Requiem. Mariana y otras cosas, muchas y variadas. “Colateral”, una película nunca bien apreciada. Foto por AMÍLCAR MORETTI, y texto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mariana Suppicich. Foto por Amílcar Moretti. 22 febrero 2012.

 

 

 

 

 

           Debo agradecer el compañero Carlos de Rojas que hoy me haya subrayado el valor de la musicalización temática del brillante filme negro de Michael Mann, “Colateral”. Se trata de una obra sólida que recuerdo siempre no como un relato de acción -que la tiene- sino como un drama urbano negro. ¿Quién en los últimos años ha mostrado mejor que Michael Mann en esta película del 2004 lo que es la noche real en las desiertas calles de Los Ángeles? Basta recordar esa imagen fantasmagórica, de género fantástico, en que los protagonistas que recorren en auto las calles nocturnas ven cruzar un perro lobo solitario y amenazante que se queda mirándolos. Pocas veces he visto en el cine una mejor definición de la brutalidad solitaria en la calle nocturna de la gran urbe, brutalidad como modo de supervivencia, no brutalidad desde el moralismo vulgar y represión como ejecución de los feroces. Sino brutalidad como síntesis de un modo de vida en el que se empuja a sobrevivir mediante lo brutal y la ferocidad. Brutalidad como cualidad del que debe imponer el orden y solo impone su orden, el que genera aquella misma brutalidad marginal.  

           

                 “Colateral”, lo he publicado muchas veces en el diario El Día de la Argentina, me impresionó siempre como una perfecta radiografía conceptual del narcotráfico y el asesinato profesional como síntesis de un modo de acumular capital -en su etapa financiera y de casino-. El narcotráfico y el asesinato profesional masivo -basta ver a México- no son una consecuencia de la droga no autorizada como cuestión de salud o simple delito. Es la consecuencia y a la vez síntesis de un modelo de acumulación inimaginable e ilegal de capital sin producción ni trabajo, lavado a través de la estructura bancaria y sostenido y alimentado por la poderosa industria mundial de la fabricación de armas livianas de guerra. Abundan las denuncias, bien fundadas, de la conexión de la CIA con el negocio del narcotráfico, que es quizás la mayor fuente de capitales sin producción.

                Ese cuerpo conceptual abstracto -no mostrado con estereotipos ni explicaciones-, se muestra en los numerosos síntomas que desbordan en “Colateral”: la frialdad de la película y sus escenarios, la frialdad del asesino profesional (sorprendente trabajo de Tom Cruise), la corrupción a la vista de todos, la crueldad fría y feroz, la desprotección de aquellos a quienes les toca ser víctimas, la ausencia de fuerzas de seguridad o policías (una ausencia notable que en Michael Mann parece decir que nada agregaría su presencia, si de lo que se trata es de desmontar el Gran Negocio).

         Siempre pensé, además, que el personaje trágico de este magnífico filme es Tom Cruise, un tipo que parece no tener vida interior (aunque la tiene, en secreto, su gusto por el mejor jazz, por ejemplo) y que debe vivir en una soledad y aislamiento eternos, en constante ausencia de cualquier afecto. El personaje de Cruise en manos de Michael Mann llega a dar la dolorosa y cruel pena de los más grandes personajes trágicos, que pese a sus maldades, inescrupulosidades, rigor para el mal y ausencia de afectividad, al final son desbordados por el propio entorno que los devora, que no pueden controlar, y cuyos malestares no pueden mitigar nunca, ni antes ni al final, como un castigo inicial que los persigue. Cuando Cruise aparece por primera vez en el filme y se sube a un taxi no se sabe bien si es un perseguido o acosado (¿por quién? ¿por él mismo?) o un desafectivizado y psicópata profesional que está apurado por cumplir con su tarea de asesinar e irse de la ciudad. Un desesperado prolijo y austero. Alguien que trata de distanciarse de lo que hace y de aquellos a los que les hace algo brutal y seco. Si bien se piensa, este personaje trágico y enfermo, descontento y con angustia comprimida, no es más que una imitación en pequeño de un general o un funcionario que ordena destruir un país entero, Libia hace poco, Siria acaso en las próximas semanas, Irán no se sabe cuando, y sigue una lista, con diferentes métodos, a veces “pacíficos” que abarcan desde Venezuela a Yemen, desde Bolivia a la Argentina. El Imperio sin Centro es el mismo, las metas generales son las mismas, varían sólo los procedimientos según lugar y circunstancias.

                 Creo que en ese cuerpo narrativo, la música de “Colateral” merece ser revisada, escuchada y disfrutada. Agradezco de nuevo a Carlosde Rojas que me haya posibilitado descubrir dicho tesoro. Por supuesto, que “Requiem” es apenas una muestra de la notable riqueza musical de la película, no del todo reconocida en su momento, quizás por esa misma desazón a la que me refiero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Modelo: Mariana Suppicich, de Misiones. Bailarina. Actriz.

 

 

 

Foto de modelo y texto por AMÍLCAR MORETTI. Lunes 8 de octubre 2012. Argentina, La Plata (a 60 kms. de Buenos Aires)

 

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