Pasado mañana se muere Alejandra Pizarnik por suicidio. Cuarenta años sin la poeta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escritura 
y compaginación
por AMÍLCAR MORETTI

 

 

 

   Pasado mañana, martes 25 de setiembre, pero de 1972, muere por suicidio Alejandra Pizarnik, una de las poetas argentinas más intensas del último medio siglo y, quizás, una de las más influyentes en los últimos años, reconocimiento que no obtuvo ese peso en vida de la escritora que decidió abandonar con 50 pastillas de seconal a los 36 años.

 “Pequeña marioneta de la buena suerte, se debate en mi ventana según lo quiere el viento. La lluvia ha mojado su vestido, su cara y sus manos, que se decoloran. Pero le queda su anillo, y con ello su poder. En invierno ella golpea en el vidrio con sus piececitos calzados de azul y danza, danza de frío, de alegría, danza para calentar su corazón, su corazón de madera, su corazón de la buena suerte. En la noche ella eleva sus brazos suplicantes y crea a voluntad una pequeña noche de luna.” (1)

ALEJANDRA PIZARNIK

 

 

 

 

 

               “Uno de mis amigos de mayor edad tuvo con ella una relación sentimental: la describe como adorable, extraordinaria e insoportable. Había que turnarse para lograr que se durmiera en el departamento de la calle Charcas, en Buenos Aires, siempre aterrorizada por la posibilidad de que su madre viniera a invadir su espacio. Había que estar atento al teléfono aguardando la repetida noticia: ”Alejandra se suicidó de vuelta”, hasta que un día de 1972 la casi rutinaria advertencia se volvió realidad. La conocí en el bar de la Sociedad Aargentina de Escritores, ese mismo año. Fue la única vez que la vi: medía un metro y medio y no dejaba de hacer citas literarias hasta el hartazgo. Cuando murió, empezó a ser canonizada lentamente y hoy es una leyenda explotada hasta el límite: todos la trataron, todos fueron sus amigos íntimos, todos tienen la clave de su poesía. Era una poeta auténtica y le tocó la suerte que se puede esperar cuando el talento es ”reconocido”: la incorporación al panteón, previa desfiguración ritual”, dice Luis Benítez. (2)

 

 

 

 

 

            Uno de los abordajes más convencionales a la obra de Pizarnik, hija de judíos de Avellaneda escapados del nazismo (con varios familiares exterminados), es el que  ha rondado casi siempre ciertas cuestiones no muy claras y de interpretación equívoca de su vida privada y personal, sobre al parecer su eterno mal humor, su deseo de caer mal, su crítica permanente, su no hermosura de chica muy bajita, su bisexualidad o lesbianismo en una época en que no era fácil sostenerlas, la negritud de sus pensamientos y sentimientos más habituales, sus anuncios de suicidios (fallidos, hasta el de 1972), la decisión de varios amigos y conocidos de mantenerla a distancia porque les ensombrecía el ánimo, y todas esas cosas que se dicen, verdaderas o mentiras a medias, todo dentro del complejísimo, inteligente y amplísimo abanico de amistades y relaciones que Pizarnik tenía.

               

 

 

 

                   Pizarnik, en verdad, no calzaba en el molde. Casi en ningún molde. Primero que todos en el molde familiar. Ayer ví en Canal (á) un informe sobre ella, con entrevista a su madre, y puede comprenderse el horror que la poeta sentía ante la posibilidad de encontrarse con esa madre que, al parecer, todavía no entendió nada de su hija. ¡Ay, mamita querida! Pero, seguro, el “asunto Pizarnik” no es tan simple como difícil fue en verdad su relación materno-filial, que mucho debe haber hecho para su incomodidad permanente en este mundo, en Argentina o en París, ciudad esta última en que pasó necesidades y hambre, y también conoció a importantes figuras, como Cortázar, que  la querían mucho.

             

 

 

                     Pero cuando se nace y se construye en el deseo de suicidio, creo, no hay casi nada que hacer. A lo sumo, postergar. El suicidio, por un lado, y Prometeo o Sísifo por otro. No hay una tercera salida ni senda. Soy dogmático, también, en este aspecto. ¡Y ojo que considero que tanto Prometeo como Sísifo son dos grandes voluntariosos, invencibles y,  en el fondo, un par de optimistas, tipos apoyados en la diosa Confianza porque saben que son ellos los que nos pueden salvar, o ninguno lo hará!

