Jennifer Lawrence con esos fantasmas que flotan más que en otros tiempos breves y serenos. Ilusiones dementes o confirmación de la proximidad de la Última Ola. También Solve Sundsbo, noruego

 

 

 

 

 

 

 

Escribe
AMÍLCAR MORETTI

Domingo 19 de agosto 2012.
Argentina. Ciudad de La Plata 
(60 kms. de Buenos Aires)
          

 

 

              Llama la atención la serie de clips producida por la revista del diario The New York Times con improvisaciones ante cámara de catorce actores y actrices de Hollywood, de diferentes edades. En posteos inmediatos anteriores ya consigné uno con la inglesa Tilda Swinton y otro con Michael Douglas. Se trata de pequeñas realizaciones de menos de 60 segundos en los que destaca el talento expresivo, mudo aunque musicalizado, de célebres intérpretes que no siempre, en la medianía  y rutina de las producciones de Hollywood, pueden exponer de modo libre y manifiesto sus cualidades dramáticas, en general tensas, frente a la cámara.

             Todos estos mini-cortos, por bautizarlos de alguna forma, han sido dirigidos por el fotógrafo y cineasta Solve Sundsbo, noruego (n. 1970)  afincado en Londres. Su actividad como fotógrafo “fashion” (moda), según denominamos vulgarmente en Argentina  al creador dedicado con más o menos cualidades y sustancia estética a la fotografía de modas (fashion), es un tanto peculiar porque no sólo juega mucho con las posibilidades de lo digital, a veces artificial y a veces surreal, sino que también es un registrador fílmico documental de algunos aspectos de la cultura de los grandes países capitalistas de Europa y  de, también, los Estados Unidos. En oportunidades anteriores este Blog Erótica de la Cultura ha consignado imágenes de Sundsbo. Muchas de ellas tienen un perfil proclive o explícito erótico  en la imagen emanado del desnudo femenino, en particular de grandes modelos y actrices internacionales. Sundsbo trabaja para grandes marcas como Yves Saint Laurent, Vuitton, Cartier, Gucci, y no escatima la fotografía erótica de desnudo, siempre en el límite de lo “porno chic” o lo explícito soft. Hoy, todas las grandes revistas europeas, de Rusia y China, dedicadas a la moda, tienen notables aunque diferentes cantidades de erotismo, sobre todo el derivado de la “mujer objeto” (Obtejo entendido como mercancía) pero también con extensión a la mercantilización del cuerpo masculino idealizado.

            El caso de la protagonista del clip de New York Times Magazine, Jennifer Lawrence, es diferente. Típica actriz de las últimas camadas de Hollywodd (nació en 1990 en Louisville, Kentucky), esta muchacha fue calificada -quizás de modo apresurado- como la actriz norteamericana joven “más talentosa”. La valoración provino de la revista “Rolling Stone” (como se sabe, la empresa del diario La Nación edita la versión argentina), y en cualquier caso -aunque sea dudoso- es para tenerla en cuenta y observación. Creo que es algo precoz definir a Lawrence como la “mejor”, pero quizás solo sea producto de no haber tenido l actriz posibilidades óptimas para demostrar lo que da. Aquí se la mencionó bastante por una de las películas suyas más taquilleras, “Los juegos del hambre”, estrenada en abril pasado. Una historia de anticipación no del todo lograda pero que reitera esa tétricas anticipaciones de un mundo dividido entre elites superricas y tecnologizadas y masas vagabundas, abandonadas y hambrientas.

                     Jennifer Lawrence es una linda y atractiva rubita norteamericana con el glamour sensual y a la vez restringido por códigos de censura que suelen crear situaciones especialmente paradójicas. Casos como los de Britney Spears, cerca de Hollywood, o hace días el de la pareja de los vampiros adolescentes vírgenes y abstinentes (por lo menos al principio, como shock de imposición moral conservadora). Lo cierto es que la imagen que aparece en el video de Youtube, en blanco y negro como todos los otros de la serie, la muestra -y ella se presenta- de manera muy diferente a lo convencional hollywoodense, televisivo o farandulero “a la Miami Beach” antes de la crisis actual.

