el perfume de ella. foto por Amílcar Moretti. texto (fragmento) de Patrick Süskind

 

 

 

 

 

 

 

 

 

         “Guardó la maza y empezó a actuar con diligente premura. Ante todo desdobló el paño del perfumado y lo extendió sobre la mesa y las sillas, cuidando de que el lado engrasado quedara encima y se mantuviera intacto. Entonces apartó la sábana del lecho. La magnífica fragancia de la muchacha, que se derramó súbitamente, cálida y masiva, no le conmovió. Ya la conocía y la disfrutaría, la disfrutaría hasta la embriaguez más adelante, cuando la poseyera de verdad. Ahora se trataba de empezar cuanto antes, de dejar evaporar la menor cantidad posible; ahora se imponía la concentración y la rapidez.”

 

(de “El perfume“, novela de Patrick Süskind. Pag. 190. RBA Editores, de Editorial Seix Barral. carcelona, España, 1993.)

 

 

Ella: MISHA, dicen. Actriz.

 

Foto por AMÍLCAR MORETTI. Martes 14 de agosto 2012. Argentina.

5 comentarios to “el perfume de ella. foto por Amílcar Moretti. texto (fragmento) de Patrick Süskind”

  1. Carlos Diaz Says:

    Aclaración: cuando elogié el comienzo del libro y dije que tenía el mejor comienzo de la literatura, resulta obvio que me refería a la literatura que conozco, que no es mucha.

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  2. Carlos Diaz Says:

    Te parecés a Jean-Baptiste Grenouille (cuidado…) Te mandaste un hermoso cuento, no por bolazo, sino en el sentido literario.Si lo provocó mi modesta observación, quedo muy contento. Y gratificado, como seguramente lo estarán otros lectores del blog.

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    • Debes estar contento y gratificado, mi querido Süskind. Sucede que el hecho relatado es cierto. Si no me equivoco, todo en el relato es veraz. Pero lo provocó tu observación, Patrick. Sin ella no hubiera habido ese cuento, como lo denominas. Y también, claro, debe ser un cuento. Ya volveremos a recorrer las calles, juntos, para sentir esa intensa fragancia de piel femenina, como antes.

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  3. Carlos Diaz Says:

    Ya me parecía que tenías escondido por ahí “El perfume”.
    Se que es absolutamente subjetivo, pero para mi tiene el comienzo más extraordinario de la literatura. Me gusta más (y es bastante decir) que el de “Cien años de soledad”.

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    • Dirás que estoy loco, mejor, piantao, y es probable que tengas razón. Siempre he sido un hispersensible olfativo. Siempre, no sé porqué. Lo digo muy en serio: soy un hiperestésico frente a los olores (hiperestesia: “sensibilidad excesiva y dolorosa”, dice la academia de las palabras). Me recuerdo (yo a mí) a un personaje de Poe (¿el de la Casa Usher?), que en cine hizo Vincent Price. Bueno, lo siguiente: hace un mes vino a casa una muchacha de Buenos Aires, actriz, a posar para una sesión de desnudo en fotografía. En general, las modelos de desnudo -es mi experiencia- no usan perfumes para las sesiones. (Tengo una teoría acerca de ello, pero no es asunto para este momento).

      Apenas ingresó la bella chica, espigada, la piel muy blanca, el cabello lacio larguísimo y suave, sentí que el aire se inundaba de un olor singular. Lo he sentido otras veces, pocas, creo, pero no asociado, traído consigo por una mujer bella y joven. La primera impresión no me fue del todo aceptable, pero sí fuertemente atractiva. Poderosamente atrayente. Diría, un buen olor. Olor de mujer, olor a Mujer. Como la película con Gassman, que después quiso imitar Al Pacino, inútilmente aún con tango bailado y todo. Gassman fue, era superior a Pacino (salvo que Pacino es una star).

      Intentaré ser más preciso, o descriptivo, aunque sé que no es transmisible: no hay palabras para hacer sentir a otro lo que registra un sentido, lo que se siente con los sentidos. Esa experiencia es intransferible, se sabe. Además, los olores significan y evocan algo diferente a cada uno, según experiencia e historia de vida, según la memoria de cada cual. El aroma penetrante, sustancioso, pleno de corporalidad, inundó -y no exagero- toda la casa, más aún a medida en que ella ingresaba en cada habitación que le mostraba como posibles escenarios de sus desnudos.

      Me pregunté cómo definir dicho olor tan sugestivo que emanaba ella. En seguida surgió la palabra: progesterona. Olor a progesterona pura. Pura hormona femenina. A su intensidad, se unía -se unió- la permanencia del aroma, a esta altura ya un aroma para mis papilas, de olor penetrante a aroma penetrante y de marcada permanencia. Horas después de esa primera vez, el aroma en plena vigencia -aunque ya acostumbrado a él- no fue sentido por Cristina. Ella aduce, en estos casos, que es menos sensible en lo olfativo que yo. Pero el aroma penetrante y establecido estaba, permanecía. Lo sentí en algunas ropas, absorbentes, y hasta creo que en algunas cosas.

      Ya a medias la sesión de desnudez en fotografía, no pude resistir la idea de comentárselo a la autora, aún a riesgo de disgustarla o ser mal entendido. Al final, se lo dije. “Te siento -le dije, más o menos- un intenso y penetrante aroma a progesterona.” No sé si es precisamente un elogio, supongo que para mujeres tontas y vanas, no, pero para las hembras sensibles e inteligentes sí. Ella, de inmediato, me respondió: “Ah, sí, tengo el período”. “Bueno -le respondí- pero yo nunca le sentí esa fragancia a la menstruación”. Y aclaré, no sé si con tino pero sí con franqueza, con ignorancia total de si estaba o no hundiéndome en el fango: “Además, no proviene de tu entrepierna, es tu presencia toda la que emana la fragancia”.

      Ella, entonces, aunque arqueó las cejas, sin espera hizo un gesto de desestimación. No le prestó atención a mi observación. Sólo agregó: “Sí, ya me lo dijeron”.

      Ese día ahí acabó el tema. La fragancia me duró varios días, hasta que se desvaneció. A veces, todavía, a casi un mes, creo sentirlo por instantes. Yo soy de los que piensan que “las casas saben”, las “paredes sabe”. Solo hay que saber leerlas, o sentirlas. Olerlas.

      Ayer martes, volvió la chica, para otra sesión de desnudo. Aunque menos perceptible, vuelvo a sentir la progesterona. Se lo digo. Y remarco: “Es tu aroma, tu aroma personal”. “Sí, ya me lo dijeron”, repitió sin énfasis, como semanas antes. “¿Qué te dijeron?”, le pregunté más que curioso. “Qué tengo olor lindo en la piel”, me dijo ella, escueta. Cerré la boca y aspiré fuerte y profundo.

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