ESE AROMA DE MUJER, SIN PERFUME

 

 

Escrito
AMÍLCAR MORETTI

 

                   Dirás que estoy loco, mejor, piantao, y es probable que tengas razón. Siempre he sido un hispersensible olfativo. Siempre, no sé porqué. Lo digo muy en serio: soy un hiperestésico frente a los olores (hiperestesia: “sensibilidad excesiva y dolorosa”, dice la academia de las palabras). Me recuerdo (yo a mí) a un personaje de Poe (¿el de la Casa Usher?), que en cine hizo Vincent Price.

             Bueno, lo siguiente: hace un mes vino a casa una muchacha de Buenos Aires, actriz, a posar para una sesión de desnudo en fotografía. En general, las modelos de desnudo -es mi experiencia- no usan perfumes para las sesiones. (Tengo una teoría acerca de ello, pero no es asunto para este momento).

                      Apenas ingresó la bella chica, espigada, la piel muy blanca, el cabello lacio larguísimo y suave, sentí que el aire se inundaba de un olor singular. Lo he sentido otras veces, pocas, creo, pero no asociado, traído consigo por una mujer bella y joven. La primera impresión no me fue del todo aceptable, pero sí fuertemente atractiva. Poderosamente atrayente. Diría, un buen olor. Olor de mujer, olor a Mujer. Como la película con Gassman, que después quiso imitar Al Pacino, inútilmente aún con tango bailado y todo. Gassman fue, era superior a Pacino (salvo que Pacino es una star).

                    Intentaré ser más preciso, o descriptivo, aunque sé que no es transmisible: no hay palabras para hacer sentir a otro lo que registra un sentido, lo que se siente con los sentidos. Esa experiencia es intransferible, se sabe. Además, los olores significan y evocan algo diferente en cada uno, según experiencia e historia de vida, según la memoria de cada cual. El aroma penetrante, sustancioso, pleno de corporalidad, inundó -y no exagero- toda la casa, más aún a medida en que ella ingresaba en cada habitación que le mostraba como un posible escenario de sus desnudos.

                     Me pregunté cómo definir dicho olor tan sugestivo que emanaba ella. En seguida surgió la palabra: progesterona. Olor a progesterona pura. Pura hormona femenina. A su intensidad, se unía -se unió- la permanencia del aroma, a esta altura ya un aroma para mis papilas, de olor penetrante a aroma penetrante y de marcada permanencia. Horas después de esa primera vez, el aroma en plena vigencia -aunque ya acostumbrado a él- no fue sentido por Cristina. Ella aduce, en estos casos, que es menos sensible en lo olfativo que yo. Pero el aroma penetrante y establecido estaba, permanecía. Lo sentí en algunas ropas, absorbentes, y hasta creo que en algunas cosas.

                   Ya a medias la sesión de desnudez en fotografía, no pude resistir la idea de comentárselo a la autora, aún a riesgo de disgustarla o ser mal entendido. Al final, se lo dije. “Te siento -le dije, más o menos- un intenso y penetrante aroma a progesterona.” No sé si es precisamente un elogio, supongo que para mujeres tontas y vanas, no, pero para las hembras sensibles e inteligentes sí. Ella, de inmediato, me respondió: “Ah, sí, tengo el período”. “Bueno -le respondí- pero yo nunca le sentí esa fragancia a la menstruación”. Y aclaré, no sé si con tino pero sí con franqueza, con ignorancia total de si estaba o no hundiéndome en el fango: “Además, no proviene de tus genitales, es tu presencia toda la que emana la fragancia”.

                    Ella, entonces, aunque arqueó las cejas, sin espera hizo un gesto de desestimación. No le prestó atención a mi observación. Sólo agregó: “Sí, ya me lo dijeron”.

                      Ese día ahí acabó el tema. La fragancia me duró varios días, hasta que se desvaneció. A veces, todavía, a casi un mes, creo sentirlo por instantes. Yo soy de los que piensan que “las casas saben”, las “paredes saben”. Solo hay que saber leerlas, o sentirlas. Olerlas.

                        Ayer martes, volvió la chica, para otra sesión de desnudo. Aunque menos perceptible, vuelvo a sentir la progesterona. Se lo digo. Y remarco: “Es tu aroma, tu aroma personal”. “Sí, ya me lo dijeron”, repitió sin énfasis, como semanas antes. “¿Qué te dijeron?”, le pregunté más que curioso. “Qué tengo olor lindo en la piel”, me dijo ella, segura. Cerré la boca y aspiré fuerte y profundo.

 

 

 

Miércoles 22 de agosto 2012. Argentina (a 60 kms. de Buenos Aires)

 

 

 

 

 

 

 

ARMANDO TROVAJOLI. “In the Dark”, tema central del filme “Profumo di Donna” (1974), de Dino Rissi con Vittorio Gassman, Alessandro Momo y Agostina Belli.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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