AMO EL DÓLAR: ODIO AL GOBIERNO QUE MODERA EL DESEO ANTISOCIAL DE “SALVACIÓN” INDIVIDUAL Y FRAGMENTADA MEDIANTE LA REGRESIVA “CULTURA DEL DÓLAR”

 

 

 

Foto de Ceci Estalles. Cacerolazo del 13 setiembre 2012, Bs. Aires. “Vengadores” al revés: toman “revancha” o “Venganza” contra un gobierno que intenta distribuir riqueza.

         

                       “… la forma de cortar una adicción (1) surgida en años de devaluaciones y corralitos que había convertido a la Argentina en el país con más dólares per cápita después de Estados Unidos. Y, al mismo tiempo, hacer ese corte en el marco de una inflación importante.

 

 

                     “El peligro de esa adicción en un país con inflación son las corridas cambiarias. Y el peligro es más grande aun cuando esas corridas muchas veces son provocadas por grandes empresas exportadoras para obligar a una devaluación drástica del peso. Y más peligroso aún es si esa corrida se produce en el contexto de una crisis mundial. Con ese marco, una devaluación forzada hubiera podido llegar a provocar una crisis peor que la híper de Alfonsín.

 

 

                    “El contexto previo al cierre de la canilla era el de miles de millones de dólares girados al exterior o llevados al colchón. Un clima intoxicado con versiones de corralitos y devaluaciones que no ocurrieron. Los mismos empleados bancarios aconsejaban retirar los depósitos. Si esa corrida no paraba, la economía difícilmente sobreviviera. O sea: los sectores de clase media que están rabiosos porque tienen pesos pero no pueden comprar dólares, ahora no tendrían esos pesos para comprarlos. La canilla de los dólares se cerró para proteger a una economía que hizo prósperos a los mismos que reaccionan furiosamente contra esas medidas.”

 

                  “La furia fue llamativa. El odio dio vergüenza ajena. La bronca por el dólar estaba subyacente y con mucha fuerza, pero no alcanza para explicar todo. El odio forma parte innata, constituye la amalgama de una cultura donde la supuesta superioridad social, económica o cultural, otorga licencia para matar. Es algo que tiene raíces históricas en la Argentina donde la supuesta ilustración siempre apareció enfrentada al progresismo real de las masas. “

 

(1) Cuando apela al concepto de “adicción” alude al procedimiento clásico de muchos sectores de clases medias bajas, medias-medias, clases medias altas y clases altas de comprar dólares en Argentina con moneda nacional a efectos de guardar en bancos, en la casa -“bajo el colchón” de la cama, suele decirse- o para fugar del país de modo ilegal, claro. En determinados momentos, largos por cierto, la cantidad de dólares en el exterior pertenecientes a argentinos igualaba al monto de la deuda externa en dólares que debieron pedir varios gobiernos, con intereses altísimos, para poder mantener un mínimo mantenimiento de la economía. Fue un procedimiento clásico y oneroso convertida en cultura ciudadana antisolidaria  desde la dictadura militar argentina,  instalada en 1976.)

(de Luis Bruschtein. Fragmento de su nota “Odiólar”, aparecida en el diario Pagina12 de Buenos Aires, el sábado 22 de setiembre del 2012. Leer nota completa en: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-204010-2012-09-22.html)

Foto por Ceci Estalles. Revista Anfibia. Cacerolazo en Buenos Aires 13 set. 2012.

 

 

¿QUÉ HACER CON LOS MUCHOS

CACEROLEROS QUE RECLAMAN LA

LIBERTAD DE SALVARSE SOLOS o EN

PEQUEÑOS GRUPOS? ¿QUÉ HACER

CUANDO SE APROPIAN

DECLARATIVAMENTE DE IDEAS

PROGRESISTAS?

 

 

 

(COMIENZO Y APUNTES PARA UNA  REINTERPRETACIÓN DE LOS NUEVOS SÍNTOMAS SOCIO-CULTURALES ARGENTINOS POST 2001 (QUE NO VAYA A REPETIRSE AUMENTADO EL CONFLICTO “DEL CAMPO”)?   

