AMY WINEHOUSE: A muchos nos gustan las chicas de barrio vulgares y zarpadas, al borde del “reglamento”. Y ¿a Ud? (Sí, ya sé, no me diga: No le gustan). No sea pavo, no sabe lo que se pierde.

 

 

 

Amy, con cara de pelotas hinchadas, mira a los hinchapelotas-paparazzi.

 

 

Escribe
AMILCAR MORETTI

         
                          ¿Qué carajo les pasó a (casi) todos con Amy Winehouse por uso y acaso abuso de las drogas? No sólo las últimas crónicas de sus frustrados recitales en Brasil (enero 2011) y Belgrado (junio 2011) motivaron indignadas crónicas por el estado físico y emocional de la artista, y sobre todo por sus condiciones  interpretativas en escena. También, al momento de la muerte-suicidio hace un mes se produjo un festival de regodeo en las profundidades oscuras y lastimosas a que  problemas emocionales y existenciales llevaron a la cantante británica, y llevan a muchísimos otros, al consumo de drogas prohibidas por autoridades sanitarias.

 

 

           En esos obituarios se confunde todavía la pena por la desaparición temprana de una artista pop más que interesante, vigorosa en sus mejores momentos aunque inconclusa y algo dispar en su crecimiento expresivo, y la bronca porque ella –de modo sombrío- haya decidido el juego disponer de su vida. No se habla tanto de lo bueno que cantó y grabó sino de lo lastimero y autodenigrante de sus apariciones públicas –la mayoría de las veces descubiertas por asalto morboso de los paparazzi- en estados afectados por las drogas y el alcohol. Como si su vida íntima y privada importara más en su caso que su obra, algo que puede considerarse sólo en historiadores e investigadores para ampliar la comprensión de los valores y carencias de la producción artística.

 

             Quiero decir que hay como un castigo “moral” que produce goce perverso al que escribe o difunde y cierta “confortabilidad” mediocre, pusilánime en muchos consumidores anónimos de ese tipo de noticias desgraciadas, que parecen deseosos de tomar revancha sobre el éxito, la creatividad, la libertad sin límites y hasta del dolor que se permiten y autorizan a sentir o infligirse a sí mismos esas criaturas desoladas que, en medio del arte, el mercado del show y el dinero, deciden vivir apurada y atropelladamente no sólo porque no se bancan su nueva vida sino porque vienen ya filtrados desde antes.

 

           En cualquier caso no se pone el acento debido en el  fagocitador “show business” musical, o mejor, de la industria del disco. No es que ese medio motive orígenes pero sí, sin duda, maneja y estimula debilidades, carencias y psicopatías. Muchos mencionaron que la obra destacada Winehouse era escasa (dos álbumes) y que hacía años que no presentaba nada. Pocos trajeron a colación que su última propuesta, a comienzos del 2011, fue una serie de temas con exploración en el reggae y no tanto en el soul, que bien le había facturado no sólo a ella sino a la discográfica. El productor de la misma le rechazó la propuesta y le exigió que volviera con “más de lo mismo”, es decir, no necesariamente de lo mejor sino de que más se había vendido. No resulta muy alentador para un artista que viene escorado, con problemas de angustia y muy preocupado por su parate, dudas y exploraciones creativas. Que tan inconvenientes no han de ser ya que se ha hablado de grabar, ahora que murió Amy, sus temas no editados. Caranchaje, por un lado, y acaso decisión bienvenida por otro. Lástima la oportunidad.

 

            No defiendo nada. Sólo me produce malestar el caranchaje. Cualquier persona decente y de buena conciencia sabe que cuando alguien se droga es por angustia, porque no se banca la vida. Porque el existir cotidiano se le hace insoportable, cualquiera sea. No es exclusividad de los artistas ni es necesario usar sustancias ilegales para crear, así como los que no se drogan son “sanos” por ello. Geniales músicos con adicción a las drogas abundaron en este siglo: Charlie Parker, Miles Dives, Chet Barrer, Coltrane en el jazz, o Hendrix, Elvis, Morrison, Janis Joplin, Cobain en el rock. Entre los escritores, más aún, desde los opiómanos Baudelaire, Paul Verlaine, Jean Cocteau y Louise Mary Alcott (“Mujercitas”!!!), hasta los alcoholistas Poe (muerto en la calle en una helada noche de borrachera), William Faulkner (figura central del siglo XX), Dylan Thomas, William Styron, Malcolm Lowry, Tennessee Williams, Baldwin, Steimbeck y Hemingway. O los alcoholistas y adictos a drogas varias Truman Capote, Hunter Thompson, Phillip A. Dick, William Burroughs.

