FLOREAL FERRARA (1924-2010) (III). LA CIENCIA, LA SALUD SOCIAL, LA FILOSOFÍA Y TODOS LOS LIBROS.

  Floreal Ferrara, además del más destacado médico sanitarista argentino junto a Ramón Carrillo, fue un lector voraz de todo tipo de libro profundo. Parte de esa pasión por la lectura y la escritura supo volcarla no sólo en sus escritos científico-sociales, sino como crítico literario por varios años en un tradicional y centenario diario de capital de provincia.


Escribe
AMILCAR MORETTI

            Comencé a trabajar de periodista en noviembre de 1968 por una recomendación de Floreal Ferrara.  Hacía cuatro meses que estaba sin trabajo en la capital de la provincia. Me albergaban en su casa mi hermano y mi cuñada, a quien entre los dos creo que la jodíamos bastante. Necesitado, culposo llegué hasta ofrecerme de vendedor en una mueblería de diagonal 80. Recuerdo que el dueño, muy amable, se tomó su tiempo para hacerme preguntas y escucharme hablar. Me preguntó si alguna vez había trabajado de vendedor. Siempre supe de mi absoluta e innata incapacidad para vender algo, cualquier cosa que fuese. Pero quise engañarlo, le dije que vender mesas y roperos no habría de resultarme muy difícil. El hombre me escuchó largo rato. Al cabo, supongo que al verme necesitado, me dijo: “Mirá, si querés, probá. No tengo problema. Pero a mí me parece que vos debés buscar algo por el lado de escribir.” Lo que yo sí o sí necesitaba era trabajo. Le prometí que al otro día estaba a las 7 en punto en la mueblería. Por supuesto que le hice caso y no fui.

             Yo soy maestro normal nacional (ese era el título hace décadas), tenía casi terminada la carrera de literatura en la universidad macional de Bahía Blanca y a los 23 años, de pronto, me habían dejado sin trabajo en mi pueblo sureño, la primera vez de otras en mi vida por motivos políticos y no sé que “incapacidades morales” diagnosticadas inicialmente por los militares inmediatamente después del golpe del dictador clerical Onganía, en 1966. A los 25, sin trabajo ni dinero, medio fugado del pueblo, no era muy cómoda mi situación de visitante en la capital del interior. Abandoné la casa de mis viejos un invierno: les dije que me iba por unos días y no volví más. Además, queríamos estar juntos con mi compañera, una piba hermosa. Con ella en un lado y yo en otro a 700 kilómetros de distancia no era incómoda la vida. Todavía recuerdo el calor siempre incomparable de los reencuentros, los dos en una camita de una plaza. Eso sí que deja las mejores marcas, las del paraíso en las noches de invierno. Y, reconocemos, del verano, mañana, siesta o noche.

 

  Ingresé al diario tradicional y centenario de la capital de la provincia de Buenos Aires por una llamada de Floreal.  Ambos éramos del mismo lugar, cerca del puerto de Ingeniero White, en la entrada de la Blanca bahía. Él, 20 años mayor. Floreal era amigo y compañero de Rubén Bugallo, viejo militante del antiguo Partido Socialista, mi maestro intelectual. Tipos extraños o insólitos ya en esa época en el interior: gente de muchas lecturas, amantes de los libros y con ganas irrefrenables de cambiar el mundo, militantes que renunciaban aún a discretos beneficios personales para dedicarse a la actividad política y comunitaria, con frustraciones, persecuciones, ingratitudes y fuertes patadas en el culo. Pero sin claudicaciones, nunca, ni en la vejez más necesitada en el caso de Rubén ni en la tragedia más desesperante en Floreal.