                El blanco y negro define y a la vez completa la sustancia y sentido de gravedad de la situación relatada o, simplemente, presentada, actuada. Lawrence está arrinconada en lo que podría ser un calabozo, un cuarto de establecimiento de salud mental (en los años 40 y 50 Hollywood cultivó mucho esta escenificación tétrica, sombría), una habitación abandonada de su casa, la pieza de sus captores o algo similar que conlleva un clima de miedo y, también, terror. Es lúgubre, sobre todo porque “no se dice” quien se acerca (la cámara) a ella para aterrorizarla de ese modo. ¿Su torturador? ¿O simplemente uno de sus fantasmas psicológicos? ¿Es una demente, una víctima de un brote psicótico por drogas duras? ¿Una prisionera política o de esclavitud sexual? ¿Está en Guantánamo o alguna prisión secreta de Estados Unidos o es una esclava en Arabia Saudita o mazmorras de algún país autoritarios asiático?

           La cámara abre cuadro y se acerca a ella. Hay suspenso y temor y a la vez sensualidad. La protagonista viste una enagua blanca que deja ver bien pequeños pero ilustrativos detalles de su carne cerca de los pechos y axilas. Este balance o contrapeso mutuo de sexo y terror suele ser tan efectivo en la narración ficcional como frecuente en la vida real. Contiene alto grado de sugerida violencia sexual. Una joven bella y atractiva, en ropa interior, convoca ideas de abuso sexual, terror por brutalidad sexual. Repito: esta mezcla funciona bien en la taquilla y a la vez es de frecuente ocurrencia en la vida cotidiana: funde y confunde brutalidad, excitación perversa, sexo genital, fantasías agresivas, sensacionalismo, miedo, ansias de venganza, penalidades tan brutales como el delito a sancionar.

          La cámara se acerca a Lawrence, cuidadosa y sensualmente desmelenada y con algunos detalles de desprolijidad y suciedad. Parece sugerir que ya ha sufrido sevicias, o bien que, si su tormento es sólo psíquico, no ha sido del todo bien asistida, ha sufrido abandono o encierro. Al fin y al cabo poco importa si los atormentadores son torturadores psicópatas solitarios o policías de dictaduras o bien monstruos fabricados por su mente.

              La rubia grita como Janet Leigh en la bañera de “Psicosis”, y se desmorona, no por puñaladas como en el clásico de Hitchcock sino por efecto de su miedo. Se desliza hacia abajo en un rincón, en el ángulo de dos desnudas paredes grises y sombrías. Desciende por el cuadro hasta que sólo queda su brazo, su antebrazo, y al final su mano que rasguña en vano la pared, como si quisiese aferrarse a algo que la sostenga de pie. Es Leight cuando su mano resbala hacia abajo en los azulejos de la pared de la bañera después que Anthony Perkins la apuñala.

            Cuando, durante un instante marcadamente fugaz, parece que la situación ha concluído, vuelve a aparecer la mano desesperada, ahora en un movimiento más corto y breve. Resbala, araña y desaparece de cuadro por la parte inferior. Janet Leigh cuando en un último intento de vivir se agarra de la cortina de la bañera y la desgaja de su barral para hundirse en la muerte. Cierra a negro el clip. La música de Owen Pallet ayuda al tono bien subrayado en lo dramático y tenebroso. El suspenso y el miedo, según hacen uso estos clips, se sustenta en la no aclaración de las causas o efectos de la situación planteada, sombría. La incógnita impleca temor para el espectador que en lo personal puede acopiar o asociar la idea de sentirse amenazado por algo o alguien que no sabe qué es.

 

 

Lunes 20 de agosto 2012. Argentina (La Plata)

 

Sølve Sundsbø for W Magazine : “The Ever Changing Face Of Beauty”

(” En el vídeo que os traemos hoy (“The Ever Changing Face Of Beauty”) este fotógrafo (Sundsbo) nos hace una interesantísima propuesta sobre tres aspectos: la luz, el cuerpo humano y la fantasía.”
de: http://www.xatakafoto.com/fotografos/solve-sundsbo-un-fotografo-de-moda-algo-especial )

 

 

 

 

 

Jennifer Lawrence, onda modelo de revista de moda de elite, con registros permanentes de erotismo y desnudo femenino.

 

 

 

 

 

 

 

 

Jennifer Lawrence, onda Hollywood

 

 

 

Las fotos que siguen abajo son todas del noruego Solve Sundsbo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La supermodelo internacional Giselle BUndchen por Solve Sundsbo

 

 

 

Sundsbo fotografía a Scarlett Johansson para la marca Dolce y Gabbana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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