 

 

 

 

 

 

                 “… los distintos emblemas poéticos de la obra de la poetisa argentina Alejandra Pizarnik. Desde la infancia (imagen reiterada con más insistencia), el jardín (observar las vinculaciones con la obra de Lewis Carroll, “Alice Liddell”,  “Alicia en el país de las maravillas”), Alejandra se erigirá en ardiente enamorada del viento, escogiendo el ámbito de la noche para crear y aludiendo, a través del espejo, a la abstracción de la escritura y al estrecho vínculo que ésta mantiene con la otredad.” (3)

 

                   

                 Como se dice más arriba, los temas de Pizarnik fueron la infancia perdida e irrecuperable, el jardín, el bosque, el viaje, el viento, el espejo, la noche y la MUERTE, por supuesto. Otros agregan el Vacío. Y el lenguaje o el deseo o ilusión de nombrar a las cosas para “agotarlas” y “ordenarlas”, “aclararlas” y encontrar así nuestro lugar en el mundo, lo que no siempre es posible, o solo suele poder lograrse a medias. Dar en el centro puede ser algo de hoy, pero mañana nosotros u otros descubrirán que hay otros centros, otras formas de nombrar con el lenguaje o que hay cosas nuevas que requieren nuevas y desconocidas formas de nombrar, de usar el lenguaje. Eso es el Hombre. Por eso su angustia. Por eso la neurosis. Los despreocupados de estos temas “inútiles”, son los verdaderos locos peligrosos, los psicóticos, y tal vez también lo psicópatas. Es probable que el simple y común neurótico, si sufre demasiado, opte por el suicidio, que es una solución. Una solución de muerte, no de Vida, pero, se sabe, la vida integra a la Muerte. La vida viene con Muerte. No es que la muerte traiga la vida. En la Muerte no hay nada. Es la Vida la que hasta ahora se ha empeñado en surgir y resurgir.

 

 

 

Obituario de una desaparecida

“Yo estaba predestinada a nombrar las

cosas con nombres esenciales. Yo ya no 

existo y lo sé; lo que no sé es qué vive en

lugar mío. Pierdo la razón si hablo.

pierdo los años si callo. Un viento

violento arrasó con todo. Y no haber

podido hablar por todos aquellos que

olvidaron el canto.”

Alejandra Pizarnik (del obituario de la desaparecida política Adriana Silvia Boitano, secuestrada por los militares el 24 de abril de 1977. Publicación en el diario Pagina12 del 24 de abril del 2005, Buenos Aires)

         

                Pienso que Pizarnik no encajaba en más de un molde. Tampoco en el de los años sesenta y setenta argentinos, de plena efervescencia revolucionaria socialista y de izquierda peronista, que, como se sabe, terminó en una gigantesca represión con 30 mil desaparecidos, cuyos restos aún se buscan. Pizarnik podría corresponder mejor -lo adelantó sin saberlo y sin proponérselo- al clima de la post represión genocida. Al clima de muerte. Ella no coincidía en cronología con el entusiasmo revolucionario de los jóvenes que imaginaron y proyectaron lo que no existía ni podría sobrevenir. No pegaba con el “Nuevo Hombre”. Pero sí puedo pensar que en gran medida se adelantó a la negrura mortuoria -por asesinato masivo y tortura- que vendría. Ya en 1972, cuando tomó sus pastillas de Seconal, después de otros intentos, es probable que su talento perceptivo poético intuyera con claridad el futuro de los acontecimientos, no su detalle político pero sí el ánimo cruel, violento, brutal y de desesperanza que al final ganó  la partida.

 

Amílcar Moretti, domingo 23 de setiembre, casi  la medianoche. Argentina, La Plata.

(1) “Retrato de voces”, pág. 364. Alejandra Pizarnik, Obras Completas. Corregidor, 1998, Buenos Aires.

2) Luis Benítez. “Alejandra Pizarnik revisitada”. http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/benitez_luis/alejandra_pizarnik_revisitada.htm

3) “Los emblemas poéticos de Alejandra Pizarnik”. Josefa Fuentes Gómez. Universidad de Murcia. http://www.um.es/tonosdigital/znum13/secciones/estudios_I_pizarnik.htm

(imagen de la revista “Ñ”, del 18 setiembre 2010. Nota Alejandra Cosín.)

Una respuesta to “Pasado mañana se muere Alejandra Pizarnik por suicidio. Cuarenta años sin la poeta.”

  1. Néstor O. Fernàndez (Necochea) Says:

    Muy buena nota de una inolvidable y trágica escritora.

    Me gusta

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