UN RUBOR PARA EL ORGASMO FEMENINO, O BIEN, SI NO SIENTE NADA, ¡MAQUÍLLESE!

         

               NO HAY GRAN MODELO SIN GRAN

DISEÑADOR Y GRAN FOTÓGRAFO,

ASÍ COMO NO HAY GRAN ACTRIZ

SIN GRAN DIRECTOR.

Y AHORA NO HAY

ORGASMO FEMENINO

SIN AUDAZ MAQUILLADOR.

 

 

 

 

COGER (CON GOCE-PLACER)

ES PURO MAQUILLAJE

 

 

 

Escribe

AMÍLCAR MORETTI

               

           Parece que el orgasmo es hoy interpretado como una tendencia en aflojamiento, y muy cara en dinero, por cierto. Una apariencia, si se quiere. El orgasmo de la mujer necesita ahora de maquillaje. Al menos en el mundo de la alta moda, con esas modelos altas, pálidas y muy serias, frías pero carnosas, al menos muchas de las que desde hace unos años están en la cima, que vienen del este europeo, de Rusia o sus países satélites, durante el comunismo.

 

 

           Si se observa a Ginta Lapina, rubia lituana de 22 años nacida en Riga (también de Lituania es Edita Vilkevisciute, otra de las más nombradas hoy), en el último clip para lanzar una línea de rubor llamada Orgasmo de la empresa NARS, del maquillador Francois Nars, no hay más que concluir que los orgasmos femeninos vienen en baja. Puede ser otro efecto destructor del capitalismo financiarizado. Se sabe, el dinero “sublima” (sustituye) al sexo, al placer erótico genuino, libertario y sin paga.

 

 

       Basta comparar el orgasmo de Ginta Lapina con el archiconocido de Meg Ryan en 1989 cuando le representó a Billy Cristal la farsa del final frenesí del placer en la cama, en el filme “Cuando Sally conoció a Harry”, de Rob Reiner. El de Ryan no fue tan gritón como el estereotipo en las películas porno común (que los hay, claro), con sus invocaciones a “¡Mi Dios!” (por aquello tan viejo de “verle la cara a Dios”, es decir, la iluminación suprema que te quita o hace trascender el cuerpo, aunque sea por el segundo de la “petit morte”). Ryan se mesaba los cabellos sentada en su silla de la cafetería, frente a su hamburguesa, ante los ojos atónitos y hasta pudorosos de Cristal, al tiempo que jadeaba, lanzaba quejidos en ascenso, invocaba un poco a la divinidad y lanzaba, claro, algunos sí de consentimiento y aprobación.

 

 

           Ginta Lapina, no. A ella le alcanza con mover silenciosa la cabeza de un lado al otro, acostada o sentada en un diván, como producto de la acción de hombre, mujer, su propia mano o su imaginación. Es rápido lo suyo: en 48 segundos sale de la quietud y desliza su rostro que es paseada por una luz que pasa y la sume, de modo alternativo, en sombras y lo resplandeciente, como una especie de subibaja, u oscuridad y resplandor, mientras violines suenan al fondo tibiamente dramáticos hasta que comienza un ritmo disco. Ginta apenas si entreabre los jugosos labios (también con lápiz NARS) y pasa sus dedos por ellos, abre y cierra los ojos, nada intenso. Su transpiración es sólo un leve velo de rocío oleoso y, supone, aromático.

 

           La línea Orgasmo tiene como objetivo hacer aparecer a la mujer con ese tono y apariencia que ellos –los ricos de la moda europea- refieren como “Get The Afterglow” (algo así como “tengo el rubor”, el resplandor, la luz , la luminiscencia post orgasmo), lo que el personaje de La Chona (la actriz Haydé Padilla) llamaba aquí “La alegría del vivir”. Mejillas sonrosadas y labios hinchados, ojos algo entrecerrados pero vivaces y muy intensos, con los signos de la dilatación orgásmica, de ese sentirse completa que sólo se retiene con buen sexo y apenas por unos instantes, aunque la sensación de completud dure más.

 

          Lo que no queda del todo claro es si el orgasmo de Ginta Lapina se lo proporciona ella u otro, como se dijo, o bien el mismo maquillaje. La asociación es obvia: si Ud. usa NARS (marca europea carísima) tendrá rostro con piel de bien amada. O bien si Ud. no está para nada satisfecha y tiene inhibiciones, dificultades o carencias sexuales, compre y use Nars, y olvídese del sexo. Parecerá bien cogida. Eso produce entre envidia o admiración. Y coincide con estos tiempos: más dinero y menos disfrute del coger. Si usted quiere ser (parecer) algo en la vida, tenga dinero, no orgasmos. El sentido es el dinero. O el dinero es Sentido. Lo otro es maquillaje, dice el capitalismo de vidriera y consumo.

 

 

Lunes 18 de junio 2012. Argentina (a 60 kms. de Buenos Aires)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Postluminiscencia orgasmo o no, la piel bronceada maravillosamente de Ginta Lapina en el vídeo del orgasmo NARS no hará nada para dañar a sus esfuerzos. Podéis verlo a continuación. En España aún no es muy conocida pero en países como Estados Unidos lleva mucho tiempo en el top ten de las listas de ventas cosméticas. Todas las gurús hablan de sus productos.

 

 

                “La idea nace de Francois Nars, un maquillador famoso que ha reinventado el estilismo de personajes de la talla de Madonna o Naomi Campbel, Ha colaborado con diseñadores como Marc Jacobs, Karl Lagerfeld, Versace, y también ha trabajado conjuntamente con diferentes fotógrafos del mundo de la moda. A pesar de su corta edad, es conocido por su rápido ascenso en el mundo de la moda, Paris, Londres…

 

           “Nars se conoce en el mundo del maquillaje por tener una estética irreverente, atrevida y única. Su “buque insignia” son sin duda los coloretes,  tanto es así, que más adelante dedicaré un post solo a sus blushes. Sus productos son conocidos por la alta pigmentación que poseen, la calidad de las texturas y el resultado final.”

http://cosmeticos.net/nars-alta-cosmetica.html

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