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ASESINATO DE ÁNGELES: PATOLOGÍA SOCIAL Y TRAMA CORPORATIVA, por Amílcar Moretti

Posted in ACTUALIDAD, CULTURA, GENERAL, NUEVAS TECNOLOGIAS, POLITICA, SOCIEDAD with tags , , , , , , , , , , , , , , on 18 junio, 2013 by Amilcar Moretti

 

 

LA ENFERMEDAD DEL ASESINATO DE

ÁNGELES RAWSON: COMPACTAR

NIÑOS 

COMO BASURA, ARROJAR

AL

MAR DESDE AVIONES A

MILITANTES

ADORMECIDOS, QUEMAR SUS CUERPOS SOBRE 

CUBIERTAS DE AUTOS

 

  

CRÍMENES HORREDOS: DE LA CELEBRACIÓN DE LO ABYECTO AL SILENCIO

CULPOSO Y ATEMORIZADO DE QUIENES NO PUEDEN MOSTRAR SU META:

MANTENER EL MIEDO, DESESTABILIZAR AL GOBIERNO Y NUBLAR CUALQUIER

ALEGRÍA POPULAR

 

 

 

Por

AMÍLCAR MORETTI

 

 

         Amilcar Moretti. junio 2013. Blog B y N P6020101cAyer lunes sorprendió el silencio, por no decir el ocultamiento, sobre el asesinato de la adolescente Ángeles Rawson, aún en diarios en los cuales uno no espera un ninguneo de la información tan notorio. Hace tres días el horrendo crimen era la conmoción nacional argentina. Ayer  se había desvanecido, casi, la noticia. Cierto: “no hay novedades”, el fin de semana, la reticencia -o el miedo- a opinar sobre un caso poco claro, de matices ¿peligrosos? para quien indague donde “no debe”. Hoy martes, los más prudentes insisten en que “parece” haber sido el encargado del edificio, puede ser, sí, también so asesinos los eslabones débiles de la cadena social clasista-corporativa. El gobierno, creo, tomó distancia (bien, es un asunto penal), pero después de la primera urgencia negociadora. Las corporaciones (no me refiero solo a los diarios y TV), desarticulado el escándalo mediático dirigido contra el gobierno, hacen como si fuese un crimen común.

 

 

 

            Cualquier periodista veterano, decente y medianamente perceptivo, puede aún hoy percibir esto, así como era fácil captar desde el principio que el asesinato –su promoción- venía “tendenciado”, intencionalizado para crear un clima social, y hasta una acción colectiva, contrarios al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.  “En este país ya no se puede vivir”, es el eslogan del lugar común del retardatario que de algún modo añora el orden de la última dictadura cívico-militar, lo haya conocido o le hayan transmitido dicha presunción. Sí, no había disonancias sociales y políticas; los opositores, objetantes o luchadores estaban todos dos metros bajo tierra o en el fondo del río. Los tiraban vivos desde los aviones militares, como arrojaron viva a Ángeles Rawson al camión triturador de basura.

 

 

 

              Lanzado a la platea mediática el horrendo crimen (sobre todo por tratarse de una niña), no sólo se convirtió en un espectáculo obsceno de todo el día, con horas y horas de transmisión televisiva, por ejemplo. Además, abundaron, se sobrepasaron varios límites en materia de suposiciones y conjeturas alarmantes: “terrorismo” mediático, publicidad unánime y hegemónica de lo mortuorio y celebración del odio social y la justicia por mano propia, en especial, la acción directa de protesta –intención inicial fácil de advertir para cualquier observador atento- contra un gobierno que ensaya medidas de distribución de riqueza e intentos moderados aunque notables de concentración de los ingresos en pocos.

 

 

 

            Pasó a no interesar Ángeles, sino lo que se podía propagandizar para oscurecer la percepción social colectiva sobre la escena social argentina, sembrar el miedo no ya a transitar la calle sino a  tener refugio en el interior de la casa propia. La invasión del terror, la tortura y la muerte en el ámbito privado, con un componente sexual perverso (supuesta violación de una menor) y una “inseguridad” insoportable tendiente a sugerir que la libertad para todos es riesgosa aún en democracia, o que la libertad en democracia no es para todos, o bien que mejor la represión, exclusión y vigilancia estrictas a todos los que no se merecen la democracia: los negros, sociales periféricos, obreros asalariados que reclaman derechos y mejoras, intelectuales y pensadores que no respetan el lugar común burro y viscoso del “pensamiento” de la televisión, los artistas rebeldes que imaginan lugares y mundos nuevos “muy” diferentes (subversivos, ¿recuerdan?), los no fundamentalistas de lo común y lo promedial de la religión y de la educación institucional privada y otras derechizaciones y privatizaciones de la cabeza y los valores morales, estéticos, políticos y sociales implantados con hegemonía en los años 90, después de castigar con una extraordinaria y catastrófica hiperinflación (Alfonsín), que completó el cuadro de los 30 mil desaparecidos en dictadura.

