LOS MODOS LETALES E ILEGALES DE CONSERVAR LA DEMOCRACIA: la CIA -se reconoce públicamente- es un organismo militar para ejecutar “enemigos” e intervenir en países según se disponga en Estados Unidos.

 

Amilcar Moretti

No lo dice Fidel Castro ni acusa el presidente Chávez de Venezuela. Lo anuncia con grandes titulares -en el mundo hispano- el diario ABC, de Madrid, conservador, de derecha monárquica. El reconocimiento de que la Central de Inteligencia Norteamericana (CIA) no es sólo un organismo de espionaje o, más aún, paramilitar, sino de acciones militares, es tomado por ABC de la agencia Reuters por el corresponsal de ese medio en Washington. Es que se trata ya de una verdad evidente que no es que nadie se atreva a negar, ocultar o desmentir sino que a todas luces ofrece pruebas concretas de evidencia.

         

            No es tampoco cine o ficción de novela. La CIA interviene en cualquier país sin permiso de las autoridades nacionales de cada uno de ellos y no sólo comete asesinatos sino que lleva a cabo operaciones militares, con fuerzas especiales. Además, en algo que sabe cualquier periodista informado, de derecha o de izquierda, Estados Unidos cada vez más utiliza ejércitos privados, es decir, tropas y materiales de guerra que contrata el Estado en acuerdos supermillonarios en dólares. Estos contratos se hacen con empresas privadas de guerra que reclutan milicias de mercenarios de todo el mundo. Para la Casa Blanca los “ejércitos privados”, un poco a la manera feudal, tienen la “ventaja” de no verse involucrada en lo que se llaman operaciones sucias y mucho menos ser juzgados funcionarios, militares y políticos por Cortes Internacionales de Derechos Humanos. Además, claro, están los contratos por fabulosas cantidades de dinero, todo vinculado a las grandes corporaciones que producen armamentos. Con esto se vincula el tráfico ilegal de armas.
         

            Poco se dice, pero en la lectura detenida de cualquier diario convencional (de derecha o no), incluso argentino, se ha reconocido muchas veces que en Irak hay decenas de miles de soldados de ejércitos privados (de 40 a 60 mil, no se sabe con precisión), más lo que actúan en Afganistán. En las crónicas suele llamárselos “empleados civiles”, como si fueran ingenieros encargados de la reconstrucción.

         

            También, claro, están en Libia contra Khadaffi, en esa “guerra de liberación” inventada por Estados Unidos y tramada en París, según ya se reconoció, en la que se amontonaron opositores al dictador, convencidos o no; descontento popular, fuerzas armadas extranjeras y mercenarios, muchos mercenarios. Todo lo otro, más allá de la dictadura de Khadaffi, es una trama ficticia que los medios -diarios y televisión- propagaron en diversa medida y forma pero con igual extensión e insistencia. No se trata de liberar un país elegido al azar de uno de los tantos déspotas que existen en el mundo sino de apoderarse o controlar un territorio de importancia estratégica, adueñarse o manejar su riqueza petrolera y gasífera, vengarse de un dictador decadente que aún conserva ciertos vestigios de su época de socialización, precaverse contra Rusia y China y estimular mediante guerras y cientos de miles de muertos la instalación de “democracias”, afines claro.  

          
         

            Bueno, ahora en cierto modo me quedo más tranquilo. Cualquier periodista leído conoce las intervenciones de la CIA desde hace décadas para derrocar y asesinar presidentes o generar situaciones de caos. América Latina conoce mucho de eso y hay numerosos libros que se han ocupado del tema, no pocos de académicos conservadores norteamericanos. No es una cuestión “ideológica”.