   Estos corajudos eran hijos de inmigrantes italianos y españoles anarquistas y socialistas, y también rusos, polacos, serbios, judíos y mantenían la ética y pasión de sus padres por la cosa pública, no como profesión o comercio, sino para el mejoramiento de la condición humana. Creían en la igualdad, en la paz, en el conocimiento y la Ilustración, sabían que el suyo no era el camino fácil pero no perdieron nunca la esperanza en un futuro que estaba ahí al alcance de la mano y que había que alcanzarlo. Gente como Rubén y Floreal fueron de los últimos de ese linaje y ascendencia. Ahora hay otro tipo de pibes y pibas (horribles los de los años 90, en general), muchos buenos de verdad, que han asomado otra vez la cara masiva por primera vez en público cuando la muerte de Néstor Kirchner. 

    Como dije, a mí me habían cesanteado inmediatamente después del golpe militar que derrocó al presidente Illia. “Carecía de condiciones morales para la docencia”, me comentaron. Durante cuatro años había cobrado mi modesto sueldo de maestro en esas escuelas de adultos donde alfabetizábamos conscriptos, aprendices de soldados, muchachos buenazos, duros, corajudos, sensibles, casi todos del norte, de los quebrachales santiagueños y del Chaco, las selvas del litoral y los algarrobales y El Impenetrable formoseño. Todos de piel curtida y almendrada, pelambre dura y mirada entre sorprendida y aniñada. Algunos no sabían tomar un lápiz: no habían visto uno en su vida, metidos entre los bosques y cañaverales con el hacha al hombro. De entre los pocos milagros que ví en mi vida, nunca lo olvido, están los que ocurrían cuando uno de estos muchachos, después de algunos meses en garabatos, tartamudeos y dudas descubrían la mecánica de la lectura y la escritura, de un día para otro, como si de pronto se iluminara con luz nueva lo que siempre había sido oscuro. Sabían del milagro, pero no lo habían vivido.

          Yo era socialista y había empezado a saber qué era eso de ser peronista. Llegué a la capital de provincia con una nota de Rubén Bugallo dirigida a Floreal. Rubén era un gran periodista, muy culto a pesar de haber podido hacer sólo la escuela primaria. Vendía seguros después de haber llegado a ser jefe de noticiero de una importante radio de la que fue despedido por no desdecirse de su defensa de Cuba cuando Fidel se declaró marxista. A Floreal lo fui a ver con mi compañera a su quinta de La Granja, al oeste del casco urbano. Me recibió con gran alegría y generosidad, aunque no me conocía. Me contactó con la dirección del principal diario. Allí me preguntaron qué sabía hacer. Dije lo obvio: “Escribir”. “¿Y sobre qué sabés escribir?”, fue el retruco. “De Cine. Críticas de cine”, respondí. “Bueno, traéme pasado mañana cuatro o cinco notas”. A los días ya trabajaba en la redacción. Y ahí me quedé, menos algunos años, en que hubo grandes matanzas de argentinos.

  Por esa época Floreal, que -como dije- era un gran lector (capaz de terminar dos libros en un fin de semana, además de sostener en paralelo la lectura pareja de tres o cuatro o más volúmenes), publicaba en el suplemento dominical una columna de crítica literaria. Fue un inolvidable suplemento tamaño tabloid que al revisarlo hoy, cuarenta años después, y compararlo con el presente provinciano aún sorprende por su desparpajo y desmarque en una ciudad que como única disculpa puede esgrimir  haber sido muy golpeada con ríos de sangre. Creo que a partir de 1976 se produjo el retroceso fenomenal de la Argentina, como si se hubiese retornado a 1930, antes de Perón, o a años antes de la Reforma Universitaria, y ahora -hoy, digo, aún no recuperados- con iPod y notebooks wifi.

   Yo, además de mi trabajo con horario en la calle para la cobertura de las crónicas de la vida universitaria, en un tiempo de largas y fervorosas asambleas revolucionarias, quitaba horas de sueño para colaborar con notas de cultura, de literatura y muestras de arte, además de mi columna de cine. La tarea de crítico literario de Floreal debe haberse prolongado entre 1967-68 hasta 1972, más o menos. Después se entregó de lleno a militancia en el peronismo revolucionario y dejó de colaborar con sus comentarios. Recibía pilas de libros enviados por las editoriales, que yo veía con avaricia que retiraba todas las semanas.

