“LOCO CORAZÓN”, OSCAR A JEFF BRIDGES PARA SUBRAYAR QUE HOLLYWOOD COMPENSA CON PELÍCULAS PEQUEÑAS Y CLARAS.

       

  

      

 

 

EL DOMINGO A LAS 22, LA TELEVISIÓN DE CABLE ESTRENA “LOCO CORAZÓN”, PELÍCULA QUE EN EL 2010 OBTUVO DOS OSCAR, UNO A SU INTÉRPRETE PRINCIPAL, JEFF BRIDGES. SE TRATA DE UN FILME SENCILLO Y HONESTO SOBRE LAS VICISITUDES DE UN ARTISTA DE MÚSICA COUNTRY QUE, YA EN LA MADUREZ, NO ATRAVIESA SU MEJOR MOMENTO CREATIVO Y EMOCIONAL. ESTE TIPO DE BIOPIC MUSICAL TIENE UNA LARGA HISTORIA EN EL CINE DE LOS ESTADOS UNIDOS.

 

Escribe
AMILCAR MORETTI

Argentina
La Plata

          

                                  El tema central, casi seguro, es la redención. Alguien, un individuo, un héroe pese a su deterioro –ya se verá-, se recompone desde el subsuelo de la miseria emocional y ya sea a través del martirio, el sacrificio, la perseverancia o la voluntad logra recuperar su lugar de persona íntegra, capaz de vencerse a sí misma (a su parte “mala”, oscura) y volver a la cima desde donde cayó, o bien a pelear de nuevo por ella, con la esperanza y el deseo vital recuperados. Todo en última instancia muy cristiano protestante, muy “self made man” y, claro, muy ilusoriamente utopía de la cultura (capitalista) norteamericana, esa que hace mucho no existe  (si existió alguna vez) y dice que, al menos en Estados Unidos, el que quiere “puede”, puede arribar a la felicidad, categoría máxima que terminó rebajada a “éxito”, es decir, dinero, plata, money. Esa mezcla de capital y religión, que ya sin embozo se ha desbarrancado hacia la primera parte (el capital), es el punto de partida de “Loco corazón”.  

 

 

          Dentro de esta línea de la tradición cultural de la industria cinematográfica estadounidense, el domingo a las 22 estrenan “Loco corazón” en la televisión de cable, con Jeff Bridges como un cantante country venido a menos. Se vio por acá en marzo del año pasado. Un edificador drama musical, o bien una película de redención personal, casi un subgénero en Hollywood, desde hace décadas, como dije. Guarda como paradoja que, en rescate de esa industrial propuesta redentora entre lo religioso (o el volver a “creer en algo”) con final feliz y el logro existencial como “éxito” decidido por lo material, “Loco corazón” fue hecha como una película semiindependiente, en los márgenes de Hollywood, con la ayuda de presencias estelares como la de Bridges y a su lado el irlandés Colin Farell.  

 

 

            Apenas con menciones de memoria visual me brotan abundantes precedentes de la aceptable “Loco corazón”, que se ve con atención y sin inquietar. “Luz y sombras” en 1950 de Michael Curtis (“Casablanca”) mostró a un siempre vigoroso Kirk Douglas en el papel de un trompetista alcohólico. Algo así como una versión del drama real de Bix Beiderbecke, uno de los “fundadores” del jazz (el interesado debe remitirse mejor a una sorprendente película italiana de Pupi Abati, “Bix”, de 1990, repuesta con frecuencia en cable). La protagonizada por Douglas cuenta con escenas urbanas recordables gracias a la fotografía de Ted McCord, que muestra al recio actor en su deambular perdido por la ciudad de altos edificios. Además, como revela el acertado comentario de un anónimo crítico español (ver al final de la nota) Douglas muestra un tipo de actuación tenso y fuerte que, a pesar de los años transcurridos, no ha envejecido sino que mantiene una vigencia casi inimitable para los mejores  intérpretes de hoy en Hollywood.

