“Desde Roma, la capital de Turquía”. El militar ciego, lisiado, resentido, cínico, canchero, derrotado: “Solo pienso porque aquí soy solo una piedra”. El primo, cura de campo: “Tú Fausto ya estás perdonado. Siempre te he envidiado. Sos afortunado porque tu sufrimiento te libera, te redime. Estás a salvo. Por eso te envidio. Pienso que tu cruz posee tu razón de vida. Solo vos no comprendes que ves más que yo”.

 

 

 

 

 

 

 

(pido asistencia: sospecho que mi traducción del italiano en el diálogo consignado del filme “Perfume de mujer”, primera versión, 1974, no es exacta ni precisa)

 

Jueves 23 de agosto 2012. Argentina.

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