Agrupación de Trabajadores de la Salud Floreal Ferrara

   Se sabe que Floreal Ferrara fue ministro de Salud provincial dos veces, una en mayo-junio de 1973 y otra durante cuatro meses desde 1987. Lo abracé en las dos ceremonias de asunción. Perseguido, lo encontré una vez de casualidad en la calle Florida. Entre la muchedumbre él vino a mi encuentro. Ya contaré sobre ello. Querían asesinarlo, martirizarlo. Yo lo sabía; él no me dijo nada. Delante de mí siempre lo ví con una sonrisa, nunca una queja, ni la más mínima. No supe qué decirle. Yo sobrevivía debajo de una profunda depresión que me explotó incontenible en marzo de 1976 y me duró muchos años. Supe que a Floreal le habían saqueado la casa y le habían tirado los miles de libros de su biblioteca. Creo que la casa de La Granja permaneció abandonada y con las puertas abiertas durante mucho tiempo. Entre tanto, Rubén se había ido para el sur, la Patagonia. Solía decirme que con dinero para la nafta del auto y libros, él estaba hecho, que no necesitaba más, mientras su compañera asentía y cosía para afuera. Siempre pensé que para Rubén el jeep IKA y los libros eran como el flete y el mate para el gaucho.

            Ahora voy a decir una boludez de esas habituales en estos casos: Me imagino a Rubén y Floreal debajo de un ombú discutiendo, calientes como siempre, cómo hacer a la Argentina. Yo, con tal de escucharlos, me conformo como encargado de servirles mate.

Domingo 6 de febrero 2011. La Plata.
(Corrección 23 de junio del 2020)

Haz clic para acceder a Cuadernillo-FLOREAL-FERRARA.pdf

 

 

 

 

 

Autor: Amilcar Moretti

AMILCAR MORETTI: Escritor, periodista y fotógrafo Sitio web central: ERÓTICA DE LA CULTURA www.moretticulturaeros.com.ar Desde el 2010. Buenos Aires. Mi mail: amilcarmoretti@hotmail.com Escritor de periodismo y fotógrafo de desnudo femenino en situación cotidiana.Crítico de cultura, cine, arte y sociología de lo cotidiano durante cuatro décadas en el diario EL DIA (www.eldia.com) de la Argentina. Creador en el 2010, autor y titular del sitio ERÓTICA DE LA CULTURA magazine de cultura, erótica y política. Blog complementario: htpps://amilcarmoretti.wordpress.com AMILCAR MORETTI Writer, journalist and photographer Central website: EROTICA OF CULTURE www.moretticulturaeros.com.ar Since 2010. Buenos Aires. Mail: amilcarmoretti@hotmail.com Journalism writer. Female nude photographer in an everyday situation. Critic of culture, cinema, art and sociology of the everyday for four decades in the newspaper EL DIA (www.eldia.com) of Argentina. Creator in 2010, author and owner of the site ERÓTICA DE LA CULTURA magazine of culture, erotic and politics. Complementary blog: htpps://amilcarmoretti.wordpress.com

2 pensamientos

  1. Ruben T. fue mi maestro periodistico y llegue a escribir en La Voz de Punta Alta que el dirigía. No supe mas de el y todo me indica que falleció. Es así ? Tendrías un telefono de Celia, su mujer, o de su hija ? Muchisimas gracias.
    Omar Gomez Sanchez (ogomezsanchez@gmail.com)

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    1. Sí, Rubén falleció, hace unos siete (?) años, más o menos. Yo, desde La Plata, seguí en comunicación escrita con él hasta un tiempo antes de fallecer, en Cipolletti. Ya en los años 70 se había radicado allí. En el último año no podía escribir por algún ataque cerebral o algo así. Creo que pasó esa parte de su vida internado en un hogar, o algún sitio similar. Creo. O bien asistido por impedimentos físicos.