 

 

 

           En fin, que la democracia para todos y conducida hacia una mayor equidad social que resta de las ganancias extraordinarias que pueden apropiarse ricos y poderosos, esa “democracia” no vale, no sirve, es peligrosa, no distingue entre blancos, buenos y a la moda, por un lado, y negros, malos y grasas por otro, o entre ricos y pobres, o entre burgueses (pequeños burgueses) y excluidos. ¿Democracia?, sí, claro, pero para la “gente como uno”, parece escucharse. Y también: Democracia es que cada uno haga lo que quiera, en plena libertad y sin ajustarse a normas generales, como asesinar a alguien en el interior de un country, y considerarlo una “cuestión familiar” en la que no tiene que meterse ni la policía, ni la justicia ni el Estado (crimen de María Marta…Carrascosa. El asesinato dentro de familias con dinero es un asunto íntimo, ¿usted que se mete?).

 

      

           ¿Y entre los pobres y marginados? Bueno, dice el mismo pensamiento bobo e impiadoso, implacable, del cretinismo de derecha: los pobres y marginados son gente especial capaz de cualquier crueldad y centro de todas las psicopatologías en un nivel que no merecen el tratamiento al que tienen derecho todos en democracia. Homicidio con cuchillo de oro es defensa propia. Muerte con cuchillo Tramontina es cruel asesinato. El caso de la nena Candela, a mediados del 2011, es antecedente del crimen de Ángeles Rawson. La torturaron, la mataron, la tiraron como basura, y hoy aún no se sabe nada. Los acusados, pobres tipos, fueron largados hace tres días. Perejiles: cana y silencio, o “pena de muerte” ahorcado (“suicidio”) en la celda. La memoria ayuda: los tres policías salvajemente asesinados en agosto del 2007 en una planta transmisora de radio del ministerio de Seguridad, meses antes de las elecciones, sin resolución aún. (ver, breve: http://memoriatdf.blogspot.com.ar/2007/10/tres-policas-asesinados-en-la-plata.html )

 

 

 

            Y hay más. Ejemplo ilustrativo: las cuatro mujeres asesinadas a puñaladas en noviembre del 2011, en La Plata, una de ellas una nena de 11 años. No hay resolución. No hay culpables. Hay silencio. Desde lo político y mediático se los puede calificar de casos de terrorismo. Si es que existe el tramado operativo corporativo, y se lo desarticula para desligar a autoridades del Ejecutivo, igual quedan en la conciencia pública dos ideas fuertes: 1) Nadie está seguro. Todos somos vulnerables. Todos tenemos miedo, tanto si te callás como hablas. Todos con miedo: meta del terrorismo.  2) La estructura represiva puede funcionar aún de modo clandestino de modo sistemático, aunque quizás con tercerización de mano de obra: Caso Cabezas y Caso Julio López.   

 

 

 

 

            Aquí no es que hay un asesino desconocido que cambia de territorio para sus horrendos delitos; son sacrificios. Se elige al tun-tun, al azar, y se encarga el operativo: asesinar al alguien cuya muerte cauce gran conmoción, a veces racista, social excluyente. El caso de Candela es el de un asesinato racista: los pobres son diferentes, porque además de drogadictos, violadores, incestuosos y de piel oscura, se matan “naturalmente” entre ellos, porque eso de asesinarse entre sí está en su propia “genética”. Nadie lo expuso así, creo, pero la conclusión implícita que pudo y puede sacarse es esa. No solo sería ésta un sociedad insegura en lo urbano-delictivo sino que los pobres se exterminan entre sí, porque está en su naturaleza, y en consecuencia no solo no hay que asistirlos ni dedicarles recursos educacionales sino que hay que cercarlos y separarlos, dado que no se merecen (incapacitados de aprovechar) otra cosa.

 

 

 

          En el suceso que ha tenido ahora como víctima sacrificial a Ángeles Rawson, la “inseguridad” delictivo-urbana amenaza a los estratos sociales “decentes”, una clase media más o menos cómoda o acomodada. Conclusión: si esto sigue así, van a surgir hordas de desconocidos y negros que atacarán los barrios privados y las estancias y las grandes propiedades y residencias. Esto no va más así. Esto así no sirve. Tenemos que defendernos, echar a patadas a estos gobernantes que no dejan que la policía haga su trabajo, que es encarcelar a los delincuentes “pobres”, que en el caso de los delincuentes acomodados siempre hay dudas y reparos porque pueden pagarse un abogado caro e influyente, que tiene su derecho, como todo argentino, en democracia. Si usted puede pagar es probable que sea inocente, o al menos que lo suyo haya sido una equivocación o acto circunstancial e incontrolado aún por la buena voluntad de la que siempre goza el que puede pagar un buen y carísimo defensor judicial. 