         

            Digo que, en cierto modo, me quedo más tranquilo no porque no tenga más miedo sino porque desde ahora no hace falta basarse en películas o apelar a la ficción novelesca. Tampoco desde ahora alguien puede alegar que uno es “antinorteamericano” o propenso a delirantes teorías “conspirativas”. La CIA -se lee en el diario ABC en reconocimiento de lo más campante, y decente- no tiene control parlamentario, y es un organismo militar que se maneja según sus decisiones o las decisiones -cabe pensar- de algún centro o grupo de poder que, acaso, ni siquiera tenga demasiada vinculación o deba avisar a la Casa Blanca, sin que esto sea excusa o disculpa del presidente, Obama o el próximo -seguro- republicano.  
AMILCAR MORETTI, jueves 28 de abril 2011 (argentina, a 60 kms. de Buenos Aires)

         

          Para los que desconfían, a continuación la crónica de diario conservador ABC:

          

 

 

Pentágono y CIA, cada vez más mezclados

 


Los nombramientos del general David Petraeus como nuevo director de la CIA y de Leon Panetta como secretario de Defensa confirman el creciente intercambio entre las funciones bélica y de inteligencia


Emili J. Blanco. Corresponsal en Washington.  
Día 28/04/2011
Agencia Reuters.

http://www.abc.es/20110428/internacional/abci-pentagono-201104281609.html

 

          El nombramiento del general David Petraeus como nuevo director de la CIA y de Leon Panetta, hasta ahora al frente de esta central de inteligencia, como secretario de Defensa, confirma el creciente intercambio entre las funciones bélica y de inteligencia. Las campañas de Irak y Afganistán, donde el contraterrorismo es vital, “están desdibujando los papeles de soldados y espías”; la designación de Petraeus “llega en un momento en que las funciones de la CIA, más que nunca en su historia, son una extensión de la fuerza letal militar”, de acuerdo con los análisis de la prensa estadounidense.

 

          De hecho, podría decirse que Petraeus, que ha estado al frente de las tropas norteamericanas en las guerras de Irak y de Afganistán, ahora dirigirá su tercera guerra, esta vez en Pakistán, donde los agentes de la CIA están combatiendo de manera encubierta los apoyos talibanes. Ya Panetta, como director de la agencia, la ha convertido en una organización paramilitar que ha llevado a cabo bombardeos contra posiciones rebeldes en Pakistán utilizando aviones no tripulados, que también han operado sobre Afganistán. En los dos últimos años, la CIA ha perpetrado 192 ataques de ese tipo, con la muerte estimada de 1.890 militantes islamistas. La sustitución de Panetta por Petraeus remarca esa tendencia, de manera que la CIA dará ahora otro paso, de “agencia paramilitar” a “agencia militarizada”, según ha titulado “The Washington Post”.

 

          Por su parte, en sus funciones de jefe de las tropas internacionales en esos frentes, Petraeus ha hecho cada vez más uso del uso de unidades especiales de las Fuerzas Armadas y de firmas privadas de seguridad para realizar misiones secretas de inteligencia. Además, como jefe del Comando Central de EE.UU., puesto que ocupó entre sus destinos en Irak y en Afganistán, firmó una orden clasificada autorizando a tropas de operaciones especiales para realizar espionaje en Arabia Saudí, Jordania, Irán y otros lugares fuera de las tradicionales zonas de guerra.

 

          Esa combinación de funciones se está viendo también en el papel de EE.UU. en la “primavera árabe”. Sin enviar tropas a suelo libio, agentes secretos están ayudando sobre el terreno a los rebeldes que luchan contra el coronel Gadafi.

 

         Esto resta espacio para el escrutinio del Congreso. Algunos representantes políticos denuncian que “los agentes militares y de espionaje operan ahora en tal secretismo que a menudo es difícil obtener información sobre el papel de EE.UU. en grandes misiones como las de Irak, Afganistán, Pakistán y ahora Libia y Yemen”. Expertos apuntan que en estos momentos ya es irrelevante catalogar una determinada actuación como acción encubierta o operación especial militar.

 

 

Una respuesta to “LOS MODOS LETALES E ILEGALES DE CONSERVAR LA DEMOCRACIA: la CIA -se reconoce públicamente- es un organismo militar para ejecutar “enemigos” e intervenir en países según se disponga en Estados Unidos.”

  1. Néstor O. Fernández Says:

    Amílcar: Hace mucho tiempo dije (y escribí) que “Estados Unidos es una desgracia para la Humanidad”. Estimo no expresar nada novedoso, y la mayoría de sus políticas confirmación la aseveración, de la que no me ufano… Además, gracias por difundir material y textos de sumo interés.

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