      Yo te recuerdo del Colegio Nacional de Punta Alta. Vos eras celador. No fuíste celador de mi curso, pero igual te recuerdo. También te recuerdo de La Nueva Provincia, creo que la radio. Vos no me ubicabas en esa época; yo era más chico. Sí me acuerdo del jeep IKA con Rubén y vos rumbo a Bahía Blanca. Años más tarde, volví a verte en actividad pública en los años 70, cuando el regreso de Perón y la estatización de los canales de televisión. Me parece que después, si no me equivoco, te dedicaste a lo que se llaman -quizás groseramente- «disciplinas alternativas», en la línea de la vieja revista «Uno Mismo». ¿Es así? Creo que programas de radio, ¿no?
      En cuanto a mi querido Rubén, como te dije, nos seguimos escribiendo. Hubo entre nosotros un lapso de silencio entre mediados de los 70 y principios de los 80, más o menos. El tenía una publicación zonal en Cipolletti. Al principio de la gestión de Alfonsín, «no quiso quedarse fuera» (palabras de Rubén) y militó en esas filas, al menos en el ámbito provincial. Años después se alejó y me comentó, dolido, que lo habían «maltratado mucho», humillado. No sé detalles, pero los imagino. Sus últimos años fueron muy modestos en las condiciones económicas (los 150 pesos congelados de Cavallo y Norma Pla, ¿te acordás?). LLegó a confesarme que vivía de la solidaridad o ayuda de los demás (no sé a quien se refería). Pero seguía estudiando todo el tiempo y escribiendo. Durante el Proceso publicó un libro, un ensayo, que se llama «ARgentina, Argentina», que pocos conocen o han leído. Edición perdida. En sus últimos dos o tres años concluyó un segundo libro que no pudo publicar titulado «¿Qué quiere Estados Unidos de nosotros?» Yo le hice los trámites de registro intelectual en Buenos Aires, o gestiones al respecto, no recuerdo el detalle pero sí el hecho por la peculiar oficina en que me atendieron, creo que en el ministerio del Interior.
      Yo tengo una de los tres copias del original. Él me la envió para que la corrigiese o revisara. Hace años que no revisiono esas páginas, pero tengo todo guardado.
      De Celia, no recuerdo bien. Falleció. Pero no recuerdo si Rubén primero se había separado de ella y luego falleció (la esposa). LO cierto es que después de Celia vivió con dos parejas, con las que -creo- no le fue bien. Creo (repito: creo) que tenía una relación distanciada con la hija.
      De la hija siempre supe poco y nada. Creo que vivía y vive allá, en el sur.

      Hacetres meses atrás o más, un familiar mío me informó que al Centro Socialista o a la sede del Partido Socialista de Punta Alta (no sé qué rama del socialismo) le pusieron su nombre. Descubrieron una placa. Ví fotos en la que está la hija, una señora grande, claro (digo esto porque la recuerdo como una piba más chica que yo).
      No tengo direcciones ni teléfonos. Pero se me ocurre algo para ubicarlo fácil: o bien, dirigirse a la sede del PS en Punta Alta. O bien ubicar por guía a los Bugallo que queden en Punta Alta. No sé si sobrevive algún hermano. Aquí, hasta hace unos años vivía uno de ellos, en La Plata, pero debe haber fallecido. El hijo de éste es un destacado abogado de derechos humanos, creo.
      Más datos no tengo. El libro inédito aguarda en su vieja copia tecleada en máquina de escribir y corregido por él y por mí. Siempre me sentí culpable por no poder publicar ese material. No sé si alguien conserva alguna otra copia. Sí se que esta la conservo como un tesoro y que no la facilito a nadie. En los últimos años de su vida Rubén vivió muy pobre y olvidado, pero entusiasta en sus ideas hasta el suspiro del final.
      Chau.
      Amílcar Moretti

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