Birkin fue como que no era la Birkin que yo buscaba, era otra. O no se parecía a la que recordaba de la pantalla. La conclusión que no dejó que me cubriera la desilusión y cierta pena fue aferrarme a la idea de que Birkin era, más irreal y de cine que la verdadera que nos atendía y nos guiaba sin mucha atención, sin preocupaciones, como llamada a ocios que no congeniaban con cuestiones humanas graves.

 

 

            La prueba en Barbados fue durante los días siguientes. Casi no pude hablar con Birkin, ni hacer contactos con autoridades de la isla, francesas, de color muchos pero hablantes en francés e inglés. Alguno que otro añadía o conservaba ciertos toques para chapucear -al menos yo- en argentino, en español. España parecía muy lejana.  El Amarillys Beach Resort, me comentaron, es buen hotel: para un argentino común -yo no me considero eso, siento por eso un profundo rechazo, entre moral y político-, para un argentino promedio del menemismo, repito, una simple cabaña puede después contarse como una residencia lujosa en las playas pequeñas pero populares al sur de Brasil. Se vio mucho en la década del 90, cuanto cientos de miles se ponían vanidosos por una playa brasileña bonita pero para ocios comunes. Como si fuera una película de Hollywood de los años 40 y 50, en Hawai y con frutas en la cabeza mientras se bailaba la rumba. Sí, “el Amarillys está bien”, me dije. Y ahí fui, ahí estuvimos, aunque la convivencia con Danila, con quien había acordado intimidad como trueque amistoso mientras la ayudaba a pagar el pasaje, fue un calvario. Acostumbrada a estar con hombres sin demasiados remilgos, que yo supiera, me hizo notar que no era lo mismo y, al cabo, después de algunos disfrutes tironeados, fue tanto mi mal humor que se lo hice notar y terminé casi por no hablarle. En verdad, creo que los dólares de Barbados que le proporcionaba con cuentagotas era lo único que la mantenían frenada en sus desagradables expresiones de egoísmo, rechazo o agresión. 

 

                    Lo de Birkin fue un fracaso. Después no la ví más. En pocos días terminé por asegurarme que Birkin no era Birkin. Cuando pregunté por su hija Charlotte, me miró con ojos de vacío e indiferencia, como si no supiera de quién hablaba. Y era, cierto, creo, no sabía de quién estaba hablando. ¿Cómo iba a saberlo? Lo de Aida no avanzó y el tiempo en la playa, cerca de Christ Church, en carnavales, en los primeros días de agosto pasado, podrían haber sido sosegantes. No fue así. De Aida como si se la hubiera tragado la tierra. Me comentaron algo sobre Interpol interesada en su caso, en especial. No sé. Concluí que estaba en el lugar equivocado. Con otra compañía más serena y liberada, sin mezquindades de cama, con una mínima amabilidad, y sobre todo con otro cometido menos amargo, esos días hubieran sido recordables. Ahora ya no quiero pensar más en eso, al menos en Barbados.

 

 

 

 

 

 

 

 

A.M. Argentina. 2012.

 

 

 

 

Foto de A.M. Argentina, La Plata, 2012.

 

 

 

 

Por Amílcar Moretti, argentino, a 60 kms. al sur de Buenos Aires

 

 

 

 

            “Plumosos, suaves, tibios como un conejito”, me contó una vez Tatiana que un “su chico” circunstancial así había definido a sus pies. Es cierto. Así también me pareció el cuerpo de ella, no Tatiana, al principio. En las imágenes recordadas hay algo de esa sensación, como si fuese una blanda y tierna almohada. Pensé en algún momento que no era importante, que no habría de durar la sensación. Pero no fue así. Al menos quedó como esa niebla que a cierta cantidad de años invade los sueños y que hace que, al despertar a la mañana, no se sepa si los mismos sucedieron alguna vez o al menos se percibieron alguna vez. Diría que la carne, los sentidos son así; no hay mucho más que eso. Los afectos los pienso como una forma de la sensual carnalidad del cuerpo querido o deseado. Y deseo no es una palabra fea, aunque creo que muchos la piensan y escuchan así.”

 

 

Texto y fotos por AMÍLCAR MORETTI. Madrugada de un viernes 26 cálido de octubre del 2012, casi casi cuando ya empieza a terminar el año. El sol, los pájaros, durante la tarde y la mañana de ayer jueves. Dentro unos instantes comienza a cantar, primera, la alondra, nuestra calandria.
Me ha de encontrar de nuevo despierto, aunque me había prometido que esta noche no.

 

 

 

 

 

 

GUITARRAS ALÁMBRICAS, METÁLICAS,

CHIRRIANTES COMO LAS BANDAS

SONORAS, MÁS COMPLEJAS Y

ATEMORIZANTES, DE LAS PELÍCULAS DE

DAVID LYNCH

 

 

Mujeres de David Lynch

 

 

 

 

David Lynch y Payaso Loco

 

 

 

 

Viggo Mortensen, la vendetta de la mafia rusa (“Promesas del este”, Cronemberg)

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