 

 

 

                El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner tuvo buenos reflejos, rápidos, inmediatos y eficaces, al menos para parar y salirse de la implicación en el clima social que generaría estos sucesos horrendos. El asesinato de Angeles Rawson parece un operativo de inteligencia, algo burdo (quizás para que lo “entiendan todos”) y carente de sutilezas porque de inmediato saltaron piezas que no encajaban y hubo que detener al portero, que apenas tiene un defensor oficial. Otro sacrificio. Un ritual mortuorio sacrificial. Tirar desde el Olimpo a alguien elegido al azar no se sabe por quien , luego salir a gritar el horror, indignación y la insoportabilidad en la frecuencialidad de tamañas tragedias. Muerte y sexo. Muerte y violación. Lo de la violación enseguida se desmintió, pero quedó el asunto flotando en la cabeza media no informada, o aún informada, es decir, cuando alguien te “elige” o “te eligen” para asesinarte dentro de un operativo de cobertura corporativa, dentro de un marco protector corporativo, lo primero que te hacen es violarte de forma feroz, después te torturas y al final te matan.

          

                El circuito mayor se cierra cuando te torturan a la basura en una bolsa de plástico negra, de basura. Ya no en el caso de la nena Candela, que por ser morocha y de familia humilde cierta mirada la implicita como “basura”, gente que solo está acorde con el tacho de basura.  Que a Angeles Rawson, pobre vírgen sacrificado en altar del clasismo y el racismo elitista y retrógrado, la hayan arrojado al basural supone que los “negros”, que son malos y asesinos e incontrolables e irredimibles, se han ensorberbecido hasta tal punto con este gobierno redistribucionista y de regulación tibia de ganancias concentradas que ahora nos tiran a a la basura, después de humillarnos y degradarnos, a nosotros, los blancos, los de viuda media blanca, cacerolero aún mejor, o por “naturaleza”. Advertida la intención que empezaba a brotar, el gobierno salió de inmediato, intervino al principio, aclaró los tantos, se recogió todo en el silencio, y así ha de transcurrir todo –ruego equivocarme- hasta que termine en la nada o bien se castigue a alguien que se autoincrimina porque si no, quizás, lo que le espera es infinitamente peor que la cárcel. Y así vendrá el olvido, o mejor, el borrado del conciencia, y habrá otros espectáculos y otros asesinatos y asuntos horrendos similares o peores en el futuro, más aún hasta octubre, mes de elecciones, y espero que nada de esto suceda y que sea yo el equivocado, también con miedo. Se sabe, de ciertas cosas horrendas no se habla, porque si hablás te puede pasar, al azar, a vos. Y si no te pasa, si no te toca, hacen que pase, que te toque. El silencio es salud, avisaba el cartel de la dictadura última; y tenía razón, si hablabas sobrevendría una abrupta o lenta desaparición de la salud. 

 

 

           Si la pobre niña, al oficiar de cordero, pone en evidencia en el casero una traumática profunda, como en una película pura de Bresson, o bien en una actual de Bruno Dumont y la brutalización envilecida de lo humano actual, habrá que pensar bien en la tragedia de esta nueva clase de desesperado. Hay algo en la madre de Ángeles que no encaja, que no juzga siquiera por dolor. Hay algo en el padre de Ángeles que le hace mostrar una hilacha inoportunamente despreciable, ante lo que debiera ser silencio ante su irreparable desgarramiento. Y el padrastro parece ser un personaje ambiguo, equívoco, que oscila entre el deseo de tener cámara y la huída del que no quiere verse implicado en algo negro que lo compromete, aunque no quiera.

 

 

 

         Si el asesino que arroja viva a la basura a la niña del edificio que debe cuidar es el abrumado portero, y si no hay  duda alguna, entonces habrá que pensar en patologías graves, en gran medida socio-culturales. Si el asesino en cambio es un protegido corporativo –policía, servicios de inteligencia, lumpen autorizado, familiar oculto- la patología pasa a ser más profunda y afecta a toda una población incapaz de revolverse contra sí misma ante sus temores inventados y paranoicos, cuando la tensión de los ricos y poderosos proviene del módico reclamo de los humillados. Deliberado o no el crimen, de autor o autores protegidos o por locura privada, estos son hechos que operan como niebla negra para entorpecer y obstaculizar la alegría de un pueblo mayoritario que quiere celebrar con alegría humilde un bicentenario o 25 Mayo porque en décadas se sienten escuchados. Como la expresión inmunda, en todos los casos, del odio abyecto que mucha declaración en los medios proyecta e inspira en el ciudadano resentido y rencoroso porque, en el fondo, no se siente parte de nada. 

 

 

Lunes 18 de junio 2013. La Plata. Argentina.

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