De la tevé, lo mejor: CINE

                                    

"Once", una historia de amor actual, sutil y veraz.

  «ONCE», UNA HISTORIA DE AMOR SUTIL Y VERAZ DEL SIGLO XXI, EL MARTES 17 DE AGOSTO A LAS 22, POR CANAL  I-SAT.  

           Mañana martes a las 22 el canal de cable I-Sat repone un lindo y serio estreno de días atrás, la irlandesa “Once”, del 2006. Una historia de amor suave y calma aunque realista y veraz que no sólo nos pone en contacto con una mirada distinta a la acostumbrada acá por razones de distribución hegemónica sino que también, en sí misma, es un bello –aunque pequeño- objeto cinematográfico. No es el debut de John Carney como cineasta, pero puede decirse que por su conocimiento en las pantallas locales resulta como si lo fuese. Y depara una sorpresa que abre expectativas ante un creador que, puesto a decir cosas personales y decirlas si no de un modo integralmente original, lo hace en cambio con una escritura visual creativa y peculiar.

"Once". La pareja de un amor que, tal vez, sea.

    “Once” (original en inglés, título que deja abierta cierta ambigüedad) es una película sentimental y a la vez musical. En este sentido, recoge la herencia del musical clásico pero sin gran espectáculo y a la vez lo suplanta con el aprendizaje del registro de lo cotidiano que trajeron el neorrealismo y el “free cinema” inglés y la “nouvelle vague” francesa de los años 60 del siglo pasado. El escenario es la calle más algunos interiores que sirven como pausa para recomponer a los personajes y al relato, que de sus caras exteriores en la vía pública pasan a mostrarse y revelar detalles de lo íntimo y la vida diaria puertas adentro.

          Las canciones, compuestas por el protagonista, Glen Hansard, músico de profesión, son temas de cantautor que cuentan cuestiones existenciales, amorosas, frustraciones y anhelos y se preguntan por algún sentido de vida, sin rozar lo ensayístico ni retórico. Así, música y letra no aparecen desde el “off” de la banda de sonido, sino de la propia boca y ejecuciones de la pareja, cuya parte femenina está a cargo de la checa Markéta Irglová, en ese momento de apenas veinte años. Destaco la importancia de la musicalización porque no es habitual que encaje a la perfección, como aquí,  en el ritmo y sentido narrativo del relato: la música vale por sí sola y a la vez hace avanzar y enriquece de significados a la historia contada así como profundiza y da detalles sobre la psicología de los personajes y su biografía sentimental y también social y nacional que los ha llevado a encontrarse para un amor inesperado.
                                              

"Breve encuentro", de 1945. La historia de amor perfecta en un mundo que cambia.

    

           “Once” sucede en las calles de Dublín. Como película de amor registra una “actualización” novedosa que es también uno de sus aciertos más valiosos. Glen Hansard es un músico callejero dublinense que trabaja en el taller de su padre viudo aunque en realidad su deseo es la música. Además, viene de una historia de amor quebrada. La muchacha compuesta por Markéta Irglová, también música aunque de formación clásica en el piano, vende flores en la calle, migrante de la república Checa en busca de mejor destino. Sus compromisos familiares, tema en duda y revisión, han quedado en su país.

          Es decir que se trata de un relato romántico bien ubicado en lo terrenal post caída del Muro en 1989 e imposición del neoliberalismo: la globalización para jóvenes y asalariados tiene que ver con desempleo, trabajos precarios, migraciones y dificultades para concretar deseos. Ella viene a Dublín procedente de la ex Checoslovaquia, y él quiere huir de la capital irlandesa para anclar en Londres, donde tiene más posibilidades como músico profesional. Y en el medio, y a la vez en el centro, el amor, o lo que se perfila de a poco como sentimiento de amor, con resultados que, es probable, no se cumplan, o sí, quién puede asegurarlo en biografías que aunque jóvenes vienen algo dañadas, están por hacerse y sienten el estímulo del rechazo y expulsión de aquello que debiera ser lo natural y propio de cada uno: su país, su cultura, su trabajo, su deseo profundo.
                                           

El amor que no sabe su futuro.

           Alguien comparó el final de “Once” con el de “Casablanca”, pero en verdad toda la historia y sentido remiten a “Breve encuentro” (”Brief Encounter”, 1945), del maestro David Lean, que marcó un momento alto del cine británico. Basada en la pieza “Still Life” de otro inglés, Noel Coward, aquella fue de una sutileza y realismo difícil de superar en los relatos de amor. De “Breve encuentro”, un clásico del siglo XX en su género, hubo otras versiones, por ejemplo una no lograda con Sofía Loren y Richard Burton de mediados de los 70. La televisión argentina, de hace décadas, consigna una puesta con  Lautaro Murúa y, si mal no recuerdo, Norma Aleandro.        

Obstáculos del amor siglo XXI: subsistencia y deseo creativo.

 “Once” sigue el itinerario del amor dificultado por las instituciones instaladas que en la cultura del siglo pasado captó con veracidad y verosimilitud histórica y estética “Breve encuentro”, o “Lo que no fue”, como si tituló en Argentina. Después, mucho después vinieron “Los puentes de Madison” de Clint Eastwood y “Antes del amanecer”, de Richard Linklater. Y no puede dejarse de lado la “versión china” dada por “Con ánimo de amar” (2000), de Wong Kar-Wai y la inolvidable pareja de Maggie Cheun y Tony Leung.
Por AMILCAR MORETTI, lunes 16 de agosto 2010

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"Once". Conocerse y despedirse, ¿y el amor, qué?