  

           Cierto que “Luz y sombras” no ocurre en el ámbito de la música country (pretende situarse en el del jazz) pero aún así nos pone en la senda de lo que vuelve a mostrar “Loco corazón” el domingo por Cinecanal. Sin consultar el disco rígido de mi experiencia visual, enumero: “Con una canción en el corazón”, de 1952, con Susan Hayward como Jane Froman, una cantante que superó una parálisis tras un accidente de avión antes de la Segunda Guerra. Con la misma Hayward (muerta en 1975 y de la que no hay recuerdo pese a haber sido una famosa dramática hollywoodense), está “Mañana lloraré” de 1955, en que la intérprete dio vida a la actriz y cantante Lilian Roth, que cayó de la cúspide por el alcoholismo.

 

            Agrego otras películas del estilo, mejores o peores, todas desniveladas pero atendibles en su momento y hoy, algunas en el borde peligroso del melodrama “desmelenado”, según solía calificarse. Pero ahora sí en la música country. Primero que todo “Honky Tonk Man” de y con Clint Eastwood, sobre un entrañable pianista borracho y solitario. Es una obra merecedora de ser rescatada por su honestidad intelectual y el equilibrio de su relato verista y cotidiano. Emotiva y clara, como todas las de Eastwood, esta cinta de 1982 retrata bien el clima anímico de la Gran Depresión de la década del 30. A Eastwood le basta ponerse en el cuerpo de un notable e ignorado cantor country alcohólico que sólo desea terminar sus días con una actuación en Nashville, capital del género “cowboy”.

 

Woody Guthrie: Nacido para la gloria.

           

           Lugar aparte merece por supuesto “Esta tierra es mi tierra” o “Rumbo a la gloria”, sobre el músico country Woody Guthrie, que caminó y sufrió por muchos paisajes de Estados Unidos en busca de un empleo durante la Gran Depresión de la década de 1930. Nunca obtuvo trabajo, como tantos otros millones de obreros, campesinos y empleados, pero compuso temas inolvidables con su guitarra. Viajaba como croto sobre los techos de los trenes, y de algún modo su vida se parece a la de millones de norteamericanos que hoy sufren una nueva crisis considerada peor que la del 30. En Argentina pasó lo mismo que ahora en USA, inventores del “método”, durante la década del 90 terminada con el estallido de diciembre del 2001.

 

       
           “Rumbo a la gloria” contiene uno de los papeles inolvidables de David Carradine, gran actor, y no sólo el Kung Fu televisivo o el que murió colgado en un hotel burdel de Tailandia. Carradine, recuperado antes de morir por Tarantino, fue elegido en su momento nada menos que por Bergman para filmar otra pieza insoslayable (“El huevo de la serpiente”)  sobre lo tenebroso de las grandes crisis económicas, que fascistizan a amplios sectores de la población, como en el caso de Alemania, que terminó en el hitlerismo. En “El restaurante de Alicia”, de Arthur Penn (*), varios “folkys” le rinden homenaje a Wuthrie, luchador libertario y socialista siempre junto a los pobres. Carradine hace su interpretación como sólo había espacio (ideológico) para hacer en los años 60 y 70, cuando muchas ideas emancipadoras contra la injusticia social eran aún protagonistas.

 

   

        
            Hay que mencionar claro otras tres obras. Una de 1983, Oscar para Robert Duvall, “El precio de la felicidad” o “Tender Mercies”, sobre otro artista country afectado de alcoholismo por cuestiones internas que no puede resolver. “Dulces sueños” (1986) dirigida por el inglés Karel Reisz con Jessica Lange como la malograda Patsy Cline es otra para tener en cuenta junto a “La hija del minero” (1980), de Michael Apted y con Sissy Spacek como Loretta Lynn. Otra, más reciente, es “Johnny y June”, del 2005, sobre Johnny Cash, papel a cargo de Joaquin Phoenix.

