Clases medias consumistas de Argentina, muchos años autopraclamadas “apolíticas”, muestran de pronto un brote de “politización” para defender a la derecha económica más reaccionaria, que también ha de destruir a buena parte de ellas

 

 

             “Un sector de la derecha autointoxicada por el discurso sistemáticamente insultante y agresivo de los grandes medios ha llegado a un nivel de bronca similar al que se sintió durante el conflicto por la 125, pero en este caso le resulta difícil extenderla a una porción importante de la sociedad como pudo hacerlo aquella vez.

 

 

              “Por ahora es nada más que un grupito desbordado por el odio, y por esa razón ofrece la posibilidad de aproximar una mirada antropológica. Sobre todo habría que viviseccionar ese factor de violencia latente, de violencia de minoría, que revela en forma consciente el desprecio por la mayoría.

 

 

                  “Hay una justificación de la violencia para hacer prevalecer a esa minoría que se reclama “honesta, ética, inteligente y republicana” en contraposición a una mayoría a la que consideran desprovista de cualquiera de esos dones.

 

 

 

 

 

 

 

 

             “La pregunta es si fue una coincidencia que hayan confluido tres protestas (regulación de la compra de dólares y protesta por el aumento de los propietarios rurales grandes) (2) en la misma semana o si se trató de regenerar en forma artificial un clima de crispación exagerada en la sociedad. Los caceroleros fueron la expresión más fiel de ese intento.

 

 

                  “Es un grupo focalizado geográficamente en los guetos de la derecha y ellos mismos se asumen como parte de una “clase media blanca”, muy urbana, muy porteña, con todos los condimentos más o menos vergonzantes de ese grupo social, que no quiere mostrar abiertamente sus simpatías por los militares, su admiración por el “estilo de vida americano”, su necesidad de diferenciarse de los sectores más pobres en ascenso, su afán por defender el interés de las elites económicas como forma de sentirse parte de ellas, así como su creencia de que todos esos pensamientos constituyen el único sentido común posible, el que establece la frontera con la locura y las perversiones.

 

 

        “Toda esa carga de prejuicios va configurando los contornos de una ideología muy pobre, casi elemental, pero con la carga potente de los extremismos de derecha que terminan por subyugar a otras formas más elaboradas, que tratan de incorporar matices y aceptar concesiones.

 

 

 

 

 

 

 

  “Es difícil ahora pensar en esos contextos (similares componentes sociales que produjeron el derrocamiento violento de Perón en 1955) (1) porque se avanzó mucho. Es difícil pensar en ese rol tan central de las Fuerzas Armadas y de las injerencias tan poco sutiles de la Iglesia y la embajada norteamericana. Sin embargo, en esa sopa de ideas que se estimula para recrear un clima de exasperación y de violencia está el germen esencial de lo que fue una de las etapas más regresivas de la historia reciente. Ningún golpe militar se hizo en nombre de la dictadura, todos instauraron dictaduras, pero en nombre de la democracia. El huevo de la serpiente está en ese discurso.”

 

 

 

  (foto de agencia EFE)

 

(1) y (2) :Aclaraciones del autor del blog.

 

(el texto de este post está conformado por gragmentos de la nota “YPF, Malvinas y cecerolas” escrita poor Luis Bruschtein, diario Pagina12, Buenos Aires.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-196538-2012-06-16.html
Domingo 17 de junio 2012. Argentina.

 

 

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