Autor: Amilcar Moretti

AMILCAR MORETTI: Escritor, periodista y fotógrafo Sitio web central: ERÓTICA DE LA CULTURA www.moretticulturaeros.com.ar Desde el 2010. Buenos Aires. Mi mail: amilcarmoretti@hotmail.com Escritor de periodismo y fotógrafo de desnudo femenino en situación cotidiana.Crítico de cultura, cine, arte y sociología de lo cotidiano durante cuatro décadas en el diario EL DIA (www.eldia.com) de la Argentina. Creador en el 2010, autor y titular del sitio ERÓTICA DE LA CULTURA magacine de cultura, erótica y política. Blog complementario: htpps://amilcarmoretti.wordpress.com AMILCAR MORETTI Writer, journalist and photographer Central website: EROTICA OF CULTURE www.moretticulturaeros.com.ar Since 2010. Buenos Aires. Mail: amilcarmoretti@hotmail.com Journalism writer. Female nude photographer in an everyday situation. Critic of culture, cinema, art and sociology of the everyday for four decades in the newspaper EL DIA (www.eldia.com) of Argentina. Creator in 2010, author and owner of the site ERÓTICA DE LA CULTURA magazine of culture, erotic and politics. Complementary blog: htpps://amilcarmoretti.wordpress.com

4 pensamientos

  1. Extremadamente hermosa, íntima, con una banda sonora que te toca la mas profunda fibra, te hace soñar. Una historia muy bien contada. No soy dado mucho a los musicales pero Once es Genial.
    Caracas.

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    1. Sí, es así. Creo que combina música con amor con equilibrio y sutileza, sin dejar de ser realista (por ej., el personaje del padre del muchacho, el músico callejero). Además, pienso que maneja la idea de lo provisorio, de lo que se «evapora» o esfuma en el tiempo: la música, porque una vez ejecutada-escuchada se convierte en silencio y recuerdo, y el amor, que a veces se disemina en el correr de los años y se va sin que se sepa bien en qué momento. Además, «Once» retoma el trama de un clásico del teatro y cine inglés: «Breve encuentro», de los años 40 del siglo pasado. Es el tema del amor que no puede ser, el amor «imposible». Dicen que esos amores, los «amores imposibles», al menos en el cine, son los mejores porque son muy intensos y nunca se olvidan.
      Gracias por escribir desde Caracas.

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  2. Hola tío…
    recién leo esta entrada de tu blog luego de haber visto «Once» por segunda vez, anoche, y emocionarme nuevamente en las mismas escenas. Esta película tiene algo que me doblega, sus personajes, él tan vulnerable y furibundo de amor y lanzado, y élla, tan segura y clara y determinada pero inocente a la vez. Y las historias de ambos que se entrecruzan lo suficiente como para creer que puede ser. Aunque nunca sepan (¿sepamos?) sus nombres.

    Mención aparte para la banda sonora que me hace llorar una y otra vez.
    Me gustó mucho tu nota y recomendación. Anoche hablaba con alguien que acababa de verla, igual que yo, y me dijo, encantado por lo visto, eso mismo: «que película chiquita…»

    El martes que viene la repiten, a las 20hs y lo más probable es que me la grabe y guarde para rever en un momento más oportuno.
    Un beso!

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    1. Hola, Vix. ¡¡¡Qué alegría que me escribas!!! Me satisface haber podido ayudar en algo en tu visión de «Once». Sí, linda y chiquita (pequeña) película. Sincera, honesta. Además, deja una puerta abierta. Yo creo que sigue la tradición de «Breve encuentro». Hay otras en los últimos años, de igual o superior valía, sobre igual cuestión. Por si no la viste, el sábado a las 18,45 en Cinemax dan una de mediados de los 90, «Antes del amanecer», que también tuvo similar óptica sobre el amor. Yo siempre digo, un poco en broma y bastante en serio, que las mejores películas de amor son aquellas de amor que no se concreta, que no puede concretarse. No sé si en la vida real es así. En el cine, me parece que sí. Acaso tenga que ver con el deseo, el deseo -digo- como fuerza vital del humano. Si el deseo se cumpliera o se satisfaciera del todo, complementamente, la cosa se acabaría. En cambio, el deseo tiene esa cosa de que siempre vuelve a renacer (y si no renace, sonaste). Es como un circuito en permanente movimiento: algo así como el firmamento en el campo: vos caminás y caminás, y cuando parece que lo alcanzaste, chau, se te «fue» más lejos. Y ahí, o abandonás (y te morís, se te acabó el deseo, o te quedás color vida gris para siempre) o bien recomenzás. El amor, me parece, es algo así: si lo ubicás o te ubica a vos, siempre tenés que alcanzarlo, una y otra vez, y si no, sin darte cuenta, ¡plop! (si es que alguna vez lo alcanzaste). Y bueno, a mi siempre me pareció que estas películas como «Once» aciertan en eso: no se puede, pero, tal vez, ¡¿quién te dice?! La cámara al final que se aleja de la ventana con ella al piano mirando hacia «afuera», hacia lo otro que no es la familia, me parece que indica eso… Y eso, tan dudoso e inasible, es el amor. O acaso lo sea. «¿Qué esa cosa llamada amor?», se pregunta Sinatra y todos antes que él y con él.
      Bueno, un beso.
      Amílcar

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