 

           También, por si no se recuerda, pueden mencionarse a otros artistas populares como Marylin y Judy Garland. ¿Alquien puede sentir rechazo o ponerse a moralizar cuando Lizza Minnelli, niña, cuenta cómo socorría a su madre Judy caída entre vómitos en los baños de restaurantes y hoteles, o cómo debían huir sin pagar porque Dorothy (la protagonista de “El Mago de Oz”) había dilapidado sus dineros en merca y botellas? Y en Argentina, aunque todos lo saben, ¿se ha escuchado alguna vez a alguno de estos “puritanos” impunes denigrar al Gordo Troilo o al Polaco Goyeneche por las “ayudas” que se propinaban?

 

             En lo personal, ya he confesado no sin vergüenza que  le presté tardía atención a la música de la desafortunada Amy Winehouse recién cuando decidió morirse. Había  visto video-clips suyos, en especial uno con un tema popular en su lazamiento. La recuerdo gratamente desfachatada, grasa en saludable incorrección impolítica en su vestir, afeites y atuendos, vigorosa en su voz, rotunda (aunque desprolija) en su fuerza momentánea y temerariamente sensual, una de esas flacas que te hacen sentir atropellado con su atractiva vulgaridad  sexy de su desprotegida carne escuálida.

 

             Lo que tengo de oído musical para este género me dice que Amy jazzea muy bien en “Moodys Mood for Love”, se deja ir y volver con fraseo en sube y baja a la manera de buenas cantantes negras. En otros, varios temas, me resulta una cancionista pop suave y sentimental que me aburre un poco aunque reconozco que, sin demasiadas exigencias, puede mecer a otras generaciones. En lo que hace a estricto soul tenía lo suyo, con particular acento callejero en sus clímax.

Martes 30 de agosto 2011. Argentina.

 

La presencia y voz sensual y desafiante de una chica popular.

 

 

 

 

Cuerpo y voz entregados a la expresión (afuera, el mercado voraz).

 

 

 

Amy Winehouse: la mujeridad activa quemada en sacrificio.

 

 

 

 

Autor: Amilcar Moretti

ERÓTICA DE LA CULTURA Sitio web central (VER): www.moretticulturaeros.com.ar Desde el 2010. Buenos Aires. Mi mail: amilcarmoretti@hotmail.com Escritor de periodismo y fotógrafo de desnudo femenino en situación cotidiana. Columnista con firma en cultura, cine, arte y cuestiones sociales de vida cotidiana durante cuatro décadas en el diario EL DIA (www.eldia.com) de la Argentina. Creador, autor único y titular del sitio ERÓTICA DE LA CULTURA desde el año 2010, magazine de Cultura, Erótica y Política. La convocatoria de modelos femeninas está abierta todo el año. Se pagan honorarios y viáticos para jornadas continuadas de fotografía de autor. Contrato escrito. Consultar y postularse con CV y fotos (.jpg) de rostro y cuerpo en: amilcarmoretti@hotmail.com EROTICA DE LA CULTURA Central website (see): www.moretticulturaeros.com.ar Since 2010. BUENOS AIRES. Mail: amilcarmoretti@hotmail.com Journalism writer and photographer of female nudity in everyday situations. Columnist with signature in culture, cinema, art and social issues of daily life for four decades in the newspaper EL DIA (www.eldia.com) in Argentina. Creator, sole author and owner of the site ERÓTICA DE LA CULTURA since 2010, magazine of Culture, Erotica and Politics. The call for female models is open all year. Fees and per diem are paid for continuous author photography sessions. Written contract. Consult and apply with CV and photos (.jpg) of face and body to: amilcarmoretti@hotmail.com

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