MARIANA SUPPICICH, PURO SATÉN MORENO. Fotos por Amílcar Moretti. (1era. parte)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escribe
AMÍLCAR MORETTI

 

 

            MARIANA SUPPICICH es bailarina y creadora en danza. Bailarina, graduada en el Instituto Universitario Nacional de Arte, preciado como el más exigente del país en materia de disciplinas estético-expresivas. En las numerosas producciones  de danza y escenificación en las que ha participado, a veces por años, Mariana ha disfrutado de la ductilidad para la metáfora y el sentido que emana de su cuerpo y sus movimientos. Puestas en escena en que la danza, cada vez más, se muestra como un gesto en el espacio de matiz liberador, que no compromete sólo las ideas y emociones sino el cuerpo, el cuerpo desnudo del humano.

Hacer un desnudo no es andar sin ropas. No en un escenario, en cualquier escena de expresión. Actuar en situación de desnudez es otorgarle protagonismo a la piel, a los músculos, para el drama, el conflicto, la tensión, eróticas o no. La carnalidad desnuda, cuando es vehículo de propuestas que apuntan a transformar al espectador, pierde parte de su genitalidad externa y gana en sabor de clara profundidad para el erotismo, erotismo estético que no es excitación hormonal sino refinamiento laborioso que gana en gravedad. La desnudez escenificada puede ser erótica y no erotizante. Si va por el lado del erotismo debe cumplir el requisito de la tensión, la dionísica o la trágica, siempre ambas de profundo conflicto. Pero puede ser una desnudez que indica una belleza hecha cuerpo, sensual, que movilice la sangre, los sentidos, la vista -el más intelectual de los sentidos corporales- para impactar en el pensamiento.

Mariana Suppicich ha hecho todo eso y más. No le asusta su cuerpo desnudo, convive con él. Pero nunca -hasta ayer miércoles- había posado para ser fotografiada en situación de desnudez. Mariana es vivaz, de gran locuacidad en los descansos, vital, fuerte, entrenada, valiente, audaz, bonita, linda y longíneamente sensual. Es carnal, de fragilidad carnal que hace sentir la energía de un cuerpo ejercitado para el disfrute escénico, siempre en acción. Y pensante. Mariana, morocha, de piel tersa y suave y deslizante como el satén, como una muñeca de satén moreno. Mariana maneja su cuerpo, sabe lo que es una mujer, conoce los movimientos justos y precisos. Es serena y de voluntarioso silencio durante los largos momentos de trabajo en las tomas fotográficas.

 

          Después, o antes, ríe, comenta, habla de sus proyectos, de decir algo a través del cuerpo, el movimiento, la luz. Un cuerpo, el suyo, en el espacio y entre las luces y la sombra. Menciona como uno de sus ideales trabajar, por ejemplo, con alguien como Brecht (1898-1956), un texto de brechtiano no tanto por su proposición política e ideológica sino por la forma de cerebralizar, desarmar, desacomodar y aclarar, en el conocido extrañamiento, para que el cuerpo, su bello cuerpo, y el de los otros en la escena logren captar algo de esa esencialidad y sustancia que dura mientras permanece la obra en el escenario, o la vida en esta tierra.

 

 

 

Fotos por AMÍLCAR MORETTI. Madrugada del jueves 23 de febrero 2012. Sesión de fotos registrada ayer miércoles a la tarde. Argentina. La Plata (a 60 kms. de Buenos Aires).

 

 

 

 

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