 

“Loco corazón”, domingo 2 en Cinecanal

 

          “Loco corazón”, Oscar 2010 al actor protagonista, es una película que sobresale de la media por la presencia de buenos intérpretes, Jeff Bridges en primer lugar y también Maggie Gyllenhaal. Asimismo hace bien o suyo Colin Farell, el hombre salido de Irlanda y que ha logrado componer una presencia cinematográfica autónoma. “Loco corazón” es una producción de “tamaño chico” para la elefantiasis de Hollywood. Es una historia de redención: un artista advierte que su cima quedó atrás diluida entre alcohol, experiencias frustradas, agotadoras giras y altibajos amorosos y emocionales. Se da cuenta que ya está o se acerca a la última etapa, que lo soñado no se produjo y que apenas si tiene para disparar algún cartucho húmedo.

 

            El ciclo redentor viene con Maggie Gyllenhaal, a la que debiera ya reconocerse como una bella de notables condiciones dramáticas: aquí es una periodista que entrevista al decadente cantante y lo acompaña en su recuperación existencial. Bridges interpreta a un personaje inspirado en Waylon Jennings (el creador del tema de “Los Duke de Hazzard”), una leyenda de este género musical que tuvo en su vida problemas similares a los que enfrenta en la trama el personaje de Bad Blake.

 

 

          

           La participación de Colin Farell es un detalle llamativo porque logra una colaboración  interpretativa digna como artista country. Se ha señalado mucho que la escena en la que canta junto a Bridges es realmente buena. Hay una lograda banda de sonido (sobre todo para amantes del country), producida por T Bone. Es la música del mismo compositor y productor de otras destacadas piezas como “Walk the Line”, “O Brother” y “Across the Universe”.  Bridges ganó un Oscar y un Golden Globe como mejor actor por “Loco corazón” y el tema de la película, “The weary kind”, también consiguió iguales distinciones.

 

           

           Para un balance del modesto pero decente estreno de “Loco corazón” sirve lo que un “Horacio” anónimo escribió en el 2008 en FilmAffinity.com para “Mañana lloraré”, el viejo filme antes citado: “Lilian Roth fue una actriz mediocre condenada a un infierno por una madre posesiva. Con esta historia real, Susan Hayword apoyada en Jo van Fleet realiza una interpretación hipnótica, algo poco corriente si se tiene en cuenta que desde 1955 hasta la actualidad ha pasado suficiente tiempo como para que semejante estilo de interpretación fenezca, y sin embargo mejora con los años. Ambas actrices mejoran con los años, y la pobre Lilian Roth renace cada vez de las cenizas de estas glorias ya fallecidas. La muerte y la vida o, mejor dicho, la muerte en vida y la existencia como un duro periplo del que cuesta aprender a defenderse de las catastróficas desdichas promovidas por los propios seres humanos.”  Una ajustada descripción para Bridges, Gyllenhaal, Farell y “Loco corazón”.

1) Esta nota es una versión diferente y ampliada de la que publico en la sección Espectáculos del diario El Día, La Plata, Argentina.
2) Para los aficionados a la música country recomiendo una detallada nota sobre esa especialidad vista (escuchada) desde Argentina, que puede consultarse en el siguiente link: http://www.country2.com/infor/art/2004/0806_lux.htm

(*) Aclaro que en una primera versión de esta nota confundí títulos por simple sonoridad equivocada: al mencionar “El restaurante de Alicia” debí decir que su director fue Arthur Penn (“Bonnie and Clyde”), y no Scorsese. Este último dirigió “Alicia ya no vive aquí”, que no tiene nada que ver con la anterior, en la que aparece el hijo de Woothrie, de nombre Arlo.

 

 
Sábado 1 de octubre 2011.

2 comentarios to ““LOCO CORAZÓN”, OSCAR A JEFF BRIDGES PARA SUBRAYAR QUE HOLLYWOOD COMPENSA CON PELÍCULAS PEQUEÑAS Y CLARAS.”

  1. Néstor O. Fernàndez Says:

    Una (tal vez) magistral clase de cine que, además, complace leer por su interesante lectura.

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