Escribe
AMÍLCAR MORETTI

 

 

 

COMPRENSIÓN PARA LAS CEREMONIAS DE LA DISTORSIÓN POLÍTICA ANTIÉTICA Y ENVILECEDORA. ¡OJO CON LA MORAL DEL LUGAR COMÚN PROGRESISTA! ANTE EL ODIO SOCIAL CLASISTA Y MEZQUINO, TAMPOCO LA “OTRA MEJILLA” SINO EL TOLERANTE Y REFLEXIVO EJERCICIO DE LA COMPRENSIÓN POLÍTICA Y LA PRÁCTICA INTELIGENTE DE PERSUASIÓN Y NEUTRALIZACIÓN DE LO QUE, POR AHORA, NO ES GRAVE PERO SÍ RECLAMA MUCHA OBSERVACIÓN Y PERSPICACIA IDEOLÓGICA.

              Es probable -tema a debatir, filosófico- que la política no tenga coincidencias plenas con la moral, con los sistemas morales precisos y legitimados públicamente. El lamento moral no suele ser un arma efectiva y eficiente contra las política injustas. Entiendo que una política injusta es una que no asegura la equitativa distribución de la riqueza de una nación en su comunidad y naciones hermanas. Al menos, eso. La crítica moral -en general convertida en simple moralismo, vacío y sin repercusión real- no parece buen arma -más allá de las edificantes intenciones declaradas- para abolir la injusticia no distribucionista, o dicho de otra forma, injusticia social. Más preciso: la política es injusta si no asegura o está encaminada hacia la igualdad. La libertad y la igualdad. Eso al menos desde fines del siglo XVIII y la Revolución Francesa, es decir, con las democracias burguesas, de las cuales surge la posibilidad material y “espiritual” de garantizar igualdad.

              Si aceptamos que la moral no suele coincidir con la política hecha práctica, convertida en praxis, con la política ejecutada en la realidad, en cambio sí hay y debe haber un vínculo entre política y ética. La ética entendida como serie de principios igualitarios, libertarios o liberales, que validan y sustentan  igualdad social y libertad individual y colectiva, que no es lo mismo que “permiso para explotar al otro”. Entonces, si alguien -individuo, clase social, grupo social, empresa, corporación- atenta contra el principio de igualdad social y libertad individual y colectiva adaptada al interés común, ejerce una forma de política no ética, contra la ética, antiética. Por ejemplo, no hay sentido de decencia cívica, comunitaria ni individual, no hay ética en acumular dólares en Argentina para fugarlos a otra nación o paraíso financiero. No es una política justa, individual o de grupo, acaparar dólares en tanto se perjudica a la comunidad toda, menos aún si un gobierno -como el de Cristina Fernández de Kirchner- intenta regular la inmoderada, injusta y ilegal costumbre de fugar dólares, de llevarlos al extranjero de forma clandestina, de hacer negocios no declarados o de depositarlos en bancos no controlados de los países o estados (hay un estado “provincial” en Estados Unidos) que permiten sin ningún tipo de supervisión ni control el depósito de grandes e inimaginables cantidades de billetes de origen y destino dudosos o desconocidos.

        Esta “cultura del dólar”, muy propia de la Argentina, sobre todo desde mediados de los años 70 del siglo pasado, cuando la última dictadura militar y aún antes, para el ciudadano común fue a veces una forma de ahorro, conservacionismo y resguardo distorsionada por y ante las constantes devaluaciones de la propia moneda argentina y por la inflación a veces enloquecida. Con Cavallo-Menem llegó a ser una “cultura”, una manera de vivir y hacer. Que se salve quien pueda, fue la consigna. El que pueda acumular dólares, se “salva”. No importa cómo se consigan. Esto es, también, una forma no declarada de hacer política. Es antiética, prescinde de la comunidad. Puede también ser inmoral, pero esa valoración no interviene. De hecho en su momento y por largo tiempo a nadie le interesó, menos a quien compraba y acumulaba dólares. Se trató de una política general, de una verdadera cultura basada en el dólar y el consumo a la norteamericana (de películas de Hollywood) que envileció la conciencia cívica a costa de la conciencia política de la ciudadanía.

 

Foto de Ceci Estelles. Cacerolera 13 set. 2012. Revista Anfibia (ver post anterior).

 

 

               Argentina siempre fue un país muy politizado, al menos desde el siglo XX la mayor parte de la ciudadanía pesó en el aspecto político. No sucede en muchos países del mundo. Ni siquiera de la “desarrollada” y antigua Europa. Menos aún en Estados Unidos. Tampoco sucede en muchos países latinoamericanos, salvo algunos en determinados momentos. Eso nos ha distinguido siempre y convertido en la Atenas de América latina. Un país laboratorio de nuevas realidades, muchas veces anticipadas en lo social, cultural y económico. Por ello las dictaduras militares argentinas siempre se esforzaron por eliminar la política. Durante los diez años de cavallo-menemismo pareció haberse logrado la eliminación de la política, el debate político sobre temas centrales. La población pareció ausentarse a cambio de un viaje al extranjero o un producto chino comprado en un shopping. Un soborno vil: posibilitarle viajes, electrodomésticos y consumos varios a un sector amplio de la población a cambio de no pensar políticamente la realidad y al mundo, una verdadera cultura argentina. Se vació el país, en política y economía.

                Todo estalló, se sabe, en el 2001, con un precedente de años de luchas socio-políticas novedosas e inéditas en el mundo: por ejemplo el movimiento piquetero como reacción contra la política de desempleo masivo, un proceso de diez años meticulosamente oculto por la gran prensa.  Algo similar, de mayor perdurabilidad y arraigo sucedió años antes con el movimiento de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, fenómeno también inédito y original en el mundo, reconocido en todo el planeta como modelo de resistencia pasiva y esclarecedora, de elaboración intelectual-afectiva permanente. Que no es lo mismo que los “indignados” de Europa: allá empezaron quejándose porque se dieron cuenta que no iban a poder consumir más “a la norteamericana”. Aquí el 2001 fue el estallido porque se habían robado todo: habían saqueado y malvendido  para nada gran parte del capital acumulado por la población durante décadas. La “indignación” argentina del 2001 no fue porque iban a dejar de consumir sino porque nadie o no muchos iban a poder comer, cuando ya había resultado muy difícil comer y subsistir desde mucho antes.

                  Por eso, los cacerolazos en Buenos Aires  y otras ciudades argentinas del jueves 13 de setiembre pasado son manifestaciones sociales y culturales que procesan tergiversado una tradición de protesta colectiva.   Suele ser una clásica táctica de la derecha; absorber los procedimientos defensivos originales de la reforma social progresiva y contradecirlos en su esencia y meta.  En el nutrido cacerolazo de semanas atrás  se “defendió” el privilegio de consumir en un nivel y de comprar dólares a costa del resto de la comunidad. Este contenido “odio social” brutal, necio y atemorizante, ahora explicitado, debe ser analizado y comprendido.  40 mil o 100 mil personas en la calle constituye cuando menos un fenómeno llamativo. ¿Qué quieren? Hay que interpretarlos y acomodarlos para su equilibrio con el resto de la sociedad masiva. Hay grupos y siempre los habrá brutales, mezquinos, necios y autoritarios. Grupos sociales paralelos a una política del antidistribucionismo. Se trata de grupos considerables que, de ser sinceros en lo que declaran defender en política, deberían salir a la calle junto a obreros, estudiantes, intelectuales y grupos medios progresistas para apoyar la profundización de políticas de inversión productiva, renacionalización y reestatización de lo regalado en los años 90, restitución de leyes laborales y sociales y reclamo de contribución de los sectores ricos y patronales a las políticas de apertura de fábricas y mejores salarios. La crítica al gobierno podría haber sido por allí. Y mejor aún: poner entre la espada y la pared a la oposición. Que esa parte del pueblo que salió a la calle gobierne y reclame a través de sus representantes en el poder legislativo para una mayor igualdad y libertad para realizarse como persona junto al que está a nuestro lado y en el punto más lejano del país. Decir “autoritaria” a Cristina Kirchner o acusar de dictadura a su ciclo de gobierno es un disparate guiado por el odio social basado en la ignorancia política, la política antiética y el deseo oculto e indiferente ante las consecuencias de una regresión hacia un tipo de sociedad y mundo de tal grado de injusticia que puede exterminarnos a todos, o casi.

 

 

“No te tenemos miedo”. Foto de Ceci Estelles, revista Anfibia. No obstante la pintada, muchas imágenes fueron suprimidas en los medios por la brutalidad de los escritos y dichos de los caceroleros del 13 de setiembre contra el gobierno de Cristina Kirchner.

Una respuesta to “AMO EL DÓLAR: ODIO AL GOBIERNO QUE MODERA EL DESEO ANTISOCIAL DE “SALVACIÓN” INDIVIDUAL Y FRAGMENTADA MEDIANTE LA REGRESIVA “CULTURA DEL DÓLAR””

  1. Néstor O. Fernàndez Says:

    La ofensiva de los sectores de la derecha nacional es màs injtensa que nunca en la era democràtica. Tiene los prinicpales medios a su favor (porque integran esa oposiciòn inescrupulosa) y es capaz que perpetrar los màss variados crìmenes para impedir una mejor distribuciòn de